Durante años, el debate ambiental giró en torno a deshielos o tormentas cada vez más violentas. Pero un conjunto de investigaciones recientes pone el foco en un riesgo más profundo y cercano: la pérdida masiva de especies que sostienen los grandes ecosistemas del planeta.
Este fenómeno no solo transformaría la vida silvestre, sino también la forma en que los seres humanos producimos alimentos, accedemos a agua y habitamos territorios cada vez más frágiles.
Los científicos ven este proceso como un punto de inflexión. Si las emisiones de carbono continúan en aumento, la extinción local de plantas y animales podría alcanzar niveles inéditos en regiones que hoy concentran la mayor riqueza biológica del planeta.
¿Qué muestran los estudios más recientes sobre biodiversidad y clima?
Los análisis se apoyan en el seguimiento de unas 80.000 especies de plantas y animales distribuidas en 35 regiones reconocidas por su valor ecológico.El trabajo se realizó con distintos escenarios de calentamiento, desde uno extremo hasta otro alineado con las metas del Acuerdo de París.
Los resultados son consistentes:
- A mayor temperatura media, mayor riesgo de desaparición local.
- Las regiones más ricas en biodiversidad serían también las más expuestas.
- Incluso con un calentamiento moderado, muchas especies no lograrían adaptarse al ritmo del cambio.
Estos modelos alertan que los ecosistemas podrían perder funciones esenciales, como la regulación del agua o la protección natural contra eventos extremos.
Las regiones que enfrentan mayor presión por el cambio climático
El mapa global muestra zonas críticas donde la pérdida de especies podría ser especialmente elevada. Entre ellas:
- África: sabanas y selvas que concentran grandes mamíferos y especies endémicas.
- Sudamérica: bosques tropicales y áreas de alta diversidad biológica que ya sufren presión por sequías e incendios.
- Oceanía: territorios insulares donde pequeños cambios de temperatura generan impactos grandes en aves, anfibios y mamíferos.
En estas regiones, cualquier alteración del clima afecta no solo a animales emblemáticos, sino también a especies pequeñas que sostienen la estructura de los ecosistemas: polinizadores, plantas nativas, aves insectívoras y organismos esenciales para la fertilidad del suelo.
Temperaturas más extremas y climas cada vez más impredecibles
El calentamiento global no llega solo. Los científicos destacan que vendrá acompañado por:
- Lluvias irregulares y difíciles de anticipar.
- Sequías extensas en zonas ya vulnerables.
- Tormentas más intensas en áreas costeras.
- Aumento del nivel del mar que amenaza humedales, manglares y playas.
Muchas especies dependen de rangos muy precisos de temperatura o humedad. Cuando esas condiciones cambian rápido, los ciclos biológicos —desde la reproducción hasta la búsqueda de alimento— se alteran por completo.
La migración: una estrategia que ya no alcanza
La capacidad de moverse hacia zonas más adecuadas será clave para la supervivencia. Pero no todas las especies pueden migrar al ritmo que exige el nuevo clima.A esto se suman dos barreras importantes:
- Fragmentación de hábitats, que corta corredores naturales.
- Expansión urbana y agrícola, que reduce las áreas donde pueden desplazarse.
Como resultado, miles de especies quedan atrapadas en ambientes que ya no pueden sostenerlas.
Un desafío que impacta directamente en la vida humana
Los investigadores insisten en que este problema no es solo ambiental. La pérdida masiva de biodiversidad afecta:
- La disponibilidad de agua, porque los ecosistemas regulan su ciclo.
- La producción de alimentos, por la caída de polinizadores y la degradación del suelo.
- La estabilidad de los territorios, que dependen de bosques y humedales para mitigar desastres naturales.
- La salud, ya que los ecosistemas sanos frenan la propagación de enfermedades.
Limitar el calentamiento global —dicen los expertos— todavía puede reducir los impactos más duros. Pero la ventana de acción se achica de manera acelerada.
Un futuro que depende de decisiones tomadas hoy
El mensaje es claro: la trayectoria de los próximos años definirá la magnitud de la pérdida de especies y la capacidad del planeta de sostener su equilibrio natural.
La ciencia advierte que aún hay margen para evitar los peores escenarios, pero cada grado de calentamiento suma presión sobre ecosistemas que ya muestran señales de agotamiento.