

Dejó de ser original plagiar al asesor de Clinton pero, nuevamente, la cita permite subrayar lo dominante que puede ser un determinado factor. Además, de tan gastado, el slogan dejó de ser ofensivo. En este caso, sirve para ilustrar que el sector construcciones está funcionando prácticamente con un solo motor, el de la inversión pública, mientras que en el sector privado hay ventas, por la protección frente a la inflación que significan los ladrillos, pero la demanda se ubica por debajo del potencial, debido a que el motor del crédito tiene muy poco combustible. Probablemente sea necesario recurrir a préstamos hipotecarios ajustables por un indicador vinculado a salarios, porque actualmente los hogares que pueden acceder a las líneas vigentes no son más de 5 % del total.
Los indicadores vinculados con construcciones muestran recuperación en 2010, pero ésta no puede ser considerada enteramente satisfactoria, sobre todo por la incidencia del sector en el empleo. Las escrituras, por ejemplo, suben un importante 35 % respecto de los primeros meses de 2009, pero todavía se ubican 19 % por debajo de igual período de 2008. El cemento y otros materiales recorren una trayectoria menos volátil, por la incidencia de la obra pública. Pero es en el comportamiento del empleo dónde se aprecia la necesidad de revisar los instrumentos disponibles para empujar la actividad.
De acuerdo a datos de IERIC, en enero de 2008 los trabajadores registrados del sector construcciones eran 369,7 mil, alcanzaron un pico de 380,5 mil en mayo de ese año y después retrocedieron hasta hacer piso a principios de este año. Llevan varios meses consecutivos de recuperación, pero los últimos datos los ubican en 316,7 mil, es decir, todavía 14 % por debajo de principios de 2008.
Como se sabe, a lo largo de todo este período han aparecido algunas líneas de crédito hipotecario, pero éstas no han alcanzado carácter masivo. ¿Qué habría pasado en un escenario de préstamos más accesibles para la clase media?. Es difícil cuantificarlo, pero vaya como referencia lo que está ocurriendo en Brasil. Este año, por ejemplo, en el vecino país el crédito hipotecario se está expandiendo a un ritmo cercano al 80% interanual, facilitado por la caída de las tasas de interés de largo plazo, una derivación de la baja inflación alcanzada en los últimos años.
El impacto de créditos hipotecarios más accesibles sobre la cantidad de obras y, por ende, la trayectoria del empleo en el sector construcciones es fácilmente perceptible. En Brasil, el número de puestos de trabajo registrados en este rubro pasó de 2 millones de personas en enero de 2008 a 2,7 millones en junio de este año. El incremento en estos dos años y medio ha sido de 34 %, o sea a un ritmo acumulativo superior a 12 % anual.
Si la Argentina hubiera podido seguir una trayectoria semejante a la de Brasil, entonces debería estar llegando a mediados de este año a un empleo registrado en la construcción de 488 mil personas, en lugar de los 316,7 mil observados. La tasa de desempleo en nuestro país podría ser casi 1,2 puntos inferior a la observada.
¿Cuál es el problema de los créditos hipotecarios en la Argentina?. Los ofrecidos son, en general, muy convenientes, porque la tasa de interés es cercana o incluso inferior a la inflación. Sin embargo, el acceso no es para todos.
Considerando las líneas más convenientes de plaza se tiene que, para obtener un préstamo de 200 mil pesos (aprox. 50 mil dólares), la familia solicitante deberá pagar cuotas iniciales de 2.600 pesos. Deberá demostrar ingresos, por tanto, del orden de los 8.000 pesos mensuales. De acuerdo a un reciente trabajo de Ieral, en la Ciudad de Buenos Aires, con los mayores niveles de ingreso del país, sólo el 8,2 % de los hogares podría reunir esos requisitos. En Córdoba llegan al umbral de los 8.000 pesos sólo el 2,4 % de los hogares y en el Gran Resistencia el 0,5 %. El problema está en que, si bien las tasas de interés pueden ser negativas, son suficientemente elevadas en términos nominales, lo que obliga al tomador de crédito a hacer una amortización acelerada (en términos reales) de la deuda. Si al principio necesita 50 sueldos para cancelar el préstamo, al tercer año probablemente con unos pocos salarios/mes podría estar pagando el 100 % del saldo.
La solución frente al problema de la amortización acelerada son los créditos ajustables. Una línea que se actualizara por salarios y que tuviera una tasa de interés de entre 4 y 5 % por encima de la indexación, podría comenzar a pagarse con una cuota del orden de los 1200 pesos por mes, para un crédito de 200 mil pesos, y cancelarse en 17 años. En los dos casos el deudor paga el 100 % de los intereses sobre saldos, pero en el esquema ajustable la devolución del capital va ocurriendo de un modo más gradual. Obsérvese que una cuota del orden de los 1.200 pesos coincide con el monto del alquiler que muchísimas familias jóvenes hoy están pagando, con lo que se prueba que sería accesible a un universo mucho más amplio que en el otro esquema.
No se trata de generalizar la indexación. Se apunta a la creación de un instrumento financiero con el que cuentan economías estables como Estados Unidos y Chile. En el vecino país, justamente, existen créditos actualizables por la UF (unidad de fomento).
En la Argentina, por el actual nivel de riesgo país, estas líneas no podrían inicialmente fondearse en el mercado (habría que colocarlas con un descuento sustancial). Por ende, el puntapié inicial debería darlo un organismo como la Anses, que necesita invertir bien sus flujos de fondos, para afrontar las jubilaciones de las próximas décadas. Un instrumento ajustable por salarios es óptimo para calzar riesgos, porque justamente las jubilaciones futuras habrán de estar asociadas a la evolución de los ingresos de los trabajadores.










