El Mundial 2026 no sólo enfrenta a las mejores selecciones del planeta, también se convirtió en una prueba para la economía estadounidense en un momento particular del ciclo global. Y es que la llegada de millones de turistas coincide con un escenario marcado por un dólar fortalecido frente a las principales monedas, un petróleo que corrigió a la baja luego del conflicto entre Israel e Irán y una inflación que todavía es un desafío para la Reserva Federal.
El cruce de esas tres variables genera un escenario inédito para el mayor evento deportivo del planeta. Mientras la demanda extraordinaria de hoteles, restaurantes, transporte y entretenimiento presiona sobre algunos precios en las ciudades sede, la baja del petróleo ayuda a contener parte de los costos asociados a la movilidad y la logística.
Más caro para los visitantes
Al mismo tiempo, un dólar más fuerte encarece el viaje para millones de turistas que llegan desde países cuyas monedas perdieron valor frente a la estadounidense.
La recuperación del dólar frente al euro, el yen, el real brasileño y otras divisas implica que, aun cuando los precios en Estados Unidos permanezcan estables, los visitantes internacionales necesitan destinar más recursos para afrontar los mismos gastos. En esta edición del Mundial el efecto cobra mayor relevancia porque Estados Unidos concentra la mayor cantidad de sedes y absorberá buena parte del flujo turístico. Pasajes internos, hoteles, gastronomía, transporte y compras se pagan, en su mayoría, en dólares.
El caso argentino
Para economías con monedas más débiles o con mayor volatilidad cambiaria, como la Argentina, el impacto es doble. Al mayor costo en destino se suma la evolución del tipo de cambio local.
Subió un 8% en las últimas dos semanas. En ese sentido, la Copa del Mundo comenzó con un dólar en torno a los $ 1.450 y hoy la cotización ya ronda los $ 1.500, un movimiento que modifica el presupuesto de quienes todavía evalúan viajar. A eso se agrega el precio internacional del petróleo, que influye sobre las tarifas aéreas y otros costos asociados al traslado.
Para Federico Glustein, economista, el escenario presenta fuerzas contrapuestas. Por un lado, la baja del petróleo puede transformarse en un alivio para la inflación estadounidense luego del impacto que había generado el conflicto en Medio Oriente.
“Puede colaborar con la reducción de la inflación”, sostiene. Sin embargo, advierte que el panorama sigue siendo complejo porque todavía persisten interrogantes sobre la evolución de la actividad global y el comportamiento de China, dos factores que también inciden sobre los precios internacionales.
Tasas elevadas
En ese contexto, la política monetaria seguirá ocupando un lugar central. Glustein señala que la Reserva Federal mantiene una estrategia de tasas elevadas para terminar de consolidar el proceso de desinflación, aunque reconoce que ese camino podría enfriar la actividad económica. “Existe la posibilidad de una economía norteamericana bajando el nivel de actividad si se sostiene este modelo más centrado en el enfriamiento”, explica.
El economista también destaca que la caída del petróleo no tiene un efecto unívoco sobre Estados Unidos. “Un barril estabilizado cerca de los u$s 70 continúa siendo atractivo para la producción doméstica y favorece a uno de los principales productores mundiales de crudo”, indica.
Sin embargo, advierte que un descenso mucho mayor podría poner en riesgo proyectos cuya rentabilidad depende de precios más elevados.
El dólar, en foco
Otro foco de atención está puesto sobre el dólar. Según Glustein, el mercado sigue de cerca los movimientos de la moneda estadounidense, impulsados por las tasas de interés y por la búsqueda de activos de refugio. En paralelo, los bancos centrales continúan incrementando sus compras de oro, mientras los inversores privados vuelven a mirar los bonos del Tesoro norteamericano, una combinación que mantiene al dólar como uno de los principales activos de resguardo en un contexto internacional todavía incierto.
Así, mientras el foco de millones de personas está puesto en lo que ocurre dentro de la cancha, fuera de ella también se disputa otro partido. La evolución del dólar, el petróleo y la inflación no sólo condicionará el costo del Mundial para turistas, empresas y organizadores, sino que también ofrecerá una nueva fotografía sobre el estado de la economía estadounidense y el rumbo que podría tomar la política monetaria en la segunda mitad del año.