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Los llamados “gastos hormiga” son consumos frecuentes y de bajo monto que suelen pasar desapercibidos justamente porque no representan un desembolso importante en el momento. Sin embargo, cuando se acumulan, pueden representar una suma considerable que dificulta el ahorro, retrasa objetivos financieros o incluso complica llegar a fin de mes.
En diálogo con El Cronista, Nicolás Parreira, asesor financiero y director financiero de Grupo Sigma, explica cuánto pueden representar los gastos hormiga en el presupuesto, qué estrategias permiten reducirlos y cómo aprovechar ese dinero para hacerlo rendir más.
Cuánto del sueldo pueden representar los gastos hormiga
Parreira señala que no existe un monto universal, ya que depende de los ingresos y los hábitos de cada persona. Sin embargo, asegura que el fenómeno es cada vez más visible por la proliferación de servicios digitales, suscripciones y pagos automáticos.
“Hoy tenemos suscripciones de inteligencia artificial de u$s 20 mensuales, plataformas de streaming, música, almacenamiento en la nube, aplicaciones, software profesional, membresías y distintos servicios que se debitan automáticamente de la tarjeta”, explica.
Según el especialista, una persona con varios servicios contratados puede destinar entre $ 170.000 y $ 320.000 mensuales solamente a suscripciones y débitos recurrentes. Si a eso se le suman gastos habituales como delivery, cafeterías y aplicaciones de transporte, el desembolso puede acercarse a los $ 400.000 mensuales.
La cifra adquiere otra dimensión cuando se la compara con los ingresos promedio. De acuerdo con los últimos datos del INDEC, el ingreso individual promedio alcanzó los $ 1.094.136 en el segundo trimestre de 2026. En ese contexto, un gasto hormiga de $ 400.000 equivale al 36,6% del ingreso promedio mensual.
Además, si ese nivel de consumo se mantiene durante un año, representa un desembolso cercano a los $ 4.800.000 anuales.
“Para alguien con ingresos de $ 2.000.000, esos $ 400.000 representan el 20% de su ingreso mensual. Por eso no existe un porcentaje universal: el impacto depende tanto del monto gastado como de la capacidad económica de cada persona”, detalla Parreira.
Cómo reducir los gastos hormiga sin dejar de darse gustos
El primer paso para ordenar el presupuesto es identificar en qué se gasta. Para eso, Parreira recomienda analizar los consumos de los últimos tres meses, ya que las tarjetas, las cuentas bancarias y las billeteras virtuales permiten reconstruir buena parte de los movimientos.
“Tenemos información suficiente para identificar en qué estamos gastando y, sobre todo, qué consumos se repiten sin que les prestemos atención”, sostiene.
El experto recomienda comenzar por las suscripciones y débitos automáticos. Muchas veces se siguen pagando servicios que ya no se utilizan, aplicaciones con funciones similares o membresías contratadas por costumbre.
Otro consejo es definir un presupuesto para gastos discrecionales, como salidas, restaurantes, delivery o entretenimiento, una vez cubiertas las obligaciones y gastos fijos del mes.
“El objetivo es identificar gastos que dejamos de decidir conscientemente y que, por repetirse todos los meses, terminan ocupando una parte importante del presupuesto”, remarca.
Respecto de las compras impulsivas, Parreira propone incorporar una regla simple: dejar pasar entre 24 y 48 horas antes de concretar una compra no esencial. “Permite evaluar si realmente necesitamos el producto o si estamos reaccionando a una promoción, una publicidad o una facilidad de pago”, indica.
También recomienda prestar atención a las cuotas. Aunque cada pago mensual parezca pequeño, la acumulación de varias financiaciones puede comprometer una porción importante de los ingresos futuros.
Qué hacer con el dinero que se logra ahorrar
Una vez identificados y reducidos los gastos hormiga, el desafío pasa por evitar que ese dinero vuelva a desaparecer en otros consumos.
“Lo ideal es separar ese dinero cuando cobra y asignarlo a un objetivo concreto. De lo contrario, es muy probable que termine utilizándolo en otros consumos y que el ahorro nunca llegue a convertirse en patrimonio”, señala Parreira.
Antes de invertir, el especialista sugiere verificar dos cuestiones: no tener deudas con tasas elevadas y contar con un fondo de emergencia para afrontar imprevistos.
Superada esa etapa, la estrategia dependerá del horizonte temporal de cada persona. Para objetivos de corto plazo recomienda fondos comunes de inversión; para plazos intermedios, instrumentos de renta fija; mientras que para metas de largo plazo considera que puede incorporarse una mayor exposición a renta variable mediante Cedears o fondos internacionales.
“No necesitamos comenzar con un capital importante: la constancia puede terminar siendo más relevante que el monto inicial”, afirma.
Como ejemplo, plantea el caso de una persona que logra ahorrar e invertir el equivalente a u$s 100 por mes durante diez años. En ese período habrá aportado u$s 12.000. Si obtiene un rendimiento hipotético promedio del 7% anual en dólares, reinvirtiendo las ganancias, podría acumular alrededor de u$s 17.100.
Esto implica que los rendimientos aportarían aproximadamente u$s 5.100 adicionales.