

El pulso de la inversión: miles de millones en juego
Para Sergio Argüelles, presidente y CEO de FINSA, las cifras de la Asociación Mexicana de Parques Industriales Privados (AMPIP) no son solo números, sino la confirmación de una resistencia económica: este año, la inversión en complejos industriales alcanzará los 5,831 millones de dólares, un salto del 36% frente a 2025 que desafía directamente las amenazas de Estados Unidos de repatriar su producción.
Sin embargo, Argüelles advierte que este flujo de capital no es producto del azar, sino de una visión que ha convertido a los parques en el engrane maestro del nuevo mapa productivo de México.
Bajo esta premisa, quien ha liderado a una de las compañías protagonistas del sector durante casi medio siglo, pone énfasis en que la oportunidad actual de México no debe tomarse a la ligera. Según cuenta Argüelles a El Cronista, el fenómeno de relocalización que vive el país requiere de cimientos mucho más profundos que el simple entusiasmo comercial para consolidarse a largo plazo.
“El nearshoring no es una moda, es una transformación estructural. México tiene la oportunidad de convertirse en el socio confiable de Norteamérica, pero debemos garantizar tres pilares: infraestructura, energía y talento”, dice Argüelles.
De los campos de sorgo a GM: Una historia de visión
México cuenta hoy con más de 450 parques industriales activos que albergan a 4,000 empresas y generan 3.7 millones de empleos. Pero para Argüelles, este ecosistema nació de una mezcla de intuición y oportunidad en la década de los 70, cuando la apuesta consistía en ofrecer instalaciones en una región que apenas empezaba a atraer inversión bajo el modelo de maquila.
Argüelles recuerda que el inicio de FINSA fue un giro radical al destino de las tierras familiares en Matamoros, que entonces eran exclusivamente agrícolas:
“Mi padre sembraba sorgo y maíz. Pero uno de esos terrenos tenía agua, gas, ferrocarril y estaba pegado a la ciudad. Se combinaron las condiciones perfectas para pensar en un parque industrial”, relata Argüelles sobre el nacimiento del proyecto.
Esa visión permitió que tres divisiones de General Motors se instalaran como pioneras de la maquila en la frontera, marcando el rumbo definitivo de la empresa: construir infraestructura industrial de clase mundial pensada para grandes corporaciones globales.
El nearshoring no es una moda, es una transformación estructural. México tiene la oportunidad de convertirse en el socio confiable de Norteamérica, pero debemos garantizar tres pilares: infraestructura, energía y talento.
El nuevo mapa: 14 millones de metros cuadrados en expansión
La evolución de FINSA corre paralela a la conectividad de México. Hoy, la firma cuenta con 28 parques y presencia en cerca de 70 ubicaciones. Aunque el norte concentra más del 54% del área construida en polos como Monterrey, Juárez y Reynosa, la estrategia de Argüelles ha sido diversificar la huella industrial hacia el Bajío y la zona metropolitana de la CDMX.
“Si ves el mapa de México, prácticamente tenemos presencia en todo el país. Nuestra idea siempre ha sido poder ofrecer opciones de desarrollo industrial en casi cualquier región”, explica el directivo.
A lo largo de cinco décadas, han construido más de 14 millones de metros cuadrados de naves. De este inventario, cerca de cuatro millones permanecen bajo su administración directa para renta, mientras que el resto ha servido para alimentar distintos vehículos de inversión.
Infraestructura y energía: El reto silencioso que frena el crecimiento
A pesar del optimismo por el nearshoring, Argüelles es tajante sobre los factores menos visibles que podrían asfixiar la inversión. El crecimiento de la demanda ha puesto bajo presión extrema la capacidad de generación eléctrica y el acceso al agua, factores que el CEO considera críticos para no perder el impulso actual.
“Necesitamos suficiente energía eléctrica, buena conectividad y recursos como el agua para poder atender el potencial de inversión que existe. Sin reservas suficientes de energía o agua, el potencial de crecimiento puede verse limitado, incluso cuando existe interés de inversión”, advierte Argüelles.
Ante esta realidad, la industria ha intensificado mesas de trabajo con la CFE, Sener y Conagua para asegurar que la infraestructura energética no se convierta en un obstáculo insalvable para las empresas que buscan instalarse en el país.
Incertidumbre y resiliencia: Pausa, no cancelación
El camino reciente ha estado marcado por la incertidumbre política y amenazas arancelarias. No obstante, Argüelles destaca la estabilidad del mercado inmobiliario industrial: mientras la inversión nueva se ralentizó, la ocupación de los edificios existentes se mantuvo sólida en niveles cercanos al 95%.
“El año pasado fue muy difícil por la incertidumbre. Muchos proyectos no se cancelaron, simplemente se pusieron en pausa”, admite el CEO.
Para el directivo, la lógica de las empresas ya instaladas es de permanencia, confiando en que el tratado comercial de Norteamérica continúe vigente tras las revisiones necesarias.
Construyendo el futuro de la geografía industrial
Para Sergio Argüelles, la clave del éxito en los próximos años será la capacidad de planear con anticipación. Los proyectos industriales suelen tardar años en concretarse, lo que exige una visión que trascienda los ciclos políticos y económicos inmediatos.
“Nosotros tenemos que planear con muchos años de anticipación. Las reservas de tierra y de infraestructura no se guardan por gusto, sino para que las empresas puedan crecer cuando lo necesiten”, explica el presidente de FINSA.
Al final, la misión de la empresa va más allá del ladrillo y el cemento. Bajo la dirección de Argüelles, FINSA busca redefinir la relación económica de México con el mundo integrando innovación y sostenibilidad. Como él mismo sentencia: “Estamos construyendo más que edificios; estamos construyendo futuro”, con la claridad de que el desarrollo industrial debe ser, ante todo, un motor de progreso social.


















