Cómo terminará la guerra entre Rusia y Ucrania: las tres posibilidades que anticipa el New York Times

Según el columnista Thomas L. Friedman, hay tres "posibles escenarios para el final de esta historia". Cómo es cada uno.

El New York Times delineó, a través de una de sus plumas estrella, las tres formas posibles en que podría terminar la guerra entre Rusia y Ucrania, a la que de entrada caracterizó con el "potencial de ser el acontecimiento más transformador en Europa desde la Segunda Guerra Mundial y la confrontación más peligrosa para el mundo desde la crisis de los misiles de Cuba".

Según el columnista Thomas L. Friedman, hay tres "posibles escenarios para el final de esta historia".

"El desastre total"

De acuerdo a Friedman, es el que "ya está en marcha" y que supondría, si Putin no es detenido, "matar a tanta gente como sea necesario y a destruir toda la infraestructura de Ucrania que sea necesaria para borrar a Ucrania como estado y cultura libres e independientes y acabar con sus dirigentes".

"Este escenario podría conducir a crímenes de guerra de una magnitud que no se ha visto en Europa desde los nazis, crímenes que harían de Vladimir Putin, sus compinches y Rusia como país, todos parias mundiales", detalla.

"Cada día que Putin se niega a parar nos acercamos más a las puertas del infierno", dice Friedman, quien advierte, dramáticamente, que "si se interviene se corre el riesgo de desencadenar la primera guerra en el corazón de Europa con armas nucleares".

Se trata, en este escenario, de una encerrona porque "dejar que Putin reduzca Kiev a escombros, con miles de muertos -como conquistó Alepo y Grozny- le permitiría crear un Afganistán europeo, desparramando refugiados y caos".

El compromiso sucio

"El segundo escenario es que, de alguna manera, el ejército y el pueblo ucranianos sean capaces de resistir lo suficiente a la blitzkrieg rusa, y que las sanciones económicas empiecen a herir profundamente la economía de Putin, de manera que ambas partes se sientan obligadas a aceptar un compromiso sucio", introduce el columnista e imagina cómo podría ser el acuerdo: "A grandes rasgos, el compromiso consistiría en que, a cambio de un alto el fuego y de la retirada de las tropas rusas, los enclaves del este de Ucrania que ahora están bajo control ruso de facto se cederían formalmente a Rusia, mientras que Ucrania se comprometería explícitamente a no entrar nunca en la OTAN. Al mismo tiempo, Estados Unidos y sus aliados aceptarían levantar todas las sanciones económicas impuestas recientemente a Rusia".

Sin embargo, el mismo Friedman reconoce que "este escenario" es "improbable" porque requeriría que Putin admitiera básicamente que fue incapaz de lograr su visión de reabsorber a Ucrania mientras Ucrania tendría que "ceder formalmente parte de su territorio y aceptar que iba a ser una tierra de nadie permanente entre Rusia y el resto de Europa, aunque al menos mantendría su independencia nominal".

"La salvación"

La "salvación" sería básicamente que el pueblo ruso derroque a Putin, algo que, para Friedman, debería partir de la base de que muchos rusos entiendan que "mientras Putin sea su líder presente y futuro, no tienen futuro".

El autor sueña con "que en este mismo momento haya algunos funcionarios de inteligencia y militares rusos de muy alto nivel, cercanos a Putin, que se estén reuniendo en algún armario del Kremlin y diciendo en voz alta lo que todos deben estar pensando: o bien Putin ha perdido un paso como estratega durante su aislamiento en la pandemia o está en profunda negación sobre lo mal que ha calculado la fuerza de los ucranianos, de Estados Unidos, de sus aliados y de la sociedad civil mundial en general".

"Si Putin sigue adelante y arrasa las mayores ciudades de Ucrania y su capital, Kiev, él y todos sus compinches no volverán a ver los apartamentos de Londres y Nueva York que compraron con todas sus riquezas robadas. No habrá más Davos ni St. Moritz. En su lugar, todos estarán encerrados en una gran prisión llamada Rusia, con la libertad de viajar sólo a Siria, Crimea, Bielorrusia, Corea del Norte y China, tal vez. Sus hijos serán expulsados de los internados privados, desde Suiza hasta Oxford", describe, con crudeza.

Y sentencia: "O colaboran para derrocar a Putin o todos compartirán su celda de aislamiento".

"Me doy cuenta de que este último escenario es el más improbable de todos, pero es el que más promete alcanzar el sueño que soñamos cuando cayó el Muro de Berlín en 1989: una Europa entera y libre, desde las Islas Británicas hasta los Urales", concluye Friedman

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