

Después de una tragedia, encontrar las palabras adecuadas para acompañar a quienes han perdido a un ser querido o atravesado una experiencia traumática puede resultar difícil. Las expresiones que habitualmente se utilizan para tranquilizar o dar ánimo no siempre tienen el efecto esperado y, en algunos casos, pueden aumentar el malestar de las víctimas.
El accidente ferroviario ocurrido el miércoles 28 de octubre en Urda (Toledo), que dejó al menos 69 muertos y más de un centenar de heridos, volvió a poner de manifiesto la importancia del acompañamiento psicológico durante las primeras horas y los días posteriores a una catástrofe.
En una entrevista con El Cronista, Miguel Ángel Estévez Paz, profesor del CES Cardenal Cisneros, especialista en psicología de emergencias, explica qué frases conviene evitar, cómo ayudar sin invadir la intimidad de los afectados y por qué respetar sus tiempos resulta fundamental para la recuperación.

Las tres frases que nunca deberías decirle a una víctima de una tragedia
Aunque suelen pronunciarse con buenas intenciones, algunas expresiones pueden transmitir a los supervivientes que sus emociones son exageradas o que deberían recuperarse más rápidamente.
Estévez Paz identifica tres frases que conviene evitar:
- “Tranquilo, no pasa nada”.
- “Podría haber sido peor”.
- “Tienes que pasar página”.
“Aunque se digan con cariño, minimizan lo vivido y hacen que la respuesta de quien sufre parezca exagerada”
La primera expresión puede invalidar el miedo de alguien que acaba de atravesar una situación extrema. La segunda introduce una comparación que resta importancia a su experiencia, mientras que la tercera puede interpretarse como una exigencia de superar lo ocurrido antes de sentirse preparado.
En lugar de intentar encontrar una explicación o minimizar el sufrimiento, Estévez Paz recomienda ofrecer compañía sin imponer conversaciones.
Una frase sencilla como “si necesitas algo, aquí estoy” puede representar una ayuda importante. “Simplemente estar ya es de gran ayuda”, sostiene.
Cómo acompañar a un superviviente sin obligarlo a hablar del accidente
Uno de los errores que pueden cometer familiares y allegados es insistir en que la persona relate lo ocurrido, incluso cuando todavía no está preparada para hacerlo.
Estévez Paz recomienda escuchar cuando el afectado quiera hablar, sin exigir detalles ni cambiar de tema cuando exprese miedo, angustia o malestar. El silencio también forma parte del proceso y no necesariamente significa que la persona esté rechazando la ayuda.
Esta recomendación coincide con la de Lourdes Fernández, psicóloga de emergencias consultada por EFE, quien advierte que el desahogo emocional debe respetar las necesidades individuales.
“Jamás obligaremos a hablar a nadie que no quiera. Algunas víctimas necesitan permanecer en silencio y que ese silencio también debe estar acompañado”, explica.
Para Estévez Paz, otro aspecto fundamental es evitar la sobreprotección. Tomar decisiones por los supervivientes o impedirles realizar actividades por temor a que sufran puede dificultar la recuperación de su autonomía.
El objetivo del acompañamiento debe ser facilitar que cada persona retome gradualmente su vida cotidiana, sin imponerle tiempos ni respuestas emocionales.
Qué necesitan los supervivientes durante las primeras horas de una tragedia
Más allá del consuelo emocional, las personas que acaban de sobrevivir a una catástrofe necesitan recuperar cuanto antes la percepción de seguridad.
Según Estévez Paz, esto implica garantizar su integridad física, proporcionar información clara sobre lo ocurrido y facilitar el contacto con familiares y personas de confianza. “Seguridad física primero; información clara y veraz sobre lo que está pasando y lo que va a pasar después y conocer el paradero y el estado de los suyos”, explica.
El acompañamiento también requiere reconocer que las reacciones pueden ser muy diferentes. Algunas personas lloran, tiemblan o expresan abiertamente su angustia, mientras otras permanecen en silencio, bloqueadas o aparentemente tranquilas.
Por eso, el especialista insiste en que no se debe imponer una manera determinada de afrontar lo sucedido.
También considera importante que los afectados recuperen progresivamente su capacidad de decisión y reconozcan las acciones que les permitieron sobrevivir, como salir del peligro o ayudar a otras personas.
Cómo ayudar a las familias que todavía esperan noticias de sus seres queridos
El acompañamiento adquiere una dimensión especialmente delicada cuando los familiares desconocen el paradero o el estado de salud de una persona involucrada en el accidente.
En estas situaciones, Estévez Paz recomienda contener la desesperación sin generar falsas esperanzas. Aunque la intervención psicológica no puede acortar la espera, sí puede aliviar algunas de las dificultades que la acompañan.
Facilitar comida, bebida, descanso o un espacio para conversar son pequeños cuidados que pueden contribuir a hacer más llevaderas esas horas de incertidumbre.

El especialista advierte que hay una regla fundamental: no transmitir información que no esté oficialmente confirmada. “Una verdad dura hace menos daño a la larga que una ambigüedad bienintencionada”, sostiene.
Por eso, recomienda evitar especulaciones sobre el estado de las víctimas y recurrir únicamente a los canales oficiales de información.
Tras el accidente de Toledo, Renfe e Iryo habilitaron centros de atención a familiares en Madrid, Córdoba y Sevilla, con apoyo psicológico. También pusieron a disposición la línea gratuita 900 10 10 20 para resolver dudas relacionadas con trámites y desplazamientos, según informó EFE.
Para Estévez Paz, el acompañamiento debe continuar incluso después de que termine la emergencia y disminuya la atención pública sobre lo ocurrido. “El dolor de las familias más dañadas por esta catástrofe seguirá ahí, mucho después de que este accidente abandone las portadas”, advierte el especialista.













