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Si hubo un único momento en que Andy Burnham se reinventó como futuro primer ministro del Reino Unido, fue en lo más profundo de la pandemia.

De pie en los escalones de la Biblioteca Central de Manchester en octubre de 2020, vestido con jeans y una chaqueta de trabajador, arremetió contra las restricciones por el Covid impuestas entonces por el gobierno conservador.

Las palabras del alcalde del Gran Manchester tocaron una fibra sensible. Los bares pusieron carteles ofreciéndole hamburguesas gratis. En homenaje a Game of Thrones, los usuarios de redes sociales lo apodaron el Rey del Norte, un apodo que quedó. En una elección en mayo de 2021, Burnham ganó todos los distritos del Gran Manchester salvo uno.

“Era la percepción de que este tipo nos estaba defendiendo”, dijo una persona que trabajó con el alcalde. “Era el héroe del norte defendiendo al Gran Manchester”.

Burnham es el líder en espera del partido. La semana pasada ganó una elección parcial en Makerfield para volver al parlamento. Sir Keir Starmer, el primer ministro, anunció el lunes que renunciaría, lo que despejó el camino para que Burnham asuma.

Los índices de popularidad de Burnham vienen siendo, desde hace tiempo, mucho más altos que los de Starmer. “Tenés a un hombre cuyo apoyo está fuera de la escala de Richter en impopularidad por un lado”, dijo en mayo el diputado laborista mancuniano Graham Stringer. “Y a un hombre cuya popularidad está fuera de la escala de Richter por el otro”.

Con 56 años, Burnham ya se presentó dos veces a la conducción del Partido Laborista, en 2010 y 2015, y perdió. Esta vez cuenta con el respaldo de potenciales rivales, incluido el ex secretario de Salud Wes Streeting, del ala derecha del Laborismo.

Burnham viene recibiendo asesoramiento de varios diputados en los últimos meses, entre ellos Josh Simons, que dejó su banca como diputado de Makerfield para que Burnham pudiera competir por ese escaño.

Sin embargo, su estructura central sigue siendo pequeña. A diferencia de sus rivales en Londres, el alcalde no cuenta con un pequeño ejército a su alrededor: solo tiene derecho a un asesor político pago de tiempo completo, del que depende fuertemente. Durante la campaña de la elección parcial se sumaron algunos asesores más.

Sin embargo, es justamente su condición de outsider, alejado del impopular gobierno de Starmer, lo que lo vuelve tan atractivo como la persona indicada para enfrentar al Reform UK de Nigel Farage y al Partido Verde de Zack Polanski.

Los detractores de Burnham ven en él a un camaleón y señalan su fama de “panqueque” durante los 16 años que pasó en el parlamento.

En la década de 2000 fue ascendido en el gobierno por los primeros ministros Sir Tony Blair y Gordon Brown, y supervisó recortes como número dos del Tesoro antes de convertirse en secretario de Salud.

Tras la derrota laborista de 2010, se corrió hacia la izquierda. Brevemente formó parte del gabinete en la sombra del izquierdista Jeremy Corbyn, antes de ser elegido alcalde del Gran Manchester en 2017.

Para entonces, ya había apostado fuerte a su condición de norteño, lo que generó cierta burla. Cuando el sitio Mumsnet le preguntó en 2015 cuál era su galletita favorita, Burnham respondió que prefería “cerveza, papas fritas y gravy”.

La actual generación de diputados laboristas, muchos elegidos por primera vez en 2024, no conoce a Burnham tan bien como sus predecesores.

Sus aspectos desconocidos también han puesto en alerta a los mercados. De 10 gestores de fondos consultados por el FT en mayo sobre cuál de los principales candidatos a sucedir a Starmer sería el peor para el mercado de bonos del gobierno británico, seis eligieron a Burnham.

Si bien Burnham fue un alcalde “carismático” y eficaz, dijo Lord Jim O’Neill, el economista nacido en el Gran Manchester y ex ministro del Tesoro, Downing Street es una propuesta diferente.

O’Neill trazó un paralelismo con Boris Johnson, elegido para dos mandatos como alcalde de Londres pero que solo duró tres años como primer ministro.

A los mercados les preocupa, “igual que a mí”, que demasiados líderes británicos hayan resultado no estar preparados para las disyuntivas fiscales del gobierno, agregó.

La semana pasada, Burnham ganó una elección parcial en Makerfield para volver al parlamento.Fuente: EPAADAM VAUGHAN

El camino hacia la alcaldía

Burnham viene ganando con comodidad las tres elecciones a la alcaldía del Gran Manchester desde 2017. Su marca de outsider lo hizo atractivo para votantes mucho más allá de la ciudad, según Luke Tryl, de la encuestadora More in Common.

En el norte y en los Midlands, los votantes dicen con frecuencia que les gustaría tener “su propio Andy Burnham”, señaló Tryl.

Es difícil saber si el alcalde conservaría su estatus si llegara a ser primer ministro, agregó Tryl. “Pero como pasa esa prueba de autenticidad y de voz propia, probablemente logra ser escuchado de una manera que Starmer ya no parece poder lograr”.

Burnham ya pasó por muchas reencarnaciones.

Proveniente de un hogar católico y laborista en el pueblo de Culcheth, entre Manchester y Liverpool, recorrió el camino “de monaguillo a alcalde, con un paso por ministro de gabinete en el medio”, contó recientemente al think tank cristiano Theos.

Como joven asesor especial a comienzos de la década de 2000 en el gobierno de Blair, recién salido de una licenciatura en Letras en la universidad de Cambridge, formó parte de una generación de “portafolios” del Nuevo Laborismo que más tarde ocuparían cargos ministeriales en tiempos de la crisis financiera.

Un ministro que trabajó junto a Burnham recordó que este buscaba políticas que “tuvieran impacto”, como una medida de 2008 para introducir la natación gratuita para los mayores de sesenta años. (La política fue eliminada como parte de los recortes conservadores en 2010.)

El paso de Burnham por el gabinete no estuvo exento de polémicas. Aunque hoy es un ferviente defensor del control público, como secretario de Salud en 2010 inició el proceso que terminaría llevando al primer hospital de gestión privada dentro del NHS.

No siempre fue partidario de la descentralización. En 2015, mientras era secretario de Salud en la sombra, convocó a una reunión furibunda con los líderes laboristas del Gran Manchester. Burnham arremetió contra sus planes —recién acordados con el gobierno conservador— para transferir localmente algunas potestades en materia de salud. Más tarde advirtió públicamente que esos planes crearían un NHS “tipo queso suizo”, con algunas zonas locales exceptuadas.

“Estaba absolutamente fuera de sí por el acuerdo de salud... porque no era su acuerdo, básicamente”, dijo una persona presente en esa reunión. “Hoy no lo dirías”.

De hecho, es como alcalde del Gran Manchester que forjó su nueva marca.

Su gestión como alcalde

Un diputado laborista que simpatiza con Burnham, aunque no es un ferviente seguidor, dice que parte de su atractivo radica en su respaldo al “desvalido”.

Eso incluyó su campaña a nivel nacional por las familias de las víctimas de Hillsborough, la tragedia futbolística de 1989, y su exitosa campaña para lograr una compensación para las víctimas del escándalo de sangre contaminada del NHS.

“Es parecido a otras campañas populistas”, dice el diputado, “pero él construyó más soluciones basadas en su experiencia como alcalde, lo cual es distinto de otros líderes populistas”.

Como alcalde, Burnham inicialmente tuvo dificultades para adaptarse a un sistema nuevo y tecnocrático, según varias personas involucradas.

Algunas promesas, como la de 2017 de terminar con las personas que duermen en la calle para 2020, fueron vistas en general como arriesgadas. Logró reducir esa cifra de manera sostenida hasta la pandemia, mediante una red de nuevos refugios, aunque los números desde entonces casi volvieron a los niveles de cuando fue elegido por primera vez.

Su política más popular y eficaz es considerada, en general, el haber puesto bajo control público la red de colectivos del Gran Manchester. Esa medida, durante mucho tiempo un reclamo de campaña de los referentes laboristas locales, le dio a los líderes locales el control sobre rutas y tarifas por primera vez desde que Margaret Thatcher desreguló la red en la década de 1980.

El uso creció un 8% en las primeras zonas que pasaron a control público, la puntualidad mejoró y la red sigue creciendo, incluido un nuevo servicio nocturno. Los nuevos colectivos amarillos se convirtieron en una señal de cambio visible y popular en la ciudad.

Según varias personas involucradas en su momento, Burnham no estaba inicialmente convencido del control público, por temor a que costara demasiado y no funcionara. Fue persuadido por el peso de la opinión laborista local y la frustración pública con el anterior servicio de colectivos. Más tarde subió impuestos para financiar una política igualmente popular: la tarifa plana de u$s 2.

Burnham desde entonces colocó a ese enfoque en el centro de su argumento en favor de un mayor control público sobre los servicios públicos, el transporte y la vivienda.

“Entendió mejor que la política tiene que estar pegada a la gente”, dice un diputado que inicialmente era escéptico respecto de Burnham, “aunque no sean las grandes cosas vistosas que obsesionan a Westminster”.

Sin embargo, incluso sus propios partidarios señalan en él una aversión a las decisiones impopulares. En 2017 Burnham prometió desechar la impopular estrategia de uso del suelo del Gran Manchester, comprometiéndose a una nueva versión que no redujera el cinturón verde de la ciudad. La promesa resultó imposible de cumplir y uno de los 10 municipios de la región se bajó de la negociación tras años de idas y vueltas.

Una zona de cobro por emisiones para automovilistas quedó en pausa hace cuatro años ante otro rechazo público y finalmente fue eliminada el verano pasado boreal. Los carteles que anunciaban su puesta en marcha recién están empezando a desaparecer del anillo vial exterior M60.

“No creo que se haya despojado de esos rasgos por los que era conocido en Westminster”, dice una persona que trabajó de cerca con el alcalde. “Es muy reacio al conflicto. Andy quiere que lo quieran y evita tomar decisiones difíciles”.

Una segunda persona con experiencia de trato con él dijo que Burnham es a la vez “bien intencionado” y un “gran político, en el sentido de que identifica los temas populares o emergentes”.

“La gente que es buena como alcalde no necesariamente es buena como primer ministro”, agrega esa persona. “Miren a Boris... y, le guste o no, él y Boris Johnson son políticos parecidos”.

Muchos lo comparan con el ex primer ministro Boris Johnson.

El modelo Manchester

En un discurso central en enero, Burnham expuso su teoría sobre quién “rompió” a Gran Bretaña. “Fueron los cuatro jinetes del apocalipsis británico”, dijo en una conferencia del Institute for Fiscal Studies. “Desregulación, privatización, austeridad y Brexit”.

Como primer ministro, Burnham tendría la oportunidad de abordar los cuatro frentes.

En particular, adoptó la palabra “Manchesterismo”, históricamente asociada con los pensadores victorianos de libre mercado de la ciudad.

Esa idea se acercó a su modelo de gobierno, uno que profundizaría el control estatal sobre los servicios esenciales. “El control público lo es todo”, dijo en septiembre a la New Statesman.

Su filosofía equivale a un “socialismo amigable con los negocios”, según sus propias palabras, basado en décadas de asociación público-privada que comenzó a dar frutos en las estadísticas económicas de Manchester.

Muchos diputados laboristas temen que la economía sea el punto débil de Burnham. Sus comentarios del año pasado, según los cuales el país no debería estar “a merced” del mercado de bonos, fueron vistos en general como un error.

Burnham, en gran medida, no se mostró disuadido. Recientemente le dijo a Bloomberg que el endeudamiento para defensa podría hacerse fuera de las reglas fiscales que el actual gobierno convirtió en su consigna.

Un ensayo publicado en mayo por Louise Haigh, una influyente diputada de la izquierda moderada y aliada de Burnham, sostuvo que el Laborismo necesitaba equilibrar su deseo de cambio radical con un mensaje realista hacia los mercados.

El Tesoro debería usar proyecciones de más largo plazo y mediciones de retorno, dijo, para reconocer plenamente el valor de inversiones como infraestructura, construcción de viviendas y cuidado infantil.

Burnham tendrá que caminar en la cornisa entre inversores nerviosos y diputados laboristas que ven al gobierno de Starmer como insuficientemente radical.

Un ex ministro que trabajó con Burnham durante sus años en el Nuevo Laborismo dice que su última plataforma de izquierda es “auténtica”, aunque reconoce que puede haber también tácticas de por medio.

“Perdió algunas elecciones internas frente a la derecha”, dice el ex ministro. “Así que yo distinguiría entre lo que necesitará decir para atravesar el proceso de sucesión, si lo hay... y, probablemente, cómo gobernaría”.

A lo largo del centro, la izquierda moderada y la izquierda más dura del bloque parlamentario, muchos diputados concluyeron que le llegó el turno a Burnham, aunque no tengan del todo claro qué haría.

“Creo que la visión generalizada no es que sea el mesías”, dijo un diputado norteño de izquierda. “Pero es bastante mejor que lo que tenemos”.