Cuando Lula le pase la posta presidencial a su sucesor, la economía de Brasil habrá de estar computando una creación neta de empleos superior a los 2 millones de personas, sólo para 2010. Un motivo más que suficiente para no esperar giros, proyectando el clásico “más de lo mismo . Sin embargo, los actuales desafíos son diferentes a los que enfrentó Lula. Debería esperarse un cambio en el centro de gravedad de la política económica, ya que las elevadas tasas de interés vigentes son la medicina contraindicada en el actual escenario mundial.

La prioridad por la estabilidad en Brasil, que arrancó con el plan real en 1994, ya está llegando a la mayoría de edad. No casualmente, este logro está sustentado en la continuidad de las reglas de juego, que lleva casi dos décadas. El último episodio destructor de confianza fue el llamado Plan Collor, que data de 1990. Desde entonces, hubo giros en las políticas, pero ninguno dentro de la categoría “ruptura de contratos . Así, el real ha llegado a ser reserva de valor. Esto explica algunas de las diferencias que Brasil le sacó a la Argentina en cuanto a profundidad del mercado de capitales y del sistema financiero. El grado de inversión, obtenido en 2008, ocurrió cuando Brasil pasó a tener más activos que pasivos en moneda extranjera, fenómeno facilitado por la posibilidad de emitir obligaciones en reales a largo plazo y a tasa fija. Había dejado atrás el ‘pecado original’ de sólo poder utilizar al dólar para esos contratos.

Otro rasgo positivo del último período se origina en las escasas interferencias en mercados de productos sensibles de la canasta familiar, como alimentos y combustibles. Los éxitos exploratorios de gas y petróleo requirieron fuertes inversiones. Y éstas se desembolsaron porque existieron los incentivos de precios. Una explicación análoga corresponde para los éxitos obtenidos en materia de exportación de carnes y otros alimentos. Lula, con su popularidad en el 80%, probó que es falsa la supuesta contradicción entre mercado interno y externo.

Basados en la mitificación del tipo de cambio como único instrumento, algunos analistas argentinos fueron recurrentemente escépticos con Brasil. Sin embargo, la cuestión de los precios relativos sí puede comenzar a afectar la trayectoria de la economía del vecino país en el futuro mediato.

Ocurre que el escenario internacional se ha modificado y está poniendo en evidencia ciertas limitaciones del modelo brasileño.

Es que la estabilidad de precios ha sido obtenida en base a un mix desaconsejable de políticas, basado en déficit fiscal y altas tasas de interés. En promedio, en el período 2005/08 (se excluye 2009 por la crisis), el sector público de Brasil registró un rojo de 2,8% del PIB y, como contrapartida, la estabilidad se apoyó en una tasa de interés 9,3 puntos por encima de la inflación.

Ese esquema funcionó, aun con sus efectos colaterales negativos. Sin embargo, luce como una medicina contraindicada en el actual escenario internacional, de debilitamiento de las monedas de los países desarrollados y tasas de interés cercanas a cero en Estados Unidos y en Europa es cercana a cero.

En este nuevo contexto, la elevada tasa de interés de Brasil, actualmente 6 puntos superior a la inflación, opera como un imán para los capitales golondrina y la sostenida entrada de capitales no hace más que apreciar más y más su moneda. Las intervenciones del Banco Central, que han llevado las reservas a un nivel récord cercano a los 280 mil millones de dólares, se revelan insuficientes para contener la marea, entre otras cosas porque los reales emitidos son reabsorbidos en base a las elevadas tasas de interés vigentes.

Así, la moneda brasileña se ha estado apreciando en forma sostenida, hasta un 36 % sobre el promedio de los últimos 10 años. Esta pérdida de competitividad cambiaria es notablemente mayor a la experimentada por países que han aplicado una política distinta, caso de Chile.

En 2010, el déficit de cuenta corriente de Brasil posiblemente se sitúe en torno a 2,5 % del PIB. Es una cifra manejable y financiable. Pero si este guarismo apuntara a duplicarse para 2011, la reacción del nuevo gobierno no se haría esperar, buscando moderar la vulnerabilidad externa de la economía.

Algunas medidas puntuales, como reforzar el impuesto a la entrada de capitales, o introducir algún tipo de retención en las exportaciones de materias primas, seguramente serán puestas a consideración del nuevo presidente.

Pero, sin duda, el instrumento más potente para adecuarse al escenario internacional será la política fiscal, que es la única que puede inducir una baja genuina de la tasa de interés. Quitando incentivos a los capitales golondrina, el mix de políticas desplazaría su centro de gravedad hacia un esquema más parecido al chileno. No podría faltar el recurso del fondo anticíclico, adquiriendo dólares en el mercado en forma genuina. No estamos hablando de gran devaluación, sino simplemente de evitar una exagerada apreciación. Aún así, el esfuerzo fiscal será enorme, dada la necesidad de mantener e incluso acrecentar la todavía magra inversión pública en infraestructura.