La escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán no es solo una disputa geopolítica: es también una guerra por el petróleo.
Desde que los primeros misiles comenzaron a caer sobre suelo iraní, los mercados energéticos entraron en pánico. El barril de Brent trepó hasta los u$s 120, el Estrecho de Ormuz —por donde transita normalmente cerca de un quinto del crudo y el gas natural licuado del mundo— quedó prácticamente bloqueado por la amenaza iraní, y los países del Golfo comenzaron a ver sus propias infraestructuras energéticas bajo fuego.
En ese contexto de máxima tensión, la atención convergió hacia un punto diminuto del mapa: una franja de tierra de apenas 22 kilómetros cuadrados en el norte del Golfo Pérsico.
Una isla que, pese a su tamaño, concentra el grueso del poder económico del régimen de los ayatolás. Se trata de Kharg, el corazón petrolero de Irán, que aún no fue atacada pero que figura cada vez más en los cálculos de Washington y Tel Aviv.
El sitio Axios reveló el 7 de marzo que funcionarios de la administración Trump debatieron activamente la posibilidad de tomar el control de la isla, en el marco de una serie de opciones para ahogar económicamente al régimen iraní.
Días después, el Washington Post fue más lejos y señaló que analistas consideran a Kharg como un objetivo temprano en caso de una operación terrestre.
Bajo la mira: la isla clave por donde sale casi la totalidad del petróleo iraní que EE.UU. podría atacar
La Isla Kharg es, en palabras de Neil Quilliam, especialista en política energética del think tank británico Chatham House, la “joya de la corona de la industria petrolera iraní”.
Por sus muelles de aguas profundas pasa aproximadamente el 90% de las exportaciones de crudo del país, conectando los yacimientos iraníes —entre ellos Ahvaz, Marun y Gachsaran— con los mercados mundiales, fundamentalmente con China.
La razón de su supremacía es geográfica, ya que la mayor parte de la costa iraní es demasiado poco profunda para recibir superpetroleros, lo que convierte a Kharg en el único puerto realmente apto para esa función.
La isla tiene la capacidad de procesar hasta siete millones de barriles diarios y alberga una densa red de tanques de almacenamiento, oleoductos submarinos, largos muelles que se adentran en aguas profundas y una pequeña pista de aterrizaje.
Según JP Morgan, su capacidad de almacenamiento ronda los 30 millones de barriles, y en los días previos a los ataques israelí-estadounidenses, Irán aceleró las exportaciones desde allí hasta niveles casi récord.
Para el banco estadounidense, Kharg es una “vulnerabilidad crítica” del régimen y, a la vez, “una importante fuente de ingresos de la Guardia Revolucionaria Iraní”.
Un ataque directo sobre Kharg tendría consecuencias inmediatas y globales. Según esta entidad, detendría de golpe la mayor parte de las exportaciones de crudo iraní y probablemente desencadenaría represalias severas sobre el Estrecho de Ormuz y la infraestructura energética regional.
Emmanuel Hache, director de investigación del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) de Francia, cuantificó el sector petrolero iraní en unos u$s 50.000 millones y advirtió que atacar la isla equivaldría simplemente a privar a Irán de exportar su petróleo.
Por eso, según su lectura, Washington habría evitado el blanco hasta ahora para no exacerbar aún más las tensiones en los mercados.
Con todo, la decisión final sigue sin tomarse. El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, afirmó que su país no tiene intención de atacar infraestructuras energéticas iraníes, sin embargo, el líder opositor israelí Yair Lapid ya pidió públicamente destruir toda la industria energética de Kharg para colapsar la economía del régimen.
La cuenta regresiva y el riesgo de escalada global
Si Washington y Tel Aviv deciden actuar sobre Kharg, Teherán podría considerarse habilitada para golpear las infraestructuras petroleras de Arabia Saudita, Kuwait o los Emiratos Árabes Unidos, países cuyos activos energéticos ya fueron parcialmente afectados por la andanada iraní de drones y misiles.
Una cadena de represalias de ese tipo podría sumar decenas de millones de barriles diarios fuera del mercado y llevar los precios del crudo a territorios nunca vistos.
La Agencia Internacional de Energía ya propuso liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas para amortiguar el golpe.
El G7 analiza medidas de emergencia. Y los analistas recuerdan que, aun con toda su importancia, neutralizar Kharg no sería sencillo: para inutilizarla de forma duradera harían falta ataques sostenidos a gran escala, advierten desde JP Morgan, dado que la isla demostró históricamente una notable capacidad de recuperación.