

El reconocido psicólogo y escritor argentino, Gabriel Rolón, volvió a instalar un debate que muchos evitan: no alcanza con que alguien nos quiera, lo que realmente importa es de qué manera lo hace.
La pregunta que Rolón invita a hacerse en cualquier relación
En su columna semanal en Perros de la Calle (Urbana Play), Gabriel Rolón planteó una reflexión que toca de cerca a quienes sostienen vínculos por miedo a la soledad: no siempre la presencia de alguien implica que ese amor sea bueno.

El punto de partida que propone el psicoanalista es simple e incómodo: antes de preguntarse si alguien nos ama, vale la pena preguntarse cómo lo hace.
“Lo primero que podríamos preguntarnos al estar con alguien, cuando estoy con esta persona, ¿yo soy peor o soy mejor?“, introdujo.
Asimismo, continuó: “Mis actitudes, mis pensamientos, las cosas a las que me invita, ¿me mejoran o me empeoran?“.
En este sentido, remarcó que es importante estar con personas que sacan ese costado tuyo de ”pelear por ser la mejor persona que puedas ser".
No se trata de si la otra persona “da todo” o si está siempre disponible. La clave, según Rolón, pasa por otro lado: “No es importante ser amado sino cómo uno es amado”.
Es decir, “no es una cuestión de cantidad, es una cuestión de calidad del amor y característica de vínculo”.
Quedarse por miedo a la soledad, una trampa frecuente
Hay personas que, con tal de no caer en la soledad, toleran gestos y actitudes que no les hacen bien.
En ese punto es donde Rolón centra su advertencia: estar con alguien no es suficiente si esa compañía no nos impulsa a crecer.

El psicólogo es claro al respecto: lo importante es estar con personas que activen ese impulso de querer ser la mejor versión posible de uno mismo. Si el vínculo hace lo contrario, es decir, si degrada, si achica, si genera malestar constante, hay algo a revisar.
En ese sentido, la reflexión de Rolón no es solo sobre la pareja: es sobre el lugar desde el que cada uno se para para relacionarse. Construir una identidad con cierto amor propio no es egoísmo, sino la condición necesaria para poder amar y ser amado de manera genuina.











