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Morgan Stanley pone sobre la mesa una paradoja que sucede en la Argentina: la economía empieza a generar dólares como no lo hacía en años, pero sigue sin poder retenerlos.
El banco de inversión destaca que la Argentina empieza a mostrar un cambio estructural en su frente externo, pero todavía no logra resolver su talón de Aquiles: la acumulación de reservas. Esa es, en esencia, la paradoja que marca el último informe de Morgan Stanley.
Según el banco, el país alcanzaría en 2026 un superávit de cuenta corriente del 0,7% del Producto Bruto Interno (PBI), equivalente a unos u$s 5400 millones, tres años antes de lo previsto por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El cambio no responde solo a precios, sino a volumen. Las exportaciones de bienes superarían por primera vez los u$s 100.000 millones, impulsadas por tres motores: el agro, la energía y la minería. En particular, el documento pone el foco en la transformación del sector energético, donde Vaca Muerta es la fuente concreta de dólares.
El superávit energético pasaría así de u$s 8000 millones en 2025 a unos u$s 13000 millones en 2026, en un contexto de precios internacionales elevados. La sensibilidad está muy marcada pues cada suba de u$s 10 en el barril de petróleo podría sumar unos u$s 1300 millones adicionales en exportaciones. En un mundo tensionado por conflictos geopolíticos constantes, ese factor juega a favor.
A esto se suma “un agro más eficiente, con mayor peso del maíz y más valor agregado en soja, y una minería que comienza a escalar, con el litio como punta de lanza”. El resultado es un esquema exportador más diversificado y menos dependiente de un solo complejo.
Las advertencias del gigante de Wall Street
Sin embargo, el frente externo todavía hay algunas fisuras. El mismo informe advierte que el superávit de cuenta corriente no se traduce automáticamente en acumulación de reservas, y ahí aparece el principal punto de tensión.
Por un lado, el déficit de servicios se mantiene elevado, en torno a los u$s 11500 millones, impulsado por turismo y consumo en el exterior. Por otro, los pagos de intereses de la deuda en moneda extranjera rondan los u$s 11000 millones anuales. A eso se suma un factor estructural con la dolarización de carteras.
Morgan Stanley estima que en 2026 los residentes demandarán unos u$s 24.000 millones, en línea con períodos sin restricciones cambiarias. Es decir, buena parte de los billetes que genera la economía se van por la cuenta financiera.
En ese contexto, la acumulación de reservas queda atada a una variable clave: el financiamiento externo. El banco proyecta una cuenta financiera prácticamente equilibrada, lo que implica que los ingresos por deuda, tanto corporativa como soberana, y organismos multilaterales deberán compensar la salida de divisas del sector privado.
La estimación base apunta a una acumulación de reservas de unos u$s 6000 millones, aunque con posibilidad al alza si aparecen nuevas fuentes de financiamiento bilateral. Aun así, el diagnóstico es que “sin acceso sostenido al mercado o sin mayores flujos de capital, la mejora externa pierde potencia”.
Este equilibrio delicado también condiciona la mirada sobre los activos. Tras el reciente rezago, Morgan Stanley considera que los bonos soberanos lucen atractivos en términos de valuación y recomienda mantener posiciones, con preferencia por la parte media y larga de la curva, como el Global 2038. Sin embargo, advierte que “para sostener ese desempeño será necesario reforzar la acumulación de reservas”.
El foco, además, ya empieza a correrse hacia 2027. “El próximo año combina mayores vencimientos en dólares con incertidumbre política por el calendario electoral, un cóctel que podría tensionar el acceso al financiamiento”, agrega .
Así, el informe plantea un escenario dual. Por un lado, la Argentina logra algo poco habitual en su historia reciente: generar dólares de manera más robusta y diversificada. Por otro, no logra aún retenerlos.
Una mirada local que coincide con Wall Street
El informe semanal de la consultora 1816 también aborda la vuelta a los mercados de deuda voluntarios. Plantea que el programa económico enfrenta un límite claro: la mejora en el flujo de dólares no alcanza para cubrir las necesidades financieras sin recurrir al mercado.
El documento señala que la Argentina tuvo una ventana para emitir deuda en el exterior a comienzos de año, “pero decidió no aprovecharla, y luego el contexto global se volvió más adverso, con tasas nuevamente en niveles de dos dígitos”. En ese escenario, la posibilidad de prescindir de Wall Street aparece como riesgosa.
1816 plantea que el equipo económico busca reemplazar ese financiamiento con “privatizaciones, fuentes alternativas y el mercado local”, pero el informe advierte que esas opciones son insuficientes.
“El apetito por deuda en dólares en el mercado doméstico es limitado y, en la práctica, cerrar el acceso al crédito externo implica forzar al Banco Central a comprar divisas en el mercado para cumplir con los pagos de deuda, en lugar de acumular reservas”, plantea.
Ese punto es central: aun cuando el BCRA viene comprando dólares, buena parte de esas divisas se transfieren al Tesoro para cancelar vencimientos. Es decir, los dólares no se acumulan, sino que se utilizan para sostener el esquema financiero.
En ese contexto, 1816 desliza implícitamente que sin acceso sostenido al financiamiento externo, el programa económico corre el riesgo de volverse circular, donde los dólares que entran no fortalecen el balance del Banco Central, sino que se destinan a cubrir compromisos.