El 15 de enero de 2025, las librerías italianas recibieron Ipnocrazia, un ensayo filosófico sobre la manipulación de la realidad en la era digital. El autor era Jianwei Xun, un joven pensador de Hong Kong radicado en Berlín. El libro fue un éxito inmediato. Le Figaro lo entrevistó, El País lo citó, despertó interés en círculos políticos franceses. Todo esto generó tres reimpresiones en un mes. En castellano, la editorial Rosamerón lo publicó como Hipnocracia. Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad.
El 4 de abril, la periodista Sabina Minardi reveló en L’Espresso que Jianwei Xun no existía. Era una creación de Andrea Colamedici (Roma, 1987), filósofo italiano y editor de Tlon, construida con ChatGPT y Claude. El libro sobre la hipnocracia, sobre cómo nos manipulan las narrativas digitales, era él mismo una manipulación.
Pero, ¿qué es la hipnocracia? Se trata de un régimen de poder que, en lugar de reprimir u oprimir, manipula directamente la percepción de la realidad mediante un flujo constante de narrativas que mantienen a las personas en un estado hipnótico permanente.
El método: desafío en lugar de confirmación
Todo comenzó con un vacío conceptual. Colamedici buscaba un término para describir una nueva forma de dominio político que no fuera “fascismo”. “Se habla demasiado de fascismo, todo es fascista. Pero es un término que arriesga aflojar la presa del pensamiento”, explicó en diálogo con El Cronista. ¿El riesgo? Que terminemos diciendo “ok, fascismo, basta, no tengo que pensar más en ello”.
Mientras escribía, descubrió que el modo habitual de usar la inteligencia artificial era “muy dañino para el pensamiento”. La IA siempre da la razón al usuario, lo que él llama “psicofansia” -un neologismo que remite a la necesidad de confirmación psicológica-, porque es un cliente que debe ser constantemente mimado. “Pero esto es lo opuesto a pensar”.
Colamedici desarrolló, entonces, un método diferente: pedirle a ChatGPT y Claude (las IA generativas de OpenAI y Anthropic, respectivamente) que rompieran sus conceptos, que destrozaran sus ideas, que lo superaran. “No para confirmar mis tesis, sino para descubrir lo que aún no sabía”. De ese diálogo emergió la palabra “hipnocracia”. ¿Es un concepto suyo o de la máquina? “No sabría decirlo. No es mío ni de la máquina. Es un concepto que emergió en la relación entre inteligencias diversas”.
Jianwei Xun, cuyo nombre, según Colamedici, puede leerse como “el constructor de narraciones”, nació como una perspectiva externa. Hong Kong era el lugar perfecto: “Es un territorio liminal, de frontera. Es Oriente, pero al mismo tiempo es una parte muy occidental del Oriente”.
La idea era construir un dispositivo de extrañamiento para que las personas se dieran cuenta de cuánto dan por sentado el mundo. Colamedici insiste: “Yo no inventé una historia de Xun. No dije que era profesor universitario. No era nada, era solo un nombre. Un contenedor vacío en el que cada persona proyectó algo”.
La contradicción como estrategia
El libro habla de resistir la hipnocracia, pero el experimento mismo usó mecanismos hipnocráticos, construcción de realidad, validación social falsa. “Sí, es una contradicción y al mismo tiempo no lo es. Es una paradoja, para ser específico”, dice. “Creo que hoy sirve ser paradójicos. Sirve poner en el campo todo lo que podamos para hacer ver lo absurdo de la situación en que vivimos”.
Con Hipnocracia, Colamedici (¿o fue Xun?) intentó otra cosa: “Quise asumir la responsabilidad también de la vida que tienen las ideas que divulgamos. No podemos decir ‘dije la cosa justa, dije cómo están las cosas’ porque, si los otros están hipnotizados, si están dormidos, el hecho de que se las des no cambia nada”.
Hubo momentos de miedo. “Me asusté un poco cuando vi que se había vuelto demasiado grande. Pensé: esta es una responsabilidad. No tanto lo que escribí, sino lo que escribiré”. Le preocupaba que las personas pusieran demasiada expectativa en un autor fantasma. “Logré crear algo que hizo decir a muchas personas ‘sí, es así, es esto, es hipnocracia, entendí’. Pero no quería que sintieran el dolor de la desilusión”.
“Soy un apocalíptico entusiasta. Es evidente que estamos destruyendo todo”
Quién escribió el libro (y qué viene después)
Colamedici no fue “descubierto”, sino que él mismo programó la revelación. Minardi, la periodista de L’Espresso, era parte del juego desde fines de diciembre. Pero en el extranjero muchos no entendieron que estaba programado, y no fue el único malentendido. Todo el libro no lo escribió la IA; fue un proceso de cocreación. “Un libro no se escribe bien con inteligencia artificial. Si pruebas a escribir un libro con IA sale una tontería. Pero la IA es extraordinaria cuando le dices: ‘Mira, escribí esto. ¿Qué no funciona? ¿Dónde puedo mejorar?’ Ahí es extraordinario”.
¿Quién escribió el libro? “Jianwei Xun. Fue escrito junto, por un humano y por inteligencias artificiales. Yo, solo, habría podido escribir un libro similar. Pero ese libro ahí lo podía escribir solamente de ese modo”. El libro es otro ahora: “Fue pensado para vivir una experiencia. Quien leyó el libro antes del 4 de abril vivió cierta experiencia, quien lo lee después está viviendo otra, por fuerza”.
Ya escribió el segundo libro de Xun: Pensar en prompts, una crítica de la razón generativa, que saldrá a fines de febrero en Italia, y llegará entre abril y mayo a nuestro país. Hacia el cierre, Colamedici corre el foco del diagnóstico político hacia una reflexión más íntima. Se define con una frase que usó en el Congreso Futuro de Chile: “Soy un apocalíptico entusiasta. Es evidente que estamos destruyendo todo”. Luego, viene el matiz: “Adoro estar al borde del abismo y, si nos salvamos, será bellísimo. Yo, personalmente, buscaré un modo bello para irme, pero seguro que me la jugaré hasta el final”.
Agradezco la ayuda de Inés María Trenado por su colaboración a la hora de hablar con Colamedici en italiano.
