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Las personas casadas tienen derechos sobre la herencia de su cónyuge incluso cuando no aparecen mencionadas en el testamento.
La Ley 26.994, que aprobó el Código Civil y Comercial de la Nación, establece una porción legítima para determinados herederos, entre ellos el cónyuge.
Esto significa que un testamento no puede disponer libremente de la totalidad de los bienes si con ello se afecta la parte de la herencia que la ley reserva a los herederos legitimarios.
Herencia: qué parte le corresponde a las viudas aunque estén separadas
El cónyuge es heredero legitimario, por lo que tiene derecho a una parte de la herencia incluso si no figura en el testamento.
La porción legítima del cónyuge es del 50% de la herencia. El resto es la porción disponible, sobre la que el fallecido puede decidir mediante testamento.
Sin embargo, existen situaciones en las que el cónyuge puede perder sus derechos sucesorios.
La separación de hecho puede cambiar la herencia
El artículo 2437 del Código Civil y Comercial establece que el divorcio y la separación de hecho sin voluntad de unirse excluyen el derecho hereditario entre los cónyuges.
Por eso, no alcanza con continuar legalmente casados para tener garantizado el derecho a heredar.
Si al momento del fallecimiento existía una separación de hecho sin intención de retomar la convivencia, la persona puede quedar excluida de la sucesión.
¿Qué pasa si hay hijos?
Cuando existen hijos, el cónyuge hereda una parte igual a la de cada descendiente respecto de los bienes propios del fallecido, aunque existen reglas específicas para los bienes gananciales.
Si no hay descendientes pero sí ascendientes, al cónyuge le corresponde la mitad de la herencia. Si no existen descendientes ni ascendientes, puede recibir la totalidad.
La Ley 26.994, vigente desde el 1° de agosto de 2015, establece estas reglas y determina quiénes son los herederos legitimarios.
Por eso, no figurar en un testamento no significa quedar automáticamente fuera de una herencia. El vínculo matrimonial, la existencia de otros herederos y la situación de la pareja al momento del fallecimiento son determinantes.