La irrupción de agentes de inteligencia artificial (IA) capaces de actuar de forma autónoma está cambiando las reglas de la ciberseguridad. Con herramientas cada vez más potentes, los atacantes pueden probar nuevas estrategias e incluso replicarse, lo que obliga a las compañías a reforzar sus defensas.

Para analizar este escenario, El Cronista dialogó con Richard Marko, CEO de ESET, una compañía global de ciberseguridad con base en Eslovaquia, presencia en Argentina y más de 30 años de trayectoria. Su mirada sobre cómo evolucionan las amenazas y qué deben hacer las empresas para estar preparadas resulta crucial para entender el momento actual.

- ¿Cómo describirías el panorama actual de la ciberseguridad, con la irrupción de la IA generativa?

- La inteligencia artificial no es un tema nuevo en nuestro sector. Para los defensores, su ventaja fue ayudarnos a procesar enormes volúmenes de datos, algo fundamental en una empresa global como la nuestra, que protege equipos de clientes en todo el mundo. Los atacantes también la fueron incorporando de a poco, pero recién ahora vemos un gran salto en lo que pueden hacer.

Hoy, la verdadera novedad son los agentes, que funcionan de manera más o menos autónoma, pueden probar cosas nuevas y hasta replicarse para crear ataques más poderosos. Por eso necesitamos, al menos, un nivel semejante de automatización de nuestro lado.

- ¿Es un escenario futuro o ya está en desarrollo?

- Es algo que está ocurriendo ahora mismo. Incluso las compañías que desarrollan los modelos de IA detectan que, a veces, los agentes se desvían de lo esperado, aunque no hayan sido diseñados para eso. Si tienen un objetivo, pueden desarrollar distintas estrategias para alcanzarlo. Y como, por lo general, no tienen restricciones éticas, porque son solamente software, pueden llegar a ser peligrosos y pueden usar herramientas imprevistas.

Estoy muy conectado con plataformas como OpenClaw, que facilitan el uso de agentes en cualquier computadora. Como son nuevas, la prioridad es sumar funciones y la seguridad suele quedar relegada, por lo que los agentes pueden tener permisos muy amplios.

Los agentes de IA plantean un escenario nuevo y desafiante para la ciberseguridad de empresas y personas.Creada con Copilot.

- ¿Cómo evoluciona la defensa frente a estas amenazas?

- No creemos que la ciberseguridad deba depender de los modelos de las grandes empresas de inteligencia artificial, típicamente estadounidenses, porque son generales y no fueron pensados para este fin. Nuestra inversión está en modelos fundacionales propios, entrenados con los datos de ciberseguridad que recibimos todos los días. No es una teoría: sistemas como ESET LiveGuard ya funcionan con IA entrenada con esa información.

- ¿Qué otros componentes conforman la estrategia?

- Ofrecemos una plataforma llamada ESET Protect, de la que LiveGuard es una pieza. Para que funcione bien se necesitan tres pilares. El primero son los modelos, que son el cerebro. El segundo es un stack de protección de IA: filtros instalados en computadoras, celulares, servidores y la nube, que monitorean la comunicación entre usuarios y agentes para detectar fugas de datos confidenciales o intromisiones de agentes no autorizados. El tercero es un SOC (centro de operaciones de seguridad) con IA, que permite que nuestros expertos se concentren en lo que realmente requiere su atención.

- ¿Cuáles son los desafíos actuales para las grandes empresas y para las pymes?

- En ambos casos, los riesgos de fondo son similares, porque un agente autónomo puede atacar a una pyme igual que a una multinacional. La diferencia está en la complejidad y la cobertura.

Las compañías de gran tamaño tienen muchos activos digitales y tecnologías distintas en su actividad, así que debemos ofrecerles un conjunto amplio de soluciones y poder trabajar con herramientas de terceros. Además, suelen tener equipos de ciberseguridad que necesitan información más avanzada que las pymes.

- ¿Qué deberían tener en cuenta los CIO y directores de tecnología?

- Lo primero es entender que esta es una nueva era y que no es solo un término de marketing. Los atacantes tienen herramientas muy poderosas, así que la calidad de las defensas marcará una diferencia aún mayor y no alcanza con buscar el precio más bajo. Conviene educarse sobre qué implica este cambio y, además, hace falta un socio tecnológico que ayude a enfrentar la situación.