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“No podés creer que eso sea real”. Cecilia De Maio lo dice después de describir diez años como Senior Director de Kroll en América latina. Habla de rastrear patrimonio de funcionarios públicos, seguir el dinero en investigaciones que, según sus palabras, “marcaron la historia reciente del país”. Por confidencialidad no puede dar nombres. Pero la tensión, esa sí la nombra sin dudar.

Cuando Kroll fue adquirida por un fondo de inversión y empezó a volverse más corporativa y estandarizada, De Maio tomó una decisión que en el papel suena simple y en la práctica no lo es: dejar una firma global con respaldo institucional para apostar sola. Fundó Ransen Group, una firma boutique de compliance con operaciones en Miami, Buenos Aires, Washington DC y Asunción, desde donde opera hoy. Y este mes lanzó Auditra, una plataforma modular con inteligencia artificial que hace, de forma automatizada, lo que ella hizo durante dos décadas a mano.

Cómo la pandemia la llevó a crear una startup de compliance con IA

El punto de inflexión no fue una revelación sino un encierro. De Maio viajaba casi todas las semanas para investigar y reunirse con clientes. Cuando la pandemia cerró todo, la disyuntiva fue simple: “O no trabajaba más, o tenía que inventar una solución”. Eligió lo segundo.

Con tiempo y herramientas open source armó un prototipo: una primera versión de cómo imaginaba la herramienta que necesitaba y que no existía. “Ahí entendí que esto no era una solución para la pandemia. Era el camino para todo lo que viene”, dijo en diálogo con El Cronista.

Pero construir un prototipo no es construir una plataforma. La brecha entre saber compliance y saber desarrollo de software fue real. Ni ella entendía cómo funcionaba la tecnología por dentro, ni los desarrolladores entendían qué era el compliance.

Antes de escribir una línea de código hubo semanas de entrenamiento cruzado. Ella aprendía arquitectura de software; ellos aprendían, desde cero, qué implica hacer un due diligence.

ARIA, el asistente de inteligencia artificial que aprendió de Game of Thrones

Auditra tiene nueve módulos: desde onboarding y verificación de identidad hasta monitoreo de transacciones, gestión de terceros e integridad del personal. El más difícil de construir fue el de monitoreo. “Si hay algo peor que tener miles de alertas en un sistema, es no tener ninguna. Porque eso significa que el sistema no está mirando lo que tiene que mirar”, explicó.

El módulo de inteligencia artificial se llama ARIA, siglas de Adaptive Regulatory Intelligence Agent: una capa que conecta información, interpreta riesgos y prioriza alertas. La versión oficial. La real, admite De Maio, tiene otro origen. “Siempre fui muy fan de Game of Thrones, y de ahí surgió Arya: el personaje que siempre tiene una solución para todo”, reveló.

Lo que más la sorprendió durante el desarrollo fue la velocidad con que avanzó la IA generativa mientras construían la plataforma. El sistema pasó de aplicar reglas a aprender. Y aprendió también a reconocer sus límites: en algún punto le dice al usuario “hasta acá te acompañé yo, ahora tenés que consultar con un especialista”.

La plataforma Auditra utiliza inteligencia artificial para monitorear operaciones, detectar riesgos y conectar información financiera entre Estados Unidos y América latina.ChatGPT

Por qué vende para América latina desde Washington DC

De Maio opera desde Washington DC, donde además capacita a funcionarios del gobierno de Estados Unidos en crímenes financieros en América Latina. Esa posición le dio algo que no tenía antes: ver cómo miran a la región desde afuera. “Cada país tiene su etiqueta (narcotráfico, contrabando, inestabilidad cambiaria) y mi trabajo es mostrar la realidad detrás de cada etiqueta”, explicó.

Parte de su tarea cotidiana es convencer a bancos americanos de que abran cuentas corresponsales para ALyCs argentinas. Sobre eso, confirmó: “Están totalmente reguladas, tienen que responder tanto o más que los propios bancos. Es tranquilo y seguro operar con ellas.” Pocos lo saben. Ella insiste.

Veinte años en compliance también son veinte años viendo organizaciones caer por no tener controles. La lección que más le quedó no es técnica. “Los más grandes se sienten con cierta impunidad (‘a mí justamente no me van a tocar’) y los más chicos también (‘a mí no me van a mirar’). Y la realidad es que ninguna de las dos cosas es cierta.” El día que sale la cara de la otra moneda, dice, “perdiste. Y perdiste feo”.