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La relación entre la alimentación y el bienestar psicológico ha cobrado protagonismo en los últimos años gracias al creciente interés en entender el fenómeno conocido como “ruido alimentario” o food noise. Este término se refiere a un diálogo mental constante y repetitivo sobre lo que se debe comer, cuándo y cuánto, que persiste incluso en ausencia de hambre fisiológica.

A diferencia del hambre, el “ruido alimentario” puede resultar no deseado y persistente, generar malestar e interferir con la concentración y las actividades diarias, lo que impacta negativamente en la calidad de vida de las personas.

El food noise es definido como una preocupación cognitiva intrusiva que puede derivarse de distintas causas, como el contexto social, las presiones culturales o la adherencia a dietas estrictas. Si bien su estudio aún no está estandarizado, muchas personas con sobrepeso y obesidad experimentan constantemente este flujo de pensamientos, que impactan negativamente en su bienestar emocional y en el manejo de la ansiedad y el estrés.

¿Cómo distinguir entre hambre real y “ruido alimentario”?

Los expertos sugieren que es crucial identificar las diferencias entre el hambre físico y el “ruido alimentario”. La primera se caracteriza por señales corporales que indican la necesidad de nutrientes, mientras que el food noise es no poder dejar de pensar en comida aun cuando estamos entablando una conversación con alguien o realizando alguna actividad. Los síntomas pueden incluir sensación de malestar y la repetición de pensamientos que irrumpen en la rutina diaria.

Foto: Asociación obesidades en México.

Esta preocupación cognitiva puede variar en intensidad y frecuencia, dependiendo de factores personales y externos como el estrés, la presencia de alimentos en el entorno o experiencias previas con la comida.

Avances en el abordaje de la obesidad

El GLP-1 (péptido similar al glucagón tipo 1) es una hormona que el organismo libera de forma natural después de comer. Su función principal es ayudar a regular los niveles de azúcar en sangre, estimular la producción de insulina e indicarle al cerebro que se alcanzó saciedad, por lo que no es necesario seguir comiendo. Los medicamentos agonistas del receptor GLP-1, como la semaglutida de Novo, imitan la acción de esta hormona y se utilizan -bajo prescripción médica- para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad, según presentaciones y dosis diferentes, como parte de un abordaje integral de estas enfermedades.

Los tratamientos con semaglutida, además de favorecer la pérdida significativa de peso, mejorar parámetros de laboratorio (glucemia, colesterol, hígado graso) y disminuir el riesgo de infarto, ACV y mortalidad cardiovascular, también colaboran con reducir el “ruido alimentario”.

En este contexto, programas de cuidado a pacientes como Novo a la Par® brindan información y herramientas para apoyar a las personas en el seguimiento de sus tratamientos y en la adopción de hábitos saludables. Los especialistas coinciden en que la prevención y el manejo del sobrepeso y la obesidad deben combinar cambios en el estilo de vida, seguimiento profesional y, cuando corresponde, tratamiento médico. 

La información presentada en esta nota tiene fines exclusivamente informativos y se basa en evidencia científica disponible. La mención de tratamientos o medicamentos no constituye una recomendación, y cualquier decisión terapéutica debe ser evaluada junto a un profesional de la salud, quien podrá determinar la alternativa más adecuada según las necesidades de cada persona.

Este contenido patrocinado fue elaborado con inteligencia artificial generativa y contó con la supervisión, edición y validación de un periodista de El Cronista.