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La desaceleración de la inflación podría tener un aliado inesperado: la nafta. Según la consultora 1816, los precios de los combustibles en la Argentina quedaron desalineados respecto del valor internacional del petróleo y deberían bajar alrededor de un 16% para volver a la relación histórica que existía con el barril Brent antes del conflicto en Medio Oriente.
La consultora estima que una reducción de esa magnitud tendría un impacto directo cercano a 0,65 puntos porcentuales sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC), sin considerar los efectos indirectos que una baja del combustible suele generar sobre transporte, logística y otros costos de la economía.
Sin embargo, el informe aclara que esa corrección no depende únicamente del mercado petrolero. La decisión pasa, en gran medida, por la estrategia que adopte YPF y por las prioridades que defina el Gobierno.
El “buffer” que explica por qué la nafta no baja
Cabe recordar que durante los meses en que el precio internacional del petróleo se disparó, YPF evitó trasladar completamente ese aumento a los surtidores.
Esa diferencia generó un “buffer” o colchón que permitió amortiguar el impacto sobre la inflación, pero también redujo los márgenes de refinación y comercialización.
Ahora ocurre el fenómeno inverso. Con el Brent que borró todo lo que subió antes de que explotara el conflicto en Medio Oriente los precios de los combustibles quedaron relativamente caros frente al petróleo.
Según 1816, el sobreprecio actual no implica necesariamente una distorsión, sino que representa la recuperación de ese margen perdido durante los meses anteriores.
En uno de los gráficos centrales del informe, la consultora muestra cómo el precio de la nafta permaneció por debajo de la evolución del Brent durante la suba del crudo y cómo actualmente ocurre el proceso inverso: el petróleo baja mientras los combustibles permanecen prácticamente estables.
Dos caminos para el Gobierno
A partir de ese diagnóstico, 1816 plantea dos escenarios posibles.
El primero consiste en mantener los precios actuales hasta aproximadamente mediados de noviembre, permitiendo que las refinadoras y, especialmente YPF, recuperen completamente el costo de ese “buffer”.
Bajo ese escenario, la relación histórica entre el Brent y la nafta volvería a equilibrarse sin necesidad de una baja nominal en los surtidores.
El segundo escenario apunta a acelerar el proceso de desinflación. En ese caso, el Gobierno podría impulsar reducciones en los combustibles durante los próximos meses, aprovechando el menor precio internacional del petróleo para seguir empujando el IPC hacia abajo.
Para la consultora, la velocidad de la desinflación dependerá, en parte, de cuál de esos dos objetivos termine prevaleciendo.
El mercado ya descuenta una inflación mucho más baja
El informe destaca que distintas mediciones privadas muestran que la inflación de junio habría perforado el 2% mensual, mientras que los precios implícitos de los bonos CER reflejan expectativas cercanas al 1,4% mensual hacia el cuarto trimestre del año.
Ante la consulta de El Cronista, el equipo de Balanz Research señaló que el mercado espera una inflación en torno a 1,9% para junio y julio, y 1,5% de promedio mensual para el segundo semestre, lo que arrojaría un 27,5% anual, corrigiendo hacia abajo desde algunas semanas atrás.
En ese contexto, una eventual baja de los combustibles podría convertirse en un catalizador adicional para consolidar esa tendencia.
No obstante, 1816 advierte que el precio de equilibrio de la nafta no es fijo. Cambia diariamente según la cotización del Brent, el tipo de cambio oficial, la carga impositiva sobre los combustibles y los costos del negocio de refinación y distribución.
Una decisión que trasciende a YPF
Leo Anzalone, director del CEPEC, en charla con El Cronista, analiza que en efecto, el Gobierno tiene una herramienta potencial para acelerar la baja de la inflación vía combustibles, “pero el punto clave es entender que hoy YPF viene operando con un esquema de buffer”.
“Esto es que cuando el Brent subió fuerte por la tensión en Medio Oriente, YPF no trasladó toda esa suba al surtidor y absorbió parte del impacto en sus márgenes. Ahora que el petróleo corrigió, antes de pensar en una baja de naftas, la lógica es recomponer ese colchón”, sentenció Anzalone.
Por eso, asegura el economista, “aunque hoy la paridad internacional muestre que podría haber margen para una baja cercana al 16%, no necesariamente eso se va a ver de inmediato en los surtidores”.
Para el experto, lo más probable es que el Gobierno use este contexto no para bajar fuerte combustibles, “sino para mantenerlos estables”. Y eso también ayuda a la inflación: “Si el resto de los precios sigue corriendo y los combustibles quedan quietos, el efecto desinflacionario existe igual, sólo que más gradual”, señaló el experto.
Por su parte, Federico Glustein, también economista, opinó que si bien existe el buffer y eso evito el escalamiento inflacionario, bajo su mirada, “el Gobierno no va a bajar el precio de los combustibles, sino que aprovechará a recuperar lo invertido para evitar la fuerte suba, además de mejorar la recaudación por impuesto a los combustibles en un contexto de caída de la recaudación en términos reales”.
Para Glustein, el avance del tipo de cambio durante el segundo semestre irá cerrando la brecha entre el precio local de los combustibles y el del petróleo. Por eso, ve poco probable una baja de la nafta: “La dinámica apunta a mantener los precios altos y recuperar terreno con una inflación cada vez menor”.