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El frío pegó fuerte en varias provincias y muchas casas mostraron sus puntos débiles: ventanas que dejan pasar el aire, pisos helados y estufas prendidas durante horas sin resultado.

Según especialistas en aislación térmica y diseño, la clave no siempre pasa por subir la calefacción, sino por evitar que el calor se escape.

Con algunos cambios simples se puede ganar confort y, de paso, cuidar la factura de luz y gas del hogar.

Textiles y orientación: los aliados contra el frío

Sumar superficies que retengan temperatura es una de las soluciones más simples y económicas.

Alfombras, cortinas pesadas, almohadones y mantas funcionan como pequeñas barreras térmicas.

Los materiales porosos acumulan aire y ayudan a conservar el calor generado en el ambiente.

Alfombras, cortinas pesadas, almohadones y mantas funcionan como pequeñas barreras térmicas.Generado con IA.

Un piso desnudo aumenta la sensación de frío. Una alfombra gruesa, en cambio, mejora la percepción térmica sin necesidad de hacer obra.

La orientación también importa. Durante el día conviene abrir cortinas y persianas en los ambientes que reciben sol, sobre todo los orientados al norte.

Al caer la tarde, el movimiento se invierte: cerrar todo ayuda a que la casa no pierda la temperatura acumulada durante el día.

Techos, paredes y pisos: dónde se pierde más calor

La aislación estructural es el punto más importante para una solución de fondo.

El techo puede explicar hasta el 40% de la pérdida de calor de una vivienda. Las paredes representan cerca del 30% y los pisos, alrededor del 10%.

Por eso, una casa mal aislada necesita más calefacción para lograr el mismo nivel de confort. Materiales como lana de vidrio, poliestireno expandido o poliuretano mejoran el rendimiento térmico en obras nuevas.

En una vivienda ya construida, conviene empezar por lo más accesible:

  • Sellar filtraciones y tapar rendijas en puertas y ventanas.
  • Reforzar cortinas y sumar alfombras.
  • Revisar paredes con humedad o condensación.
  • Controlar el estado del techo.

El ahorro nunca debe ir en contra de la seguridad. Se recomienda revisar los artefactos de gas una vez al año con un gasista matriculado, mantener las rejillas de ventilación destapadas y verificar que la llama sea azul.