La promotora de espectáculos OCESA planea comenzar a medir la huella de carbono del Vive Latino a partir de su edición de 2026, como parte de una estrategia para reforzar las medidas de sostenibilidad en sus festivales musicales.
La iniciativa forma parte de los compromisos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) que la compañía reporta como empresa pública, particularmente tras su integración al grupo Live Nation Entertainment.
“Estamos empezando (a medir) justo con los festivales; ya tienen también esa información. Están trabajando ahorita. Porque lo estamos generando, entonces recopilan todo”, dijo Armando Calvillo, director de Marketing en OCESA.
En entrevista con El Cronista, detalló que el cálculo implicará recopilar información de distintas fuentes —incluyendo producción, artistas, logística, personal y movilidad de los asistentes— para estimar las emisiones totales del evento.
Con esos datos, la empresa busca establecer metas de reducción y compensación a largo plazo, un proceso que reconoce como complejo para la industria del entretenimiento en vivo.
El Vive Latino, uno de los festivales más longevos de la actual generación de eventos musicales en México, ha servido como plataforma para implementar varias de estas iniciativas, que comenzaron hace más de una década con programas de compensación ambiental y colaboraciones con organizaciones civiles.
Para Armando Calvillo, la compra de bonos de carbono —que buscan compensar emisiones de gases de efecto invernadero— no es suficiente para OCESA, ya que el objetivo es implementar procesos que disminuyan desde el primer momento su impacto ecológico.
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Manejo de residuos
El manejo de residuos es uno de los principales focos operativos. De acuerdo con datos de Calvillo, un festival del tamaño del Vive Latino —que se realiza durante dos días— puede generar alrededor de seis toneladas de basura, entre desechos orgánicos e inorgánicos.
Para gestionarlos, el evento cuenta con contenedores de separación distribuidos en el recinto y brigadas de limpieza que recolectan y clasifican residuos durante y después de los conciertos.
Los materiales pasan posteriormente por procesos adicionales de separación para identificar aquellos que pueden reciclarse o reutilizarse, como PET, cartón o materiales compostables.
La empresa también ha reducido gradualmente el uso de insumos altamente contaminantes. Los proveedores de alimentos que operan dentro del festival deben utilizar materiales biodegradables o compostables, una transición que implicó ajustes en costos y cadenas de suministro.
Compostaje y aprovechamiento de alimentos
Entre las iniciativas emprendidas por la empresa recientemente se encuentra la colaboración con proyectos de compostaje donde se recolectan residuos orgánicos, principalmente en zonas de comida.
Estos programas instalan puntos de recolección y promueven entre los asistentes la separación adecuada de residuos. En festivales de tres días, estas iniciativas pueden recuperar alrededor de una tonelada de residuos orgánicos.
El material que se recolecta se procesa para generar composta que posteriormente puede utilizarse en áreas verdes del recinto donde se realizan los eventos.
Las medidas también incluyen la donación de alimentos. Los excedentes del catering destinado a artistas y personal se canalizan a organizaciones civiles para su distribución entre comunidades vulnerables.
Incluso mantienen algunas “reglas” para los proveedores que lanzan activaciones o publicidad. “Ya les pedimos que traten de no traer lonas, que produzcan lo menos que se pueda y, si las producen, (…) son llevadas a donar a las alcaldías o a personas de escasos recursos”, explicó.
Transporte y movilidad
La movilidad de los asistentes también influye en la huella ambiental de los eventos.
La empresa promueve el uso del transporte público y el coche compartido. Durante el festival se habilitan rutas especiales de autobuses del sistema RTP que trasladan a los asistentes a distintos puntos de la ciudad al término de los conciertos.
La compañía ha buscado extender el horario del Metro durante el evento, aunque la medida no se ha implementado de forma permanente debido a los costos operativos asociados.
Con más de 17 festivales organizados en distintas ciudades de México, la promotora considera que la adopción de estas medidas puede ampliar el impacto de sus iniciativas dentro de la industria del entretenimiento.
Impacto social
Para OCESA, el tema social también es de relevancia. Este año el Vive Latino contó nuevamente con Puntos Violeta, en alianza con Casa Gaviota. Se trata de espacios de atención especializados que ayudan a prevenir y atender situaciones de violencia o riesgo dentro del evento, brindando acompañamiento y apoyo a quienes lo requieran y reforzando el compromiso del festival con la construcción de entornos seguros.
Pero también dio espacio a otras carpas como Narcóticos Anónimos y mantuvo una estrategia de accesibilidad para personas con discapacidad, que incluye plataformas de visibilidad preferente, rutas accesibles y servicios diseñados para facilitar la participación de todos los asistentes en la experiencia del evento.
Este no es el primer evento donde OCESA implementa estrategias ESG. De acuerdo con el reporte anual de 2024, la edición de ese año en la Fórmula 1 estableció una estrategia de sostenibilidad basada en tres pilares: Net Zero, Bienestar y Circularidad.
A través de estas estrategias, la empresa de espectáculos reportó mejoras en la gestión del agua, menor consumo de combustible y reciclaje.