

Una falla en un sistema de pagos puede ser suficiente para frenar una operación completa. Por eso, mientras los pagos digitales ganan terreno en Latinoamérica, las empresas comienzan a multiplicar las rutas por las que pueden mover su dinero y reducir su dependencia de una sola infraestructura.
En 2025, los pagos cuenta a cuenta (A2A) representaron 23% del valor del comercio electrónico en Latinoamérica y 14% del valor transaccionado en puntos de venta, de acuerdo con el Global Payments Report 2026 de Worldpay.
El crecimiento de estos esquemas ocurre en mercados con infraestructuras distintas. Brasil cuenta con Pix, Argentina con Transferencias 3.0 y otros países combinan transferencias bancarias, billeteras digitales y métodos tradicionales.
Para las compañías que operan en diferentes mercados, tener acceso a varios rieles deja de ser únicamente una estrategia para ofrecer más opciones de pago. También puede funcionar como un mecanismo de respaldo cuando una infraestructura presenta una interrupción o una restricción operativa.
“Esta diversidad convierte la capacidad multi-riel en algo más que una forma de acceder a distintos métodos de pago, ya puede funcionar como una capa de redundancia”, explicó Herbert Schulz, CEO y fundador de Radar.
El directivo señaló que esta capacidad resulta especialmente relevante para procesadores de pagos, remesadoras y marketplaces, cuyos flujos pueden verse afectados si un canal deja de operar temporalmente.
Más operaciones internacionales, mayor presión sobre la infraestructura
La necesidad de contar con rutas alternativas también está relacionada con el crecimiento de las operaciones transfronterizas de las empresas latinoamericanas.
Según Beyond Borders 2026, elaborado por EBANX, 75% de las pequeñas y medianas empresas de la región utiliza canales digitales para pagar a sus proveedores, mientras que 72% realiza compras internacionales.
Cuando una empresa opera entre distintos países, el pago debe adaptarse a la moneda, infraestructura y condiciones de cada mercado. Esto puede involucrar conversión de divisas, disponibilidad de liquidez y dispersión mediante sistemas locales.
Payments and Commerce Market Intelligence (PCMI) anticipa precisamente una mayor demanda de servicios de FX, liquidez y opciones de pagos locales conforme aumenten los flujos transfronterizos en la región.
Esta situación hace que la capacidad de enrutar una operación por diferentes infraestructuras cobre relevancia, particularmente para compañías que manejan grandes volúmenes de pagos y necesitan mantener sus operaciones activas.
Los rieles locales ganan peso
La diversidad no solo existe entre países, sino también dentro de cada mercado. En Colombia, Nequi, Efecty y PSE concentran 53% de las ventas B2B de los comercios analizados por EBANX.
En México, OXXO, Mercado Pago y SPEI representan aproximadamente la mitad de los ingresos B2B de esos comercios, mientras que en Chile solo 10% de las transferencias interbancarias realizadas en tiempo real corresponde a pagos de comercio, de acuerdo con datos del Banco Central de Chile.
Para Radar, esta variedad obliga a las empresas a coordinar sistemas con reglas y formatos diferentes, además de mantener visibilidad sobre el estado de cada transacción para poder reaccionar ante una eventual interrupción.
Schulz puso como ejemplo la inestabilidad registrada recientemente en Pix en Brasil, que interrumpió transferencias bancarias durante aproximadamente una hora.
“Ningún riel está exento de fallas”, afirmó el directivo.
En este escenario, la infraestructura de pagos comienza a evaluarse no solo por su velocidad o alcance, sino también por la capacidad de ofrecer alternativas cuando un canal deja de estar disponible. Para las empresas con operaciones regionales, contar con más de una ruta puede marcar la diferencia entre una interrupción temporal y la continuidad de sus pagos.















