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La NASA canceló este miércoles el rescate del telescopio Swift, que fue puesto en órbita hace 22 años y se prevé que reingrese a la Tierra de manera incontrolada a finales de este año, más de un mes después del lanzamiento de una nave espacial para frenar su caída.

“Debido a un problema persistente con el control de actitud de una nave espacial comercial (...) la nave LINK no capturará ni impulsará un satélite de la agencia a mayor altitud para extender su misión científica, como estaba previsto”, informó en un comunicado la agencia espacial.

La nave fue desarrollada en 2025 por la compañía LINK y enviada al espacio el mes pasado con el objetivo de capturar el satélite y elevar su órbita para impedir la caída descontrolada.

Un rescate complejo y sin puntos de anclaje

Un plan que originalmente sonaba complicado, puesto que el satélite no posee asas ni puntos de anclaje, y que tuvo que ser descartado con la nave ya en el espacio.

El proceso habría llevado cerca de un mes, durante el que los expertos pensaban averiguar la mejor forma de interceptar el satélite y empujarlo a una órbita superior.

Fracasó el rescate del telescopio Swift y la NASA confirma su caída a finales de añonasa

Una vez desestimado, la NASA expresó que el telescopio continuará con su caída hacia las capas más bajas de la atmósfera terrestre, donde se desintegrará durante la reentrada.

La agencia espacial señaló que la nave LINK seguirá trabajando en las proximidades del telescopio “para demostrar capacidades clave para el futuro de la exploración espacial” y “recopilar la mayor cantidad de datos posible para fundamentar las futuras operaciones de mantenimiento de satélites”.

22 años estudiando las explosiones del universo

Valorado en unos 500 millones de dólares, el Swift ha sido desde 2004 una de las principales herramientas para estudiar el cosmos. Gira alrededor de la Tierra en busca de las explosiones más potentes del universo, los llamados estallidos de rayos gamma.

No tiene motor, así que no puede corregir su rumbo por sí mismo. Aunque a cientos de kilómetros de altura la atmósfera es extremadamente tenue, el poco aire que queda genera resistencia y lo frena gradualmente, provocando que pierda altura.

Otro telescopio que también enfrenta el reto de la pérdida gradual de altitud es el Hubble. Con más de 30 años en órbita y sin un motor propio, su trayectoria también se degrada lentamente.