

Aunque parezca un gesto inocente, la psicología le da un significado que va más allá del desorden. Este hábito, cada vez más común, puede reflejar emociones, estrés y hasta la forma en que gestionamos el tiempo.
¿Por qué acumulamos ropa en la silla?
Todo empieza con una lógica simple: falta de espacio en el armario o comodidad para dejar a mano lo que volveremos a usar.
Pero cuando las prendas se apilan durante días o semanas, el gesto se transforma en señal de algo más profundo.
Según especialistas, la silla con ropa es un símbolo de tareas pendientes y saturación mental.
Un espejo de la mente
Artículos publicados en medios como Men’s Health y El Heraldo explican que este hábito puede estar ligado a la procrastinación.
No se trata de que doblar una camiseta sea difícil, sino de que una mente agotada percibe esa acción como un esfuerzo extra. Estudios científicos asocian la procrastinación con altos niveles de ansiedad y estrés.
En otros casos, la silla funciona como refugio emocional. Después de un día intenso, ordenar parece innecesario y la ropa termina en el primer lugar disponible.

También influye la falta de hábito, quienes crecieron en entornos donde el orden no era prioridad pueden ver el desorden como algo funcional.
Factores emocionales detrás del desorden
No todo es pereza. Muchas prendas tienen carga afectiva:
- Un vestido que recuerda una noche especial.
- Una camiseta usada en un momento importante.
- Vaqueros que ya no se usan, pero cuesta regalar.
Este vínculo emocional convierte la silla en un espacio intermedio entre lo que se usa y lo que aún tiene valor.
¿Cómo cambiar el hábito?
Si la silla se volvió un “altar al desorden”, la psicología sugiere estrategias simples:
- Crear rutinas cortas: dedicar 5 minutos al final del día para ordenar.
- Reducir estímulos: mantener el cuarto despejado ayuda a bajar la sensación de saturación.
- Desapego emocional: donar prendas que no se usan para liberar espacio y mente.













