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Durante décadas, China mantuvo uno de los principios más sólidos de su doctrina de política exterior: la inhibición de establecer bases militares en territorios extranjeros. No obstante, este principio ha sido formal y definitivamente vulnerado.

El gobierno de Xi Jinping ha ratificado la creación de su primera base militar permanente fuera del continente asiático en Yibuti. Esta nación, de solo 23.000 km², se encuentra en el Cuerno de África, que, sorprendentemente, se ha transformado en el tablero de ajedrez más disputado globalmente, a pesar de su tamaño diminuto.

Con una inversión confirmada que asciende a más de 500 millones de dólares, esta base redefine el equilibrio de poder en África Oriental. También establece las reglas en una región donde transita aproximadamente el 12% del comercio marítimo mundial y que actualmente alberga, en una tensión contenida, las fuerzas militares de Estados Unidos, Francia, Japón y, ahora, China.

La decisión es el resultado de una estrategia de expansión global que China ha ejecutado con meticulosa precisión a lo largo de más de una década, bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta, conocida como la Nueva Ruta de la Seda.

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China enviará 600 autobuses de última generación y este pequeño país latino pasará a tener uno de los sistemas de transporte público más modernos de toda la región (foto: archivo).
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El Cuerno de África: el enclave estratégico que inclina la balanza del poder mundial

Para examinar el impacto estratégico de Yibuti, resulta imperativo contemplar el mapa desde la perspectiva de un almirante.

Este país se halla limitado al norte por Eritrea, al oeste por Etiopía, al sureste por Somalia y al este se abre directamente hacia el golfo de Adén, en frente del estrecho de Bab el-Mandeb.

Más de 20.000 buques atraviesan este paso anualmente. A través de él, fluye el petróleo del Golfo Pérsico hacia los mercados europeos, los contenedores manufacturados en China con destino a los puertos del Mediterráneo, así como las materias primas africanas que sostienen las cadenas de producción global.

Contar con el control sobre Bab el-Mandeb es comparable a poseer la llave del suministro de la economía mundial: quien ejerza dominio sobre este punto estratégico puede interrumpir el suministro energético de Europa en cuestión de días.

El estrecho, cuyo nombre en árabe se traduce como “Puerta de las Lágrimas”, conecta el Mar Rojo con el océano Índico y se erige como la clave maestra del comercio entre Europa, Asia y Oriente Medio.

Oficial y confirmado: China instala su primera base militar fuera de Asia y dónde muchos creen empezará la Tercera Guerra Mundial (foto: archivo).
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500 millones de dólares y la doctrina que China acaba de enterrar para siempre

La instalación de su primera base militar en Yibuti pone de manifiesto que dicha doctrina ya no se aplica de manera estricta: aunque China formalmente no la abandona, la ajusta a su nueva realidad como potencia global con intereses estratégicos que trascienden sus fronteras.

Los expertos en defensa advierten que esta base representa únicamente el primer eslabón visible de una cadena más amplia. China mantiene acuerdos portuarios estratégicos en diversos lugares, incluyendo Pakistán (Gwadar), Sri Lanka (Hambantota), Bangladesh, Myanmar y varios puertos en África, que, en escenarios de conflicto, podrían ser convertidos en instalaciones militares en un breve lapso de tiempo.

Esta no es una simple base de apoyo: se trata de una plataforma de proyección de fuerza que habilita a la Marina del Ejército Popular de Liberación para operar de forma autónoma y sostenible en el océano Índico, el Mar Rojo y el golfo de Adén, sin la necesidad de depender de puertos aliados o convenios de escalas.

Con más de 500 millones de dólares comprometidos, la instalación en Yibuti dispone de un muelle propio capaz de recibir portaaviones y submarinos, almacenes logísticos, helipuertos y sofisticados sistemas de comunicación de largo alcance.

La inversión china en Yibuti es una indicación manifiesta de que Beijing está evolucionando su antiguo principio de no intervención militar en el exterior. Este precepto ha sido un componente fundamental de su política exterior desde la creación de la República Popular China en 1949, proporcionando legitimidad ante las naciones en desarrollo y diferenciándose del intervencionismo de Occidente.

Cuatro ejércitos en un territorio diminuto: la chispa que podría desatar una Tercera Guerra Mundial

Es esencial señalar que, en el contexto de Yibuti, este país representa el único lugar del planeta donde Estados Unidos y China mantienen bases militares a menos de 15 kilómetros de distancia. Además, debe considerarse la presencia de las instalaciones permanentes de Francia, antigua potencia colonial en la región, así como la de Japón, que ha establecido allí su único emplazamiento militar en el exterior desde la Segunda Guerra Mundial.

Cuatro de las principales fuerzas armadas del mundo, con visiones estratégicas incompatibles, compartiendo espacio aéreo y aguas territoriales en un país más pequeño que Bélgica.

En el escenario de Yibuti, el temor no reside en una guerra declarada entre las potencias, un desenlace que todos los actores desean evitar, sino en un incidente no planificado que escale fuera de control: un enfrentamiento entre un barco chino y uno estadounidense en aguas disputadas, un malentendido durante una intercepción aérea o un ataque erróneo a infraestructura en tierra.

Este tipo de accidente no debe ser considerado un evento remoto. Según diversos centros de análisis geopolítico, se estima que constituye el escenario de riesgo con mayor probabilidad de desencadenarse en el corto plazo.