Asturias es sinónimo de mar bravo, praderas verdes y pueblos con identidad propia. La llamada costa verde asturiana guarda enclaves que parecen detenidos en el tiempo, donde el Cantábrico marca el ritmo de la vida diaria y el paisaje lo envuelve todo.
En el occidente del Principado, dentro del concejo de Valdés, se encuentra Luarca, una villa marinera construida en torno a su puerto natural y protegida por colinas que la aíslan del ruido. Este destino no solo destaca por su belleza costera: aquí se esconde uno de los jardines botánicos privados más extensos de Europa y el legado de un premio Nobel.
Luarca, la villa asturiana que mira al Cantábrico
Conocida como la Villa Blanca de la Costa Verde, Luarca conserva su esencia pesquera. Su puerto, todavía activo, estructura el casco urbano y conecta con barrios escalonados que ascienden hacia los miradores.
Entre sus enclaves más visitados se encuentran el faro de Luarca, la capilla de La Atalaya y el cementerio del mismo nombre, situado en un promontorio sobre el mar. En este camposanto descansa Severo Ochoa, premio Nobel de Medicina en 1959, nacido en esta localidad en 1905, según recoge la Fundación Severo Ochoa.
El conjunto urbano combina arquitectura tradicional asturiana con casas indianas, reflejo de la emigración a América en los siglos XIX y XX. Pasear por sus calles estrechas y cruzar el puente del Beso permite entender por qué es uno de los destinos más fotografiados del occidente asturiano.
Los Jardines de la Fonte Baixa: más de 20 hectáreas frente al mar
A pocos kilómetros del centro se encuentran los Jardines de la Fonte Baixa, considerados uno de los jardines botánicos privados más grandes de Europa. Este espacio supera las 20 hectáreas de extensión y reúne especies vegetales procedentes de distintos continentes.
El proyecto fue impulsado por José Rivera de Larraya, V Marqués de San Nicolás de Nora, y su diseño combina jardines ornamentales, especies exóticas y miradores con vistas abiertas al Cantábrico. La ubicación, en una ladera con orientación al mar, crea un microclima que favorece la presencia de variedades poco habituales en el norte peninsular.
Los jardines no solo son un atractivo botánico. Se han convertido en uno de los principales reclamos turísticos de la zona, al sumar naturaleza, arquitectura paisajística y panorámicas únicas sobre la costa asturiana.
Cabo de Busto y la naturaleza más salvaje del occidente asturiano
Si busca acantilados abiertos y rutas al aire libre, el Cabo de Busto es una parada obligatoria. Situado a unos 15 minutos en coche desde Luarca, este enclave natural ofrece vistas amplias del mar Cantábrico y senderos que recorren praderas y cortados verticales.
Desde sus miradores se aprecia la fuerza del litoral asturiano, con acantilados que superan los 100 metros de altura en algunos tramos. Es uno de los puntos más valorados por senderistas y amantes de la fotografía de paisaje.
La combinación de puerto pesquero, jardines botánicos y naturaleza abrupta convierte a Luarca en un destino completo. No se trata solo de una villa costera más: es un enclave donde la tradición marinera convive con patrimonio científico y riqueza natural.
Gastronomía asturiana con sabor a mar
La gastronomía de Luarca mantiene la esencia del Cantábrico. Los pescados frescos y los mariscos ocupan un lugar central en las cartas locales, junto con platos tradicionales como la fabada asturiana y los guisos marineros.
La sidra natural forma parte de la experiencia culinaria, y en los alrededores también se encuentran pastelerías artesanas que combinan recetas tradicionales con influencias contemporáneas.
Visitar Luarca implica caminar por su puerto al atardecer, subir al faro para contemplar el horizonte y descubrir un jardín inesperado que rivaliza en extensión con grandes espacios botánicos europeos. En plena costa verde, esta villa marinera mantiene intacto su carácter y ofrece una experiencia que combina historia, naturaleza y patrimonio.