

En las últimas semanas me han “acusado en más de una oportunidad de ser un optimista, y alguna vez el comentario surgió de economistas por los que tengo aprecio personal y respeto profesional. Esta circunstancia ha provocado las reflexiones que siguen.
Los economistas generalmente somos objetivos en la exposición de los datos económicos, pero los cargamos de adjetivos, tonos de voz, o acotaciones al margen, con lo que terminamos transmitiendo un mensaje muy diferente del que podría deducirse de los mismos números, si partimos de otros prejuicios.
Por ejemplo, hay un enorme consenso de que la macroeconomía actual se ha puesto “aburrida , ya que la actual política económica ha logrado minimizar la probabilidad de ocurrencia de una crisis bancaria y/o cambiaria en los próximos años. Todos advierten que es la primera vez, que a más de tres años de iniciado un ciclo de crecimiento, no hay atraso cambiario, ni déficit fiscal, ni tasas de interés muy positivas. Pero se minimiza este logro con argumentos como los siguientes:
1. El mérito es de la coyuntura internacional, y no de la política implementada.
2. Lo más probable es que se crezca 3,5% anual, porque no son capaces de implementar las reformas necesarias.
3. Estamos ante una nueva convertibilidad $ 2,90 por dólar.
4. Los problemas de manejo cambiario y monetario, o la inflación o la crisis energética, o la falta de inversión, o el crecimiento del gasto amenazan con destruir el precario equilibrio macroeconómico.
Estos comentarios soslayan la gran importancia que tiene salir del patrón de volatilidad en el que estuvimos atrapados durante estos 40 años de las políticas mágicas, que pretendían devolvernos rápidamente al paraíso perdido mediante euforias financieras y cambiarias.
Mi enorme diferencia con muchos de mis colegas es justamente que considero que esta macro aburrida es la condición necesaria (aunque no suficiente, obviamente) para lograr la continuidad y la normalidad necesaria para resolver los problemas sectoriales que subsisten. Estamos, en mi opinión, ante la primera oportunidad en muchas décadas de poder iniciar una etapa de crecimiento prolongado, porque justamente tenemos una macro flexible que no está gestando ninguna explosión. Lo contrario de todos los planes de estabilización, basados en la atracción de capitales especulativos mediante el muy frágil mecanismo de fijar el tipo de cambio y subir las tasas de interés.
Ya tuvimos durante las últimas décadas circunstancias favorables de precios internacionales y de tasas de interés, como en los 90, pero que no sirvieron para alentar la actividad productiva porque estábamos atrapados en los círculos fatales de la dependencia de los capitales especulativos, que nos conducían inexorablemente al atraso cambiario y a tasas de interés muy positivas, lo que a su vez, generaba crisis fiscales y bancarias.
Presentar en un tono despectivo que la economía argentina podría crecer varios años sólo al 3,5%, nuevamente soslaya lo esencial. ¡Hace 100 años que la economía argentina no crece 5 años seguidos por encima del 4%! Ningún dato puede ser más importante para un hombre de negocios o para un banquero, que saber que puede olvidarse de la “próxima crisis cambiaria , y que puede concentrarse en su negocio con un enfoque de largo plazo.
Decir que estamos igual que en los ’90 pero a 2,90 por dólar, es ignorar que si las condiciones cambiarias se modifican, el BCRA no está obligado a entregar las reservas a ese valor, ni otro parecido. Y que el peso se devalúe no implica esta vez ninguna ruptura de contratos ni quiebre de bancos o empresas, ni obliga al ministro, y mucho menos al Presidente, a abandonar el cargo.
Asustarse por el crecimiento del gasto público parece injustificado cuando somos de los países con menor relación GP/PBI, y tenemos una situación social sumamente difícil, de imprevisibles consecuencias éticas y políticas. ¿O acaso podemos olvidarnos que debemos gastar más en educación y salud? Por otra parte, ¿les habríamos aconsejado a los empresarios españoles hace 20 años que no inviertan en España porque el gasto público estaba aumentando?
Obviamente que existen problemas y hay amenazas; creer lo contrario sería caer en otra simplificación muy peligrosa. Creo que es criticable el manejo cambiario, excesivamente predecible y concentrado en una moneda, o innecesario el incremento de las tasas de Lebac, que son ineficaces para controlar la inflación. Y los problemas políticos que demoran los incrementos de tarifas, y generan incertidumbre energética y empeoran la distribución del ingreso. O que debemos mejorar la calidad y transparencia del gasto público.
No pretendo ser optimista, porque esa categoría pertenece a la era de la volatilidad, ya que el optimista era el que creía que la próxima crisis estaba lejos. Pretendo solamente contribuir siendo positivo, sabiendo que nuestro país será mejor o peor dependiendo de la calidad de gestión que a todo nivel logremos implementar. Pero pretendo también que sospechemos que quizás estemos ante un cambio de paradigma, y que los viejos enfoques pueden ser caducos. ¿Cuánto se tardó en el Chile post 1982 en hablar de una historia exitosa?
Es tan grave la obsecuencia como la crítica destructiva que alimenta nuestro permanente apetito de pesimismo. Y debemos evitar justamente la impaciencia y la sobre exigencia, porque conducen a la búsqueda de atajos inexistentes, y consecuentemente a la frustración.










