Ingrid Alexandra tiene apenas 22 años y, de un día para otro, dejó de ser una figura institucional secundaria. La muerte del rey Harald V, ocurrida este viernes a los 89 años, la convirtió en la primera en la línea de sucesión al trono de Noruega.

El monarca falleció en el Hospital Universitario de Oslo tras diez días internado por complicaciones respiratorias derivadas de una infección. Su hijo asumió la corona como Haakon VIII, y ese mismo movimiento dinástico transformó automáticamente a su hija mayor en la nueva princesa heredera.

Ingrid Alexandra nació el 21 de enero de 2004 en el Hospital Nacional del Reino, en Oslo. Fue su padre, entonces príncipe heredero, quien cortó el cordón umbilical entre lágrimas y la definió como “la recién nacida más bonita del mundo” ante las cámaras.

Es la primera hija en común de Haakon y Mette-Marit, quienes se habían casado en 2001. Su nacimiento tuvo un peso simbólico enorme porque fue la primera princesa nacida con derecho directo al trono tras la abolición de la ley sálica en 1990.

Aquella reforma constitucional estableció la primogenitura absoluta, sin importar el sexo del heredero. Gracias a esa norma, Ingrid Alexandra permanece por delante de su hermano menor, el príncipe Sverre Magnus, en el orden sucesorio noruego.

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Si algún día llega a reinar, romperá un silencio histórico de siglos. Será la primera reina titular de Noruega en más de seiscientos años, desde el reinado de Margarita I, y la primera mujer al frente de la Casa de Glücksburg desde 1905.

Su nuevo rol trae además una obligación constitucional inédita. Deberá prestar juramento por escrito ante el Storting, el Parlamento noruego, algo que ni su padre ni su abuelo tuvieron que hacer en circunstancias similares.

Esto se debe a que Ingrid Alexandra ya es mayor de edad, un hecho que no se había dado antes tras la muerte de un monarca noruego. Los artículos 41 y 44 de la Constitución regulan esa responsabilidad excepcional que ahora recae sobre ella.

EFE

La princesa también tiene formación militar, un dato que la distingue de otras herederas europeas de su generación. Sirvió en el Batallón de Ingenieros de la Brigada Norte, con base en Skjold, y completó su instrucción inicial en abril de 2025.

Ese entrenamiento resulta clave porque, como futura jefa de Estado, también será comandante en jefe de las Fuerzas Armadas noruegas. Su paso por la vida castrense refuerza un perfil vinculado a la disciplina y a las instituciones del país.

Curiosamente, pese a su nuevo estatus, la princesa no recibe un sueldo personal ni una asignación pública propia. Sus gastos corren a cargo de la partida oficial de sus padres, hasta que termine su formación académica y militar por completo.

Su irrupción como heredera llega en un momento particularmente delicado para la Casa Real. La condena por violación contra su hermanastro, Marius Borg Høiby, golpeó fuertemente la imagen pública de la familia durante los últimos meses.

A eso se suma el delicado estado de salud de su madre, la ahora reina Mette-Marit, quien atravesó un trasplante de pulmón este año. En ese contexto, cada aparición de Ingrid fue leída como una señal de estabilidad para la monarquía noruega.

La joven ya dio pasos hacia la diplomacia real, participando en cenas de Estado con jefes de gobierno extranjeros. Se estrenó en la alta diplomacia con paso firme, según describió la prensa, dejando atrás su papel de figura secundaria en la Corona.

Ingrid Alexandra también integra la nueva generación de herederas europeas que marcarán el futuro del continente. Reinará junto a Leonor de España, Estela de Suecia y otras princesas de Bélgica y los Países Bajos en las próximas décadas.