El desafío de todo inversor bursátil es comprar acciones baratas y venderlas caras. Parece una tarea sencilla, pero la realidad es que no lo es. Los estrategas de Wall Street dedican enormes recursos y tiempo a analizar empresas, sectores y tendencias macroeconómicas para encontrar oportunidades en el mercado.
Aunque cada firma de inversión tiene sus propios modelos y metodologías, existen algunos criterios comunes que utilizan los profesionales para detectar acciones con potencial de apreciación.
El primer filtro: las valuaciones y ratios
Los inversores buscan permanentemente oportunidades en el mercado para optimizar los retornos de las carteras de inversión. Para ello, prácticamente todas las carteras de inversión cuentan con una proporción destinada a acciones.
En ese sentido, los analistas intentan detectar papeles que se encuentran subvaluados y que puedan mostrar retornos elevados a mediano y largo plazo.
De esta manera, identificar acciones baratas no es una cuestión de intuición ni de suerte, sino el resultado de una metodología rigurosa basada en el análisis fundamental profundo.
Uno de los pasos que llevan a cabo los analistas para identificar estas oportunidades es a partir del estudio de los estados financieros.
Los estrategas revisan indicadores como la generación de caja, niveles de endeudamiento, márgenes operativos y rentabilidad sobre el capital invertido, entre otros.
La calidad del balance suele ser especialmente relevante en períodos de tasas de interés elevadas, cuando las compañías más endeudadas enfrentan mayores dificultades para refinanciar sus obligaciones.
Una empresa puede cotizar con descuento porque atraviesa un período difícil.
Sin embargo, si posee una estructura financiera saludable, liquidez suficiente y capacidad para sostener sus operaciones, el mercado podría estar sobreestimando los riesgos.
A su vez, de los números contables se pueden obtener los ratios de valuación.
Entre los indicadores más utilizados se encuentran el ratio Precio/Ganancias (P/E), Precio/Valor Libro (P/B) y el Valor Empresa sobre EBITDA (EV/EBITDA).
Por ejemplo, si una empresa suele cotizar a 20 veces sus ganancias y actualmente lo hace a 12 veces, podría estar infravalorada.
Hoy cualquier inversor puede acceder gratuitamente a los principales ratios de valuación de las empresas del S&P 500 a través de plataformas financieras disponibles en internet.
Sitios como YahooFinance, Finviz, Macrotrends, CNBC, entre otros, permiten consultar indicadores como el Precio/Ganancias (P/E), Precio/Valor Libro (P/B), EV/EBITDA, margen operativo y crecimiento de beneficios.
Los estrategas suelen comparar estos múltiplos con los promedios históricos de cada compañía y con los de sus competidores para determinar si una acción cotiza con descuento.
Una empresa que presenta ratios significativamente inferiores a los de su sector puede convertirse en candidata para un análisis más profundo, aunque siempre es necesario verificar que el descuento no responda a problemas estructurales del negocio.
Además, los ratios de valuación no solo se comparan contra las acciones del mismo sector, sino contra el índice en general.
El P/E del S&P500 actualmente es 21 veces ganancias, cuando el promedio de 5 años es de 20 veces ganancias y de 19 veces ganancias el promedio de 10 años.
Por lo tanto, el ratio de valuación del S&P500 funciona como referencia respecto de lo que vale una compañía respecto del promedio general del mercado.
La actualidad muestra algunas señales de alerta.
Las valuaciones de las acciones estadounidenses nunca han sido más altas en 125 años.
Tomando un mix de ratios de valuación, tales como el PER histórico, PER proyectado, CAPE, P/B, P/S, EV/EBITDA, Ratio Q, Capitalización de mercado sobre PIB, se observa que cada métrica está en el percentil 95.
Es decir, incluso más alto que en la burbuja de los años 2000 y que en 1929.
El flujo de caja es la clave
Aunque indicadores clásicos como el ratio precio-beneficio (P/E) o el valor contable siguen siendo puntos de partida ineludibles, el inversor sofisticado de Wall Street ha aprendido que son insuficientes por sí solos.
En la era de la economía del conocimiento y los servicios digitales, el valor contable tradicional a menudo omite activos intangibles cruciales como la propiedad intelectual, el valor de marca o la eficiencia de la red.
Por ello, los estrategas modernos se enfocan obsesivamente en la calidad del free cash Flow (flujo de caja).
El beneficio neto puede ser manipulado mediante políticas contables o eventos extraordinarios, pero el efectivo disponible tras cubrir los gastos operativos y de capital es una realidad ineludible.
Una empresa que genera efectivo de manera consistente y eficiente suele ser la señal más clara de un modelo de negocio sostenible que el mercado, en su miopía momentánea, puede haber ignorado.
Los catalizadores: la clave para que una acción suba
Encontrar una acción barata es apenas una parte del trabajo ya que el verdadero desafío consiste en identificar qué evento podría llevar al mercado a reconocer ese valor oculto.
En Wall Street, estos eventos reciben el nombre de “catalizadores”.
Entre los más frecuentes se encuentran programas de recompra de acciones, reducción de costos, lanzamiento de nuevos productos, cambios en la administración, adquisiciones, escisiones de negocios o mejoras en el contexto económico.
Sin un catalizador claro, una acción puede permanecer infravalorada durante años.
Por ello, los estrategas no solo buscan empresas baratas, sino también razones concretas que puedan impulsar una revalorización futura.
Dentro de estos catalizadores, pueden ser eventos puntuales de la compañía o factores más globales que afecten la macro en la que dicha empresa se desarrolla.
Las expectativas sobre inflación, tasas de interés, crecimiento económico y política monetaria suelen influir directamente sobre la valuación de las empresas.
Cuando los estrategas anticipan cambios en el ciclo económico, comienzan a reposicionar sus carteras hacia sectores que podrían beneficiarse de esas transformaciones.
Por ejemplo, una eventual baja de tasas puede favorecer a compañías tecnológicas y de crecimiento, mientras que una recuperación industrial suele beneficiar a empresas vinculadas a materias primas, infraestructura y manufactura.
Llevado esto a la actualidad, la IA sigue siendo el principal motor del mercado.
Las expectativas de crecimiento de ganancias de las grandes tecnológicas y de toda la cadena de semiconductores, centros de datos y software explican buena parte de la suba del S&P 500 y del Nasdaq.
Varias firmas de Wall Street consideran que existe un “superciclo” de inversión en IA que está impulsando las utilidades corporativas.
Otro driver clave actualmente es la expectativa sobre cuándo la Reserva Federal subirá las tasas continúa siendo determinante.
Un escenario de tasas altas durante más tiempo presiona especialmente a las acciones de crecimiento porque reduce el valor presente de sus ganancias futuras.
Los datos recientes de empleo fuerte llevaron a algunos bancos de inversión a postergar sus previsiones de recortes de tasas y a sobreponderar las chances de ver subas en las tasas.
El factor de la psicología contraria
Finalmente, la identificación de oportunidades requiere una disciplina psicológica inusual.
Los mejores estrategas son, por definición, contrarios a lo que piensa la mayoría del mercado.
Es decir, se sienten cómodos operando cuando el pesimismo reina y las valoraciones están deprimidas.
Mientras el inversor promedio huye en busca de refugio ante la incertidumbre, el estratega institucional examina los estados financieros con frialdad, buscando esas ineficiencias causadas por el pánico vendedor o la falta de interés institucional temporal.
Una manera de ver el consenso del mercado es a través de las encuestas que realiza la Asociación de Inversores Individuales en Wall Street que marca la cantidad de optimistas, bajistas y neutrales.
Cuando el nivel de optimistas o pesimista alcanza niveles extremos, allí se dispara una oportunidad de venta o compra respectivamente.