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La NASA realizó un hallazgo único en el universo al captar una imagen sin precedentes que los científicos describen como un “ojo de sangre” en el corazón de una galaxia lejana. Este avance despertó el interés de la comunidad científica internacional, ya que podría aportar respuestas clave sobre los orígenes del cosmos y la formación de estructuras gigantes en el universo primitivo.
El descubrimiento se dio mediante telescopio espacial James Webb, la tecnología más avanzada y construida para observar el espacio profundo. Las imágenes obtenidas revelan unos misteriosos objetos conocidos como “Little Red Dots” o pequeños puntos rojos, con una apariencia circular y brillante desafía las clasificaciones astronómicas tradicionales.
¿De qué se trata el hallazgo del ojo de sangre de la NASA?
El particular fenómeno fue detectado en regiones del Universo con menos de mil millones de años de antigüedad, una etapa extremadamente temprana del cosmos. En ese período, las galaxias todavía estaban en formación y las condiciones físicas eran muy distintas a las actuales, lo que convierte a este hallazgo en una ventana directa al pasado del universo.
Estas observaciones se concentraron en zonas profundas del espacio donde el James Webb logró ver lo que ningún otro telescopio había podido captar. Los pequeños puntos rojos aparecen como estructuras ultracompactas, con radios menores a 100 pársecs, algo que resulta incompatible con las galaxias convencionales conocidas.

¿Cómo fue el descubrimiento del “ojo de sangre”?
Al analizar la luz emitida por estos objetos, los científicos detectaron una señal inusual con forma de “V”, que combinaba tonos extremadamente azules y rojos. Además, se identificó un gas altamente ionizado, pero sin rastros claros de estrellas jóvenes, un detalle que encendió las alarmas entre los astrónomos.
El estudio liderado por investigadores del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian propuso una explicación revolucionaria al indicar que los puntos rojos no serían galaxias, sino Agujeros Negros de Colapso Directo. Estos cuerpos nacen cuando enormes nubes de gas colapsan sobre sí mismas sin formar estrellas previamente.
Este modelo explica por qué el agujero negro tiene una masa desproporcionadamente grande en relación con su entorno de hasta 400 veces superior a lo esperado. La tonalidad rojiza no proviene de estrellas antiguas, sino de una fina capa de polvo cósmico que filtra la luz emitida desde su centro.
Para confirmar su teoría, los científicos utilizaron simulaciones avanzadas de radiación e hidrodinámica que recrean el comportamiento del gas y la energía alrededor de estos objetos en el universo temprano. Los resultados coincidieron con las observaciones reales del James Webb con un margen de error menor al 10%.

¿Cuál es la importancia de este avance científico?
Uno de los puntos más impactantes del hallazgo es que explica por qué estos objetos emiten pocos rayos X, a pesar de contener agujeros negros muy activos. La radiación queda atrapada por una envoltura de gas extremadamente densa, conocida como Compton-thick, que transforma la energía antes de que pueda escapar.
Según los investigadores, esta etapa es transitoria, ya que cuando el agujero negro consuma el gas circundante, su actividad será plenamente detectable. Este avance sugiere que estamos observando una fase temprana y breve en el nacimiento de los gigantes cósmicos.
El descubrimiento aporta una pieza fundamental para comprender cómo el universo pasó de ser una vasta nube de gas a un entramado de galaxias masivas con agujeros negros en sus centros. Los pequeños puntos rojos representan una etapa clave de transición en la evolución cósmica.















