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En la provincia de Santa Cruz se debate una innovadora propuesta de ganadería ovina sustentable para regenerar la estepa patagónica.

Durante la 102° Exposición Rural de Puerto Deseado, se presentó la idea de construir una barrera física de más de 300 kilómetros y 2 metros de altura entre la ruta 3 y el mar para evitar el cruce de guanacos.

La propuesta, que abarca más de 2,2 millones de hectáreas en el nordeste de Santa Cruz, apunta a regular el cruce de guanacos, recuperar la salud del suelo y acceder a financiamiento a través de bonos de carbono.

El proyecto surge como respuesta a una crisis estructural del sector ovino santacruceño, afectado por la falta de políticas agropecuarias sostenidas, la presión de la fauna silvestre, el aumento de depredadores y el avance de la desertificación.

Estos factores provocaron pérdida de stock, abandono de campos y una menor actividad económica.

Charles J Sharp Sharp Photograph

Una “muralla” de 2 metros y 300 km: la megaobra de esta provincia para controlar al guanaco

El “Modelo Integral de Ganadería Ovina Sustentable” propone la construcción de una barrera física de dos metros de altura efectiva a lo largo de un tramo de entre 315 y 400 kilómetros en el nordeste provincial, entre la ruta nacional 3 y el mar.

La superficie afectada alcanza 2.260.000 hectáreas que incluyen un centenar de establecimientos agropecuarios vinculados con la ganadería ovina.

La altura de dos metros fue establecida como un estándar innegociable debido a la capacidad del guanaco para saltar obstáculos de hasta 1,60 metros.

La obra está diseñada para una vida útil de 50 años y utilizará materiales de la economía circular local, como tubing petrolero recuperado, lo que además contribuye a la sustentabilidad del proyecto.

Detrás de la iniciativa está Sebastián Apesteguía, técnico de producción agropecuaria y dueño de dos establecimientos que se convirtieron en los primeros en exportar lana con certificación orgánica.

Fuente: ShutterstockChris Englert

La barrera que delimitará el clúster contará con eco-ductos o compuertas para garantizar la conectividad biológica, situados cada 5 a 10 kilómetros. Estos dispositivos permitirán un paso controlado que se abrirá de manera estratégica para permitir el flujo genético de la fauna silvestre, asegurando que el proyecto no afecte la biodiversidad de la región.

El objetivo central es regular las cargas animales dentro del clúster. El proyecto establece que la carga de guanacos dentro del área productiva no deberá superar el 10% de la receptividad del suelo, destinando el excedente al aprovechamiento comercial de carne y fibra, actividad que en la provincia ya se implementa a través del Plan de Manejo del Guanaco.

En tanto, la inversión para toda la infraestructura proviene de un esquema de financiamiento cruzado innovador: el capital inicial se compone de un 50% de inversión privada, un 30% del Estado y un 20% de créditos blandos.