

Cuando se piensa en países herméticos, Corea del Norte suele acaparar la atención. Sin embargo, hay otro rincón del mundo con rasgos similares de aislamiento, culto al líder y políticas estatales extremas, aunque mucho menos conocido. Su capital parece sacada de un decorado de cine y la vida diaria está marcada por el control, aunque también por ciertos privilegios.
A primera vista, el país parece salido de una ficción distópica. Edificios blancos, calles sin publicidad, ausencia total de wifi público y un control estricto sobre la vida cotidiana forman parte del paisaje habitual. Este entorno urbano, diseñado de forma casi uniforme, responde a una decisión política que busca proyectar orden, pureza y autoridad.
Al mismo tiempo, el Estado garantiza servicios básicos gratuitos como el agua y la electricidad, una combinación poco habitual incluso entre países con grandes recursos energéticos.
Este modelo, sostenido por amplias reservas de gas natural, lo convierte en uno de los casos más singulares del mundo contemporáneo y despierta interrogantes sobre el equilibrio entre bienestar material y control social.

Qué hace único a este país donde todo es blanco y no hay wi-fi
El país en cuestión es Turkmenistán, una antigua república soviética situada en Asia Central. Desde su independencia en 1991, el Estado ha desarrollado un sistema político altamente centralizado, con un fuerte culto a la figura presidencial y un control estricto de los medios de comunicación y de la vida pública.
Uno de los rasgos más visibles es el color blanco dominante en su capital, Asjabad. La mayoría de los edificios oficiales están revestidos de mármol blanco, una característica que le valió récords internacionales y una imagen urbana casi irreal. Esta estética responde a una decisión política y simbólica del poder.
Por qué en este país ofrece servicios gratis durante años, el Estado garantizó a todos los ciudadanos el acceso sin coste al agua, la electricidad y el gas natural.

La vida diaria en Turkmenistán bajo censura
Turkmenistán tiene uno de los niveles de censura más altos del planeta. Según Reporteros Sin Fronteras, ocupa el puesto 176 de 180 en libertad de prensa y el acceso a redes sociales como WhatsApp, Facebook o YouTube está bloqueado. Solo se permite el uso de aplicaciones controladas por el gobierno.
El internet doméstico es limitado, costoso y extremadamente lento. Muchos ciudadanos no cuentan con conexión en sus hogares y las VPN están prohibidas por ley. En cambio, el gobierno promueve canales estatales y plataformas de noticias oficiales como el único medio de información.












