

Francia amaneció el domingo tras una de las jornadas más violentas de los últimos años: un manifestante muerto, cientos de policías heridos y cerca de 1800 detenidos, después de marchas contra el costo de vida. Pero esas imágenes no quedaron del otro lado de los Alpes.
La ola cruzó a Italia, donde Milán vivió dos días seguidos de disturbios. Jóvenes encapuchados atacaron comercios, lanzaron petardos y se enfrentaron a la Policía en el corazón de la ciudad. Detrás hay un reclamo parecido al francés: salarios bajos, precariedad y una vida cada vez más cara.
Dos tardes de furia en el centro de Milán
La tensión escaló el domingo por la tarde, durante una movilización estudiantil por los bajos salarios y la precariedad laboral. La Policía intentó desalojar a manifestantes encapuchados de la Galería Vittorio Emanuele II, junto al Duomo, y la violencia se trasladó a la plaza de la catedral.
En la plaza, la Policía respondió con gases lacrimógenos tras ser atacada con piedras y otros objetos. Los comercios bajaron las persianas, los turistas huyeron del centro y se cerró la estación de metro del Duomo. Los choques dejaron varios heridos y más de 60 detenidos, según medios italianos.
Uno de los focos más graves estuvo en la vía Torino, donde alrededor de mil jóvenes volcaron cestos de basura, destrozaron el mobiliario de los bares y dañaron motos y bicicletas. En un supermercado agredieron a un guardia de seguridad que intentó detenerlos, según Corriere della Sera.
Bolonia, Turín y una huelga general en el horizonte
La violencia no se limitó a Milán. En Bolonia, frente a la estación de trenes, grupos de jóvenes encapuchados lanzaron piedras y botellas contra los agentes, que respondieron con gases y camiones hidrantes. Derribaron decenas de bicicletas de alquiler y usaron vallas para frenar a la Policía. Al menos siete personas fueron detenidas.
También hubo tensión en Turín, y se anunció una huelga general para el 20 de noviembre. Mientras tanto, la premier Giorgia Meloni convocó para el lunes una reunión de seguridad para definir cómo responder a lo ocurrido.
La respuesta política: derecho a protestar, pero sin violencia
Meloni separó las aguas: manifestarse es un derecho, pero los responsables de los incidentes son, dijo, vándalos que aprovechan las protestas para sembrar el caos. También pidió a la oposición que condene la violencia.
El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, dijo haber visto ciudadanos atemorizados y se mostró preocupado por un fenómeno nuevo que nace del contexto internacional. Aun así, el dirigente de centroizquierda admitió que los motivos de la protesta son comprensibles.
Detrás de las imágenes hay un reclamo que se repite de París a Milán: salarios que no alcanzan, vivienda y un futuro incierto. La mayoría de los manifestantes marchó en paz, como remarcó Macron para Francia. Italia afronta ahora la misma pregunta: cómo escuchar el malestar sin que la violencia lo tape.















