Tláloc amenazó con diluir la alegría del primer triunfo de México, pero después de una hora de aguacero infernal, la lluvia amainó y el festejo se hizo presente en Reforma.
Después del silbatazo final, la lluvia se apoderó del centro de la Ciudad de México y puso un compás de espera para que los mexicanos festejaran al Tri como marca la tradición.
Apenas 8 minutos bastaron para que la Selección Mexicana se pusiera al frente en el partido inaugural del Mundial. Un remate de Quiñones horadó la puerta sudafricana, hasta el segundo tiempo, Raúl Jiménez se estrenó como goleador en los mundiales.
El árbitro pitó el final del juego, pero parece que le avisó a Tláloc qué abriera la llave.
A unos minutos del final del partido, la afición mexicana comenzaba a darse cita en el Ángel de la Independencia, en Reforma, para festejar como dicta la tradición.
Más tardaron los aficionados en llegar que en buscar resguardo, sin importar si se trataba de la fachada del Hotel María Isabel Sheraton o la del Oxxo, cercanos al Paseo de la Reforma, la avenida más emblemática de la capital mexicana.
Los gritos de aliento a la Selección no se detuvieron, el partido, aunque fue mediocre, entregó el resultado esperado. La Selección se impuso y los mexicanos necesitaban un pretexto para festejar.
Los gritos de ¡México, México! se hacían presentes en unos grupos de personas que se resguardaban o corrían hacia las orillas de la avenida Reforma.
“Ay, ay, ay, ay, canta y no llores”, el Cielito Lindo se escuchaba mientras los impermeables y los paraguas se abrían.
El balón corrió, la Selección ganó, la afición festejó, y la lluvia le puso pausa a una celebración que se antojaba para amanecer en el corazón de la capital del país.
Después de la tormenta
Dicen que después de la tormenta llega la calma, pero esta vez, después de un aguacero que dejó hecho una sopa al aficionado mexicano, llegó la fiesta.
Espuma volaba por todas partes, las cornetas ensordecen, los gritos de la afición y los claxons de las motos hacían el ambiente.
Puestos de aguas frescas, horchata o coco, elotes, niños con cornetas, adultos brincando, máscaras de Rey Misterio y de Místico (o como quiera que se llame hoy) inundaron las calles después de que la lluvia no pudo apagar la fiesta que llevamos dentro.
Después de 40 años, el Estadio Azteca, hoy llamado Ciudad de México, volvió a recibir un partido inaugural.
Una generación completa vive, por primera vez, la ilusión de tener un partido del Mundial a unos kilómetros.
Los sombreros de charro no pueden faltar, la gente camina hacia el Ángel de la Independencia, y no se ve fin a la mareada que combina verde con el color de los impermeables.
La fiesta del Mundial apenas comienza y con dos goles, la Selección le dio felicidad a una capital de casi 10 millones de habitantes y una zona metro de otros 10 millones.