

Durante años, los habitantes de una pequeña isla de Okinawa, Japón, vieron cómo un perro desaparecía durante horas y regresaba a casa completamente mojado y agotado.
Nadie sabía dónde iba hasta que descubrieron el motivo: atravesaba el mar para reencontrarse con Marilyn, una perra que vivía en otra isla.
La historia de Shiro y Marilyn terminó recorriendo todo Japón, inspiró una película y todavía permanece en la memoria de las islas Kerama.

Shiro nadaba kilómetros para reencontrarse con Marilyn
Shiro vivía con la familia Nakamura en Aka, una isla del archipiélago de Kerama. Antes había vivido en la cercana Zamami, donde conoció a Marilyn. Cuando sus tutores se mudaron, los dos animales quedaron separados por el mar.
Pero Shiro encontró una manera de volver a verla. Cada cierto tiempo desaparecía durante buena parte de la mañana y regresaba exhausto. Sus dueños decidieron seguirlo y descubrieron que caminaba hasta la costa, se lanzaba al agua y comenzaba a nadar hacia Zamami.
El recorrido era de aproximadamente tres kilómetros por mar abierto y, según las versiones recogidas por las autoridades turísticas japonesas, podía durar unas tres horas. Incluso se cuenta que utilizaba una roca ubicada en medio del trayecto para descansar antes de continuar.
Shiro repitió aquella travesía en numerosas ocasiones. Con el tiempo, los habitantes de ambas islas conocieron la historia y el perro se convirtió en un personaje popular.
La historia llegó al cine y todavía tiene dos estatuas
La relación entre ambos perros se mantuvo durante un largo periodo y Shiro y Marilyn llegaron a tener tres camadas de cachorros.
La historia alcanzó tal popularidad que en 1988 inspiró la película Quiero ver a Marilyn. Shiro interpretó su propio papel, mientras que otra perra reemplazó a Marilyn, que había fallecido un año antes de comenzar la producción.
El recuerdo de ambos también quedó representado en dos estatuas. En el puerto de Aka, una figura de Shiro mira hacia Zamami, mientras que en la isla opuesta otra escultura representa a Marilyn mirando hacia Aka.

Separadas por el mar que Shiro atravesaba para encontrarse con ella, las dos estatuas mantienen vivo el recuerdo de una historia que se convirtió en una de las más conocidas de las islas Kerama.















