En esta noticia

El Buen Fin está diseñado para impulsar las ventas de las empresas mexicanas y acelerar la economía, pero es un arma de doble filo, pues vender más de lo que se tiene en inventario puede generar problemas a largo plazo como aumentos en las reclamaciones, cancelaciones y la reputación de la compañía.

Para esta edición de El Buen Fin, la derrama económica esperada es de MXN $235 mil millones, un alza de 7.3% en relación con el año anterior, de acuerdo con estimaciones de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur).

De ese monto, MXN $49,000 millones corresponden a las ventas digitales, equivalentes al 21% del total.

El Buen Fin se desarrollará del 13 al 17 de noviembre, y la época de ventas provoca el aumento de las operaciones.

Este incremento a prueba la capacidad de los comercios para coordinar sus existencias entre tiendas físicas, marketplaces y sitios propios.

Según datos de Reversso, durante el Buen Fin 2025, las órdenes pendientes de surtir aumentaron de 8.3% a 14.4%, casi el doble, debido a problemas de disponibilidad.

Estas incidencias no siempre derivan en una cancelación inmediata: los pedidos pueden acumular retrasos y terminar en cancelaciones parciales, quejas o devoluciones.

“Las empresas deben evaluar tanto las ventas concretadas como su capacidad para cumplirlas. Una promoción puede elevar los pedidos, pero si el inventario no está sincronizado entre los distintos canales, el comercio corre el riesgo de vender productos que ya no tiene disponibles. El impacto aparece después, cuando llegan los retrasos, los reembolsos y las reclamaciones de los consumidores”, señaló Rodrigo Cerda Somoza, Head of Revenue de Reversso México.

El impacto continúa después de la campaña

La presión operativa también se extiende a las semanas posteriores, advierte el especialista.

“La tasa de solicitudes de cambios y devoluciones aumenta de 4.9% a 6% de las órdenes durante el periodo analizado. Sin embargo, el mayor efecto está en el volumen: las órdenes casi se triplican y la logística inversa se duplica durante cinco semanas”, agrega Cerda.

Además, las solicitudes suelen presentarse entre una y cuatro semanas después de la compra.

“El pico se concentra del 16 al 22 de noviembre y se mantiene hasta mediados de diciembre. En enero, el volumen vuelve a crecer hasta aproximadamente 2.1 veces, impulsado por los cambios de regalos navideños. Este mes registra el mayor número de cambios del año”, explica.

Estas cifras muestran que la operación de una campaña comercial no termina cuando concluyen los descuentos, pues los comercios también deben prever la capacidad necesaria para atender solicitudes, procesar reembolsos y gestionar productos que regresan a sus inventarios, añadió.

El desafío es mayor ante el crecimiento del comercio electrónico en México.

Según el Estudio de Venta Online 2026 de la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), las ventas minoristas digitales alcanzaron MXN $941,000 millones en 2025, es decir, 19.2% más que el año pasado.

La coordinación entre canales es cada vez más importante para evitar que las diferencias entre las existencias registradas y las reales afecten el cumplimiento de los pedidos, dijo el directivo.

Prevención de pérdidas

Para evitar que la temporada de ventas se convierta en una temporada contraproducente, Cerda Somoza recomienda sincronizar el inventario entre tiendas físicas, marketplaces y sitios propios, activar alertas para productos con pocas unidades y establecer reglas de asignación cuando varias compras coinciden.

También es importante monitorear los pedidos pendientes de surtir e identificar las causas de las cancelaciones para detectar fallas antes de que generen costos adicionales.

“Las empresas necesitan observar qué sucede después de confirmar una venta. Medir los pedidos retrasados, las cancelaciones y las solicitudes de cambio o devolución ayuda a identificar dónde se originan los problemas y a dimensionar su impacto económico”, dijo.