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Las reservas internacionales del Banco Central (BCRA) cerraron el viernes en u$s 48.245 millones, con una caída semanal de u$s 1553 millones, afectadas principalmente por el pago de casi u$s 800 millones al Fondo Monetario Internacional (FMI) y por la moderación en el ritmo de acumulación de divisas.
El nivel de las reservas brutas quedó debajo del de fin de agosto, que fue de u$s 48.259 millones y en su menor monto desde julio (u$s 47.599 millones). El viernes, además, el balance de operaciones del Central quedó en cero compras de dólares en un contexto de mayor demanda de cobertura cambiaria y la cotización mayorista en un nuevo máximo nominal: 1525,50 pesos.
La caída semanal de las reservas tuvo como principal explicación el pago del vencimiento de capital con el FMI, con lo cual el saldo acumulado de septiembre quedó en u$s 232 millones, muy por debajo de meses anteriores. Y es que, a pesar de que en lo que va de 2026 el Central compró u$s 14.327 millones, el ritmo de acumulación desaceleró fuerte. En julio había adquirido más de u$s 2100 millones y en agosto, alrededor de u$s 768 millones.
El campo, la clave
El analista Christian Buteler vinculó la menor acumulación con la estacionalidad de ingreso de dólares. “Aunque la exportación de energía genera un flujo cada vez más constante, la mayor parte de las divisas todavía proviene del campo, cuya liquidación tiene una marcada temporalidad y no atraviesa en este momento su período de mayor oferta”. No obstante, destacó que “las compras no son significativas, pero buscan transmitir una señal de que la política sigue siendo acumular reservas”, señaló. Y confió en que el BCRA seguirá acumulando cuando encuentre oferta.
En la misma línea, el economista Federico Glustein dijo que la caída de las reservas no es ahora una señal de alarma. Consideró que, una vez finalizada la etapa de mayor liquidación del agro, sería lógico que el BCRA redujera el ritmo de compras y que el stock de reservas muestre una dinámica más moderada. “Es una dinámica normal para esta etapa del año”, afirmó a El Cronista. A su juicio, parte de la variación del stock responde a los movimientos en la cotización del oro y del swap, en un contexto internacional de volatilidad financiera, a lo cual se sumó la incertidumbre local y el posicionamiento de los inversores hacia las elecciones de 2027.
Para Buteler, el dólar debería continuar con un ajuste gradual. Según explicó, “el tipo de cambio viene evolucionando por debajo de la inflación y eso puede comenzar a aumentar la demanda de dolarización”. También señaló que el spread del contado con liquidación aumentó en las últimas semanas y que esa variable permite seguir la dinámica de entrada y salida de dólares por esa vía.
Dólar demandado
Glustein anticipó mayor demanda estacional hacia octubre y noviembre, por turismo y pago de gastos en el exterior. Proyectó un tipo de cambio oficial de entre $ 1650 y $ 1700 a fin de año, con un CCL algo por encima.
La discusión sobre las reservas se cruza con otra variable: las tasas de interés. Para Pedro Gaite, economista jefe de FIDE, “la prioridad sigue siendo tener el tipo de cambio tranquilo y, en ese sentido, la política monetaria es relativamente contractiva”. Allí aparece una tensión: el Gobierno necesita evitar que las tasas suban demasiado para no profundizar el deterioro de la actividad, pero al mismo tiempo debe impedir que una política monetaria demasiado expansiva presione al dólar. “La formación de activos externos aumenta y las reservas son un punto frágil de la macroeconomía”, sostuvo.
En ese marco, el mercado seguirá de cerca cuánto logra acumular el BCRA y cuánto de esa oferta de dólares aparece en estos meses, cuando la estacionalidad del agro cambie y aumente la demanda por turismo y cobertura.