En América Latina, las elecciones pueden ejercer una intensa presión sobre los planes de estabilización económica, sobre todo cuando incluyen un tipo de cambio fijo o administrado por las autoridades.

En 1994 en México y luego en Brasil en 1998, los gobiernos lograron sostener tipos de cambio fijos durante las campañas electorales, solo para verse obligados poco después a devaluaciones caóticas.

Mientras Argentina se prepara para una elección presidencial que podría ser muy reñida el año próximo, una pregunta similar sobre la política cambiaria del país acecha en un segundo plano.

El gobierno de Javier Milei implementó un plan de estabilización que redujo drásticamente la inflación, del 211% cuando asumió en 2023 al 33,5%. Además de los fuertes recortes fiscales, una de las anclas fue un tipo de cambio cuidadosamente administrado por las autoridades.

Sin embargo, algunos economistas y empresarios en Argentina creen que la moneda está sobrevaluada, lo que ayuda en la lucha contra la inflación pero que, según ellos, agrava los costos económicos de la apertura más amplia de la economía que implementó Milei.

Con encuestas que sugieren elecciones impredecibles en medio del descontento por una economía estancada, algunos analistas consideran muy probable que haya nerviosismo entre los inversores respecto del peso. De hecho, la moneda suele sufrir en los períodos preelectorales, ya que el mercado es extremadamente sensible a la política debido a la historia del país de cambios abruptos en la política económica. Las elecciones incluyen la disputa por la presidencia, por algunas bancas del Congreso y por la mayoría de las gobernaciones provinciales.

“La situación hoy está relativamente controlada, pero creo que el año que viene se va a empezar a ver cierta presión sobre la moneda”, afirma Martín Rapetti, profesor de economía de la Universidad de Buenos Aires.

Argentina ya tuvo un ensayo de este proceso. Antes de las elecciones legislativas del pasado octubre, los inversores empezaron a temer que al gobierno de Milei le fuera mal. Eso desató una corrida contra el peso que amenazó con deshacer la estabilización macroeconómica de Milei.

Recién después de que el gobierno de Trump, que ve a Milei como un aliado regional clave, le ofreciera al gobierno una línea de swap por u$s 20.000 millones, los mercados comenzaron a estabilizarse. El ánimo de los inversores repuntó luego cuando el partido de Milei finalmente triunfó en las elecciones.

Los partidarios de Milei sostienen que la economía argentina está ahora en una posición mucho más sólida para resistir las presiones de un año electoral.

Para empezar, argumentan que el gobierno aprovechó bien su victoria en las elecciones legislativas e impulsó una serie de reformas que, según dicen, le dieron al plan de estabilización raíces mucho más profundas.

El boom de las exportaciones también aporta una plataforma más sólida para la política cambiaria, como resultado de nuevas inversiones en minería y de la expansión de la producción de petróleo y gas en el enorme yacimiento de shale de Vaca Muerta. Entre enero y agosto de este año, las exportaciones fueron un 21% más altas que en el mismo período del año pasado, mientras que el superávit comercial de u$s 18.000 millones fue más de tres veces mayor.

Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, afirma que las exportaciones podrían triplicarse en los próximos cinco a seis años como resultado de nuevas inversiones en el sector de recursos naturales.

En parte gracias al aumento de las exportaciones, el gobierno pudo incrementar de manera sostenida sus reservas en moneda extranjera. En enero, el Banco Central se fijó la meta de sumar u$s 10.000 millones a las reservas a lo largo de 2026: alcanzó ese objetivo en junio.

Durante su visita a Buenos Aires en julio, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, expresó su confianza en que Argentina cumplirá con sus obligaciones de deuda. “Argentina está en una posición mucho más sólida”, dijo.

De hecho, la política cambiaria ya se volvió más flexible en el último año, entre otras cosas mediante una ampliación de las bandas dentro de las cuales se permite operar al peso, lo que habilita un ritmo de depreciación levemente más rápido.

Argentina también podría contar con el respaldo de las dos mayores economías del mundo. En agosto, China renovó por otros cinco años un acuerdo bilateral de swap de monedas por u$s 19.000 millones, lo que aporta una fuente clave de reservas al Banco Central argentino.

Sin embargo, el apoyo de EE.UU. no está garantizado. Dada la prioridad que el gobierno de Trump le asigna a conservar su primacía en el hemisferio occidental, tendría un fuerte incentivo para volver a respaldar a Milei si su gobierno lo necesitara.

El año pasado antes de la elecciones legislativas, después de que el gobierno de Trump le ofreciera al gobierno una línea de swap por u$s 20.000 millones, los mercados comenzaron a estabilizarse. Fuente: X @luiscaputoar

Aun así, los economistas creen que todavía hay algunas razones para pensar que el peso podría volver a quedar bajo presión durante el próximo año.

Muchos, aunque no todos, creen que está sobrevaluado, lo que reduce la competitividad de las empresas manufactureras. El FMI calcula que la moneda está sobrevaluada entre un 9% y un 20%, según la metodología utilizada, aunque subraya que esto no equivale a una recomendación de una devaluación de la misma magnitud.

Las empresas industriales se quejan de que, como se eliminaron muchas de las regulaciones vinculadas al comercio, también tienen que lidiar con una avalancha de mercadería de contrabando que ingresa al país y con importaciones a precios de dumping provenientes de países como China.

“Estamos en un momento muy difícil”, afirma Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina. “Tenemos un gran problema de cierre de empresas y vimos que se perdieron muchos puestos de trabajo”.

Argentina también sigue teniendo necesidades considerables de financiamiento externo. El año próximo, las autoridades deberán refinanciar alrededor de u$s 26.000 millones en deudas en moneda extranjera que vencen, y más de u$s 30.000 millones al año siguiente.

El gobierno de Milei optó por no endeudarse en los mercados internacionales de capitales para reforzar sus reservas, porque sostiene que las tasas ofrecidas son demasiado caras. En declaraciones de julio, el ministro de Economía, Luis Caputo, dijo que el gobierno podía cubrir cómodamente todos sus pagos sin volver a los mercados internacionales.

“Nuestro programa supone cero [financiamiento a través de los mercados internacionales]”, afirma Caputo. “Para nosotros, salir a los mercados internacionales es simplemente una opción más; no es un objetivo prioritario”.

Sin embargo, la prima de riesgo de Argentina —el diferencial de su deuda respecto de los bonos del Tesoro de EE.UU. y el costo que enfrentaría su deuda— empezó a subir a medida que los inversores se volvieron menos seguros respecto de las perspectivas de reelección de Milei.

Tras haber caído de 25 puntos porcentuales en 2023 a 4 puntos porcentuales a comienzos de este año, volvió a subir por encima de los 6 puntos porcentuales. Muchos economistas creen que la ventana para salir a los mercados ya se cerró. Es una señal temprana de que el nerviosismo empieza a volver al mercado.