El sueño de crear uno de los mayores refinadores de crudo de Europa terminó abruptamente. Hoy lunes, Galp Energia, primera petrolera de Portugal, anunció que las negociaciones con Moeve, la segunda mayor de España, no siguen adelante.
La historia, que generó una enorme expectativa en el sector, comenzó el pasado 8 de enero cuando ambas compañías comunicaron un acuerdo no vinculante sobre la posible combinación de sus negocios de downstream en la península Ibérica, para crear dos plataformas independientes. En concreto, la idea era fusionar sus negocios de refinería, productos químicos y venta al por menor de combustible.
La presidenta de Galp, Paula Amorim, señaló en un comunicado que ‘”aunque la lógica estratégica que sustentaba la operación propuesta sigue siendo convincente, las partes no lograron alcanzar la sintonía comercial necesaria para consolidar una alianza duradera y creadora de valor”, informó Reuters.
La Bolsa reaccionó con un fuerte castigo al situar el valor de Galp entre los más golpeados del índice paneuropeo STOXX 600 y lo encaminó hacia su mayor caída diaria en 11 meses. A primera hora de la tarde, los títulos de la petrolera caían un 9,28%.
Este derrumbe no hace más que reflejar la decepción de los inversores, quienes daban por hecho un acuerdo a comienzos del cuarto trimestre para despejar los principales obstáculos para una hipótesis de adquisición de la compañía portuguesa, “y que la ausencia de acuerdo podría poner en entredicho la prima de valoración de Galp frente a sus competidoras”, aseguraron los analistas de RBC.
Posibles causas de un fracaso inesperado
Los analistas achacan la ruptura a distintos factores, entre los cuales sobresale la actual situación geopolítica, con el foco puesto en Oriente Medio. Quienes se apuntan (la mayor parte de los observadores) a esta causa, subrayan la volatilidad de los precios y los márgenes del negocio petrolero. Así pues, de acuerdo a este grupo, el vaivén de los valores habría complicado el entendimiento económico.
El segundo factor que gana peso tiene que ver con el relevante peso estratégico de la refinería portuguesa de Sines, al que las autoridades lusas le otorgan un fuerte papel estratégico en el contexto de la actual crisis geoestratégica.
En rigor, el gobierno portugués intensificó sus presiones para evitar que Galp perdiera el control de la refinería en Sines.
Por su parte, Maarten Wetselaar, consejero delegado de Moeve, reconoció que tras extensas conversaciones, no fue posible alcanzar un acuerdo comercial con Galp. “Seguimos plenamente centrados en ejecutar nuestra transformación con disciplina financiera y en generar valor sostenible a largo plazo”, dijo en un comunicado.
¿Qué es lo que se cayó?
En caso de haberse cerrado el acuerdo, una sociedad industrial independiente habría agrupado la refinería lusa de Sines con las plantas de Moeve en Huelva y Algeciras, dando lugar a una plataforma con una capacidad de procesamiento cercana a los 700.000 barriles diarios de crudo. Reuters recuerda que estaba previsto que Moeve contara con una participación de control y que Galp retuviera más del 20%.
Lo cierto es que la integración, valorada en 18.000 millones de euros en su conjunto, hubiera representado la mayor integración intraeuropea entre petroleras, cuyo resultado hubiera sido el nacimiento en Europa de dos nuevos colosos petroleros, tanto en refinerías como en comercialización.
De acuerdo a la hoja de ruta marcada por ambas compañías, el área que agruparía las refinerías operaría bajo el nombre IndustrialCo, mientras aquella que aglutinaría a las gasolineras y tiendas, lo haría bajo la denominación RetailCo.
En cuanto al reparto accionarial, Moeve, se quedaría con el 80% de IndutrialCo y Galp el 20% restante. En tanto, RetailCo sería compartida al 50%. Afuera de la sociedad quedarían el negocio del upstream y el segmento de las renovables de Galp, este último de mayor peso que las de Moeve.
Para poner blanco sobre negro, el final del acuerdo mantiene las actividades de refino, química y venta de carburantes bajo la exclusiva titularidad de Galp, mientras la empresa prosigue centrada en sus principales áreas de crecimiento, entre las que destacan la producción de crudo en Brasil y las energías renovables.
Así las cosas, las dos compañías tenían previsto crear una división minorista con una red de unas 3500 estaciones de servicio, ubicadas principalmente en España y Portugal. El acuerdo incluía, además, una participación repartida a partes iguales entre ambos grupos.
Moeve contraataca con Positive Motion
En el comunicado que informa sobre la ruptura del diálogo, la petrolea controlada por el fondo abudabí Mubadala y de la sociedad de capital riesgo estadounidense The Carlyle Group, aseguró que está plenamente centrada en ejecutar su estrategia Positive Motion para convertirse en líder europeo en moléculas verdes y movilidad sostenible.
En los últimos meses, inició la construcción del mayor proyecto de hidrógeno verde de Europa para la producción de energía, con una capacidad inicial de 300 MW y una inversión superior a 1000 millones de euros.
Asimismo, está cerca de completar el mayor complejo de biocombustibles de segunda generación (2G) del sur de Europa, que representa una inversión de 1200 millones de euros y cuya entrada en operación está prevista para 2027.
“Positive Motion siempre ha sido una estrategia independiente. La posible combinación del negocio de downstream con Galp representaba una oportunidad para acelerar la creación de valor, pero nunca fue una condición para su ejecución”, afirmó Wetselaar.