

El primero de los Graffigna que llegó a la Argentina fue el tío José. Aún faltaban más de dos décadas para que el siglo XIX expirara. Pronto envió una carta a su sobrino y lo invitó a las nuevas tierras. Así fue que Santiago Graffigna llegó a Buenos Aires, con apenas 16 años y una lira en el bolsillo para acortar la distancia entre el puerto y la casa, en San Juan, de su único pariente. Corría 1876.
El tío era un hombre exigente; tanto que lo recibió con esta información: su testamento irrevocable establecía que la iglesia y el hospital del lugar heredarían todos sus bienes. “Todo lo que salga de acá lo conseguirás con tu sudor , lo saludó.
Al joven Santiago no le faltó fuerza. Su espíritu lo sobrevivió y aún perdura en la bodega que fundó. Pionero y emprendedor apasionado, marcó hitos en la historia de la vinicultura argentina. En los primeros tiempos trabajó para su tío y cuando consiguió ahorrar algún dinero lo invirtió en una parcela de tierra que comenzó a producir. Creó la primera bodega de San Juan en 1880, cuando tenía 20 años.
Alguien le dijo una vez a José Graffigna que su sobrino era un hombre afortunado. “Bestia, decid: qué hombre trabajador , respondió, severo, el tío. Aquellos inmigrantes italianos “sabían bien que la fortuna no es ciega y distingue muy bien a los holgazanes de los trabajadores , cuenta hoy Gerardo Danitz, enólogo de Graffigna y admirador incondicional de ese ímpetu que llevó a Don Santiago a reinvertir sus ganancias hasta duplicar, triplicar, sus tierras.
“El concepto que aún hoy se vive en la bodega es que nada se logra si no es por el trabajo , repite Danitz, un enólogo mendocino que se enamoró de San Juan, sus vinos y sus bodegas.
Desde sus comienzos, la primera bodega de San Juan se ha caracterizado por ser una bodega innovadora y pionera. Don Santiago fue responsable de el lanzamiento de la primera marca de vinos de la Argentina, la extensión del ferrocarril hasta la provincia de San Juan, el sistema de elaboración por gravedad, la venta del primer vino embotellado, y hasta la primera transmisión de radio fuera de Buenos Aires, a través de “la radio del Vino . Todos hitos que muestran el espíritu emprendedor del fundador de la bodega.
Actualmente, el 60% de la producción de vinos Bodegas y Viñedos Santiago Graffigna que se despacha en la provincia de San Juan corresponde a la bodega (20% marca Graffigna). Con una facturación anual de $ 90 millones y un equipo permanente de 80 personas, Graffigna es una bodega con proyección internacional, al ser nombrada por el grupo francés Pernod Ricard -del cual es parte- como la cuarta marca global.
En el Valle de Tulum, la Bodega tiene sus dos grandes viñedos, uno en Pocito y otro en Cañada Honda, cerca de Pedernal. Sus viñedos están situados entre 700 y 1.600 metros sobre el nivel del mar. Por otra parte, del Valle de Pedernal, la bodega obtiene las mejores uvas para los vinos de alta gama; un terroir con una altitud de 1.400 metros con una variación térmica que supera los 20 grados. Cultivas, entre otras variedades, el Syrah, Cabernet Sauvignon, Malbec, Chardonnay, Pinot Grigio, Sauvignon Blanc, Chenin Blanc, Barbera y Bonarda.
La herencia de Don Santiago no se limita a los viñedos irrigados con aguas de deshielos proveniente de la Cordillera de los Andes. Su fuego aún enciende a los herederos de su arte. Este año, en el marco de un homenaje que se le quiso hacer al fundador, la bodega encaminó un proyecto donde se acercó al mundo emprendedor. Junto con la Asociación de Graduados de la Universidad de San Andrés, desarrollaron un Ciclo de Charlas de Espíritu Emprendedor Don Santiago Graffigna. De forma gratuita y a lo largo de dos meses, participaron prestigiosos emprendedores como Gabriel Nazar, de Cardon, Santiago Billinkis de Officenet, Roberto Souviron de Despegar.com, Clara Ibarguren, y Damian Kepel por Kepel&Mata, entre otros.
En noviembre de 2003 se inauguró el Museo Santiago Graffigna, para preservar el patrimonio y la tradición de los fundadores. La familia Graffigna participó en la recopilación de información, archivos fotográficos, de sonido y fílmicos, y en la transmisión oral de relatos espontáneos. “Don Santiago era un pionero, gran innovador y trabajador. Una anécdota lo muestra tal como era. El día que se casó con Doña Catalina , le tocaba el turno del agua para regar la finca. Abandonó la fiesta y fue a chequear que todo estaba bien , recuerda Danitz, entre la sonrisa y el respeto a un hombre que tuvo 13 hijos, una bodega y una historia que sigue viva 130 años después...
Daniela Villaro









