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Cada vez que Lionel Scaloni anuncia una lista para un Mundial, la atención suele centrarse en los nombres elegidos y las posibilidades deportivas de la Selección argentina. Sin embargo, detrás de cada convocatoria existe otra dimensión menos visible: la económica.

Un futbolista mundialista no sólo representa una pieza clave dentro de la cancha, sino que también genera ingresos para federaciones, clubes, patrocinadores y para la FIFA, que convirtió a la Copa del Mundo en uno de los eventos deportivos más rentables del planeta.

No cobran sueldo, pero cada jugador convocado se transforma en un activo capaz de movilizar millones de dólares. Y es que, a diferencia de lo que ocurre en sus clubes, los futbolistas no perciben un salario por jugar para la Selección argentina, sino que los ingresos vinculados al Mundial suelen llegar a través de premios y bonos acordados previamente entre los referentes del plantel y la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), generalmente atados a objetivos deportivos.

Cuánto ganó la AFA en Qatar

El antecedente más reciente es Qatar 2022. Tras la conquista del título, la AFA recibió cerca de u$s 52 millones entre premios otorgados por FIFA y bonificaciones de Conmebol. Si bien nunca se difundió oficialmente el reparto interno, distintas estimaciones señalaron que una parte relevante de esos recursos fue destinada al plantel campeón y al cuerpo técnico.

Según cálculos publicados no oficiales, los jugadores habrían percibido alrededor de US$ 1 millón cada uno por la obtención de la tercera estrella.

Sin embargo, para las principales figuras del equipo, el Mundial representa mucho más que ese premio puntual, dado que la exposición global, los contratos publicitarios y el aumento de cotización suelen tener un impacto económico incluso mayor.

Los clubes también ganan

Asimismo, la convocatoria de un futbolista a una Copa del Mundo también genera ingresos para los clubes que lo emplean. La FIFA distribuye fondos entre las instituciones que ceden jugadores a las selecciones participantes.

Carlos Maidana, especialista en marketing deportivo, explicó a El Cronista que esos recursos “no están destinados a los futbolistas, sino a los clubes que los tienen contratados”.

“Hay un programa de beneficios que se destina a todos los clubes que tienen cedidos a sus selecciones nacionales”, señaló. Suele mencionarse una referencia cercana a los u$s 11.000 diarios por futbolista, pero el cálculo final depende de distintos factores y no se aplica de manera uniforme.

“Posiblemente sea más, pero es un número general para tener en cuenta y desde el cual empezar a hacer algunas cuentas”, explicó el especialista. El sistema contempla el recorrido profesional de cada jugador durante el ciclo mundialista. Por eso, el dinero no necesariamente queda en manos del club que actualmente posee la ficha.

“El cálculo se hace tomando el tiempo que el jugador estuvo en cada institución entre un Mundial y el siguiente. Si pasó por más de un club, el dinero se reparte de manera proporcional”, detalló Maidana. Esto implica que incluso entidades que ya no tienen al futbolista pueden recibir una parte de la compensación.

Para dimensionar el impacto económico, Maidana menciona el caso de Gabriel Ávalos, delantero de Independiente y habitual convocado de la selección paraguaya. “Si llega hasta la final, se estima que el club podría recibir cerca de medio millón de dólares por su participación”, sostuvo.

Además, más allá de las compensaciones directas, contar con futbolistas seleccionados suele tener un efecto inmediato sobre la estructura económica de los clubes.

“Una cosa es un jugador que no es citado a su selección y otra muy distinta es contratar a un que sí. Está mejor cotizado, se paga más por él y tiene un contrato más alto”, explicó Maidana. En definitiva, una convocatoria mundialista vale mucho más que los minutos disputados en la cancha: detrás de cada jugador hay un negocio que mueve millones.