Tras la polémica que causó un artículo del diario británico The Telegraph que hablaba de la posibilidad, fue el propio Donald Trump quien sugirió este lunes que podría retirar el apoyo estadounidense a la soberanía británica sobre las islas Malvinas, reclamadas históricamente por la Argentina.
“Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas”, respondió el presidente estadounidense a la prensa en el Despacho Oval al ser preguntado sobre este asunto, en declaraciones que consigna la agencia EFE.
Las declaraciones de Trump, que por primera vez se expresa sobre la histórica disputa, reabren un debate que ya había generado tensión meses atrás. El trasfondo no es, en rigor, el apoyo al gobierno de Javier Milei en su reclamo por la soberanía de las islas, sino la exigencia a la novel administración de Andy Burnham de que incremente hasta el 5% del PBI británico destinado a Defensa.
La maniobra no es nueva. A principios de abril, la agencia Reuters ya había filtrado un memorando interno del Pentágono que planteaba usar una eventual revisión de la postura estadounidense sobre Malvinas como herramienta de presión diplomática frente a sus socios de la OTAN.
En aquel momento, el secretario de Estado Marco Rubio intentó bajarle el tono al escándalo. “Fue tan solo un correo electrónico. La gente se está exaltando demasiado”, dijo, restándole peso institucional a la filtración y presentándola como una simple idea interna sin mayor trascendencia.
Sin embargo, aquella primera versión tenía un origen distinto. Según Reuters, la represalia no apuntaba entonces al gasto en Defensa, sino a la falta de respaldo británico a Estados Unidos durante la guerra con Irán. Ahora el reclamo cambió de eje, pero la lógica de presión se repite.
Washington endurece el mensaje
The Telegraph confirmó este viernes que el debate sobre usar Malvinas como palanca sigue vigente dentro del Pentágono. Un alto funcionario estadounidense aseguró que el Reino Unido recibirá “especial atención” en la revisión que Washington realizará sobre el cumplimiento de los compromisos de sus aliados.
El funcionario fue directo sobre las intenciones del gobierno de Trump. “Puedo decir que las conversaciones son sinceras y no se descarta nada en cuanto a opciones”, advirtió, dejando abierta la puerta a que la postura sobre la soberanía de las islas efectivamente pueda modificarse.
El plan de inversión en defensa impulsado por el ex primer ministro Keir Starmer no conformó a Washington. Fue calificado apenas como “un paso en la dirección correcta”, pero insuficiente frente a la magnitud de los desafíos globales que, según Estados Unidos, enfrenta la alianza atlántica en su conjunto.
La tensión se profundiza porque el primer presupuesto de Burnham tampoco cumple con las expectativas estadounidenses. Su plan no se compromete a destinar el 3% del PBI a defensa hasta 2030, una cifra que queda muy por debajo del 5% que reclama insistentemente el gobierno de Donald Trump.
La estrategia detrás del reclamo
Detrás de la presión hay un proyecto más ambicioso: la llamada OTAN 3.0. El gobierno de Trump busca que Europa y Canadá asuman la responsabilidad principal de su propia defensa convencional, reduciendo así la contribución económica y militar que aporta Estados Unidos a la alianza.
“Necesitamos aliados como el Reino Unido para dar un paso adelante de manera importante”, enfatizó el funcionario consultado por The Telegraph, remarcando que otros países del bloque ya habrían comenzado a incrementar sus aportes económicos.
Formalmente, Estados Unidos mantiene una postura de neutralidad respecto a la soberanía de las Malvinas, aunque reconoce la administración británica sobre el archipiélago.La Argentina reclama todos los años ante la ONU un diálogo directo sobre la soberanía, sin haber logrado resultados concretos hasta el momento.