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La incertidumbre en la relación económica entre México y Estados Unidos está cambiando las necesidades financieras de las empresas mexicanas. Mientras la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) anticipa mayores exigencias de integración y trazabilidad para los proveedores de Norteamérica, la volatilidad cambiaria complica la planeación de costos, ingresos y flujos de efectivo de los negocios que operan en ambos mercados.
En ese escenario, las fintech comienzan a posicionar sus soluciones como herramientas para que las compañías puedan adaptarse a una coyuntura que exige mayor competitividad y una administración más precisa de sus recursos. El financiamiento de proveedores y la gestión de divisas son dos de los frentes en los que estas empresas tecnológicas buscan ganar terreno.
Para Monkey, fintech brasileña especializada en financiamiento de cadenas de suministro (Supply Chain Finance), el desafío está en facilitar que las pequeñas y medianas empresas (pymes) puedan integrarse a las cadenas productivas de Norteamérica sin que sus limitaciones de capital de trabajo o infraestructura tecnológica se conviertan en un obstáculo.
“Cuando pensamos en cómo se van a tornar cadenas más integradas con Norteamérica, la digitalización sí está en foco porque lo estamos pensando en términos de tener estándares de competitividad más altos”, explicó Virginia Torti, country manager para Spanish LATAM y México en Monkey.
La directiva considera que la revisión del T-MEC está llevando la conversación más allá de una evaluación administrativa del tratado, hacia una discusión estratégica sobre la competitividad regional. En ese proceso, las empresas tendrán que demostrar con mayor precisión el origen de sus componentes, materias primas y procesos productivos, además de contar con información que permita rastrear la trayectoria de sus proveedores.
“Cuando pensamos en las reglas de origen y cómo una empresa lo tiene que probar, empezamos a pensar: ¿qué necesitamos entender? Componentes, materias primas, qué es contenido regional, la trazabilidad, cuál es toda la jornada del proveedor”, señaló Torti en entrevista con El Cronista.
El reto es que las capacidades para cumplir con estas exigencias no están distribuidas de manera homogénea. Mientras las grandes compañías suelen contar con sistemas empresariales y procesos digitalizados, las pymes todavía enfrentan operaciones manuales, falta de estandarización y dificultades para conectar sus sistemas con los de sus clientes y entidades financieras.
En ese contexto, Monkey apuesta por el financiamiento de la cadena de suministro como una vía para mejorar el acceso al capital de trabajo. El mecanismo permite que los proveedores puedan anticipar el cobro de sus facturas mediante programas financieros habilitados por sus compradores, en lugar de esperar los plazos habituales de pago, que pueden extenderse entre 90 y 120 días.
“El principal impacto es de acceso a capital de trabajo cuando puede acceder a un programa de su propio cliente y tener tasas competitivas en un mercado multibanco”, explicó la directiva.
La solución también busca reducir la carga administrativa de las grandes compañías, que pueden sustituir procesos bilaterales, archivos de Excel y conciliaciones manuales por una plataforma integrada con sus sistemas empresariales. De esta manera, las operaciones quedan registradas y disponibles para auditorías, mientras los proveedores pueden recibir sus recursos el mismo día.
Para Torti, la digitalización de los pagos es apenas una parte de una transformación más amplia que incluye la validación documental, la interoperabilidad de los sistemas y la trazabilidad de los proveedores. El objetivo es que las empresas de menor tamaño puedan incorporarse a cadenas de suministro regionales con mayores estándares de operación.
El tipo de cambio también presiona el flujo de efectivo
En paralelo, las empresas que mantienen operaciones internacionales enfrentan otro desafío: la volatilidad del peso frente al dólar. Después de un periodo de apreciación de la moneda mexicana, el panorama comienza a estar marcado por movimientos cambiarios que dificultan anticipar cuánto recibirán o tendrán que pagar las compañías por sus operaciones en el exterior.
Dimitri Zaninovich, cofundador y CEO de EFEX, fintech especializada en facilitar operaciones internacionales para empresas, considera que el principal cambio para los empresarios es la transición hacia un entorno de mayor incertidumbre cambiaria.
De acuerdo con los indicadores que sigue la compañía, el 80% de los movimientos del dólar se explican por noticias o decisiones relacionadas con la economía estadounidense, más que por factores de la economía mexicana. A esto se suman las preocupaciones sobre los niveles de deuda de Estados Unidos, el comportamiento de su mercado de bonos y las expectativas sobre las tasas de interés de la Reserva Federal (Fed).
Aunque las expectativas de los principales bancos apuntan a que el tipo de cambio podría cerrar el año cerca de los MXN$ 18 pesos por dólar, Zaninovich advierte que el recorrido no será lineal.
“Creo que la pregunta más relevante no es en cuánto va a cerrar, sino la volatilidad. Va a estar subiendo y bajando en un rango de 5% hacia arriba y hacia abajo”, explicó a El Cronista.
El impacto se concentra en las compañías que importan insumos o exportan mercancías y servicios, cuyos costos y rentabilidad dependen de los movimientos de las divisas. En México, alrededor del 10% de las cuatro millones de pymes y empresas tiene alguna operación de comercio exterior, según las estimaciones compartidas por el directivo.
Para estos negocios, el problema no necesariamente es que el peso se aprecie o se deprecie, sino no saber cuánto dinero tendrán disponible cuando deban cumplir con sus obligaciones.
“El problema, más que el tipo de cambio, es la incertidumbre. Puede que en algunos momentos te favorezca, en otros no, pero tú no puedes calcular ni prever tu flujo de caja”, señaló Zaninovich.
Ante este escenario, EFEX ofrece herramientas para fijar el tipo de cambio de operaciones futuras, además de cuentas en moneda extranjera que permiten a las empresas mantener sus recursos fuera de México y decidir cuándo convertirlos a pesos.
La estrategia también contempla una cobertura natural. En lugar de convertir inmediatamente los dólares o euros que reciben por sus exportaciones, las compañías pueden conservarlos y utilizarlos para cubrir pagos futuros en esas mismas monedas, o esperar un momento más favorable para traerlos al país.
La firma cuenta con cerca de 5,000 clientes en México, de los cuales el 80% concentra sus operaciones en el corredor comercial entre México y Estados Unidos, mientras que el resto mantiene transacciones con otros mercados, principalmente Asia y Europa.
Sin embargo, el uso de estas herramientas todavía enfrenta una barrera de conocimiento. Zaninovich considera que muchas empresas han asociado históricamente las coberturas cambiarias con instrumentos para obtener ganancias, cuando su función principal debería ser reducir la incertidumbre de sus operaciones.
Por ello, EFEX combina sus soluciones financieras con asesoría especializada para entender los ciclos de cobro, pago y necesidades de cada negocio. Según el directivo, la utilización de estas herramientas se duplicó durante septiembre, en un contexto en el que más clientes comenzaron a buscar alternativas para administrar su exposición cambiaria.
La empresa estima que un cliente promedio puede generar ahorros de alrededor de u$s 4,000 dólares mensuales mediante la optimización de sus operaciones de cobranza, pagos y tesorería en otras monedas. Zaninovich precisó que el 90% de sus clientes puede obtener beneficios mediante una mejor administración de esos flujos, sin necesitar mecanismos de cobertura más sofisticados.
Así, mientras la integración comercial de Norteamérica demanda proveedores más digitalizados y con mayor capacidad de financiamiento, la volatilidad cambiaria obliga a las empresas con operaciones internacionales a revisar cómo administran sus ingresos y obligaciones.
Para las fintech, ambos desafíos representan una oportunidad de ampliar su participación en las finanzas empresariales, particularmente entre las pymes que necesitan herramientas para competir en mercados internacionales sin asumir mayores riesgos operativos o financieros.