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El trabajo de taxista implica mucho más que conducir durante horas: exige largas jornadas, trato directo con el público y un desgaste físico que se acumula con los años. Así lo relató José Antonio, un conductor con años de experiencia que trabaja en Roquetas de Mar (Almería), donde se instaló tras empezar en el oficio junto a su padre en Barcelona.

Según explicó, la rutina habitual implica trabajar seis días a la semana y jornadas de hasta 12 horas diarias. “Como norma general, es una ley no escrita: trabajamos 12 horas”, contó.

A pesar del esfuerzo, los márgenes no son tan altos como muchos imaginan: “Quitando todos los gastos, te puede quedar un sueldo de unos 2.000 euros al mes, limpio”, detalló, aunque aclaró que la cifra varía según la temporada, sobre todo en zonas turísticas.

Las claves de los ingresos para el taxista en Barcelona.

Cómo es la rutina de un taxista autónomo

José Antonio compró su propia licencia y trabaja por cuenta propia, lo que le permite organizar sus turnos, aunque siempre dentro de la regulación municipal. “Yo trabajo para mí, el turno me lo hago yo, soy autónomo, pero siempre en función de las condiciones que nos pone el Ayuntamiento”, matiza.

Su jornada empieza temprano, sobre las siete de la mañana, en la parada más cercana a su casa. En Roquetas, la mayoría de los servicios se solicitan a través de aplicaciones, WhatsApp o teléfono, y un sistema los reparte al taxi más cercano.

Buena parte del tiempo transcurre en las paradas, a la espera de clientes: “Hay épocas en las que nos metemos muy poco y hay épocas en las que tenemos que estar mucho tiempo en las paradas”, cuenta. Esos ratos los aprovecha incluso para un segundo trabajo como responsable de taxis, con el ordenador portátil.

El trato con los pasajeros en una ciudad pequeña

La relación con los clientes cambia según el tamaño de la ciudad. En una localidad como Roquetas, José Antonio suele coger muchas veces a las mismas personas, lo que genera un vínculo más cercano. “Acabas teniendo un trato más familiar. En las grandes ciudades es mucho más impersonal: coges a una persona y no la vuelves a ver”, compara, y reconoce que esa cercanía le gusta mucho más.

Esa relación convierte a los taxistas en “un poco psicólogos”, según cuenta, ya que escuchan las historias personales de los clientes, aunque él evita involucrarse en temas delicados. También afronta situaciones incómodas, como pasajeros ebrios o intentos de impago; para evitarlos, a veces pide el móvil como fianza antes de que el cliente baje del coche.

La competencia y el valor del taxímetro

El sector se enfrenta también a la competencia de quienes trabajan sin licencia. José Antonio defiende la transparencia del taxímetro oficial, que lleva un precinto técnico inalterable y garantiza el cobro exacto. “El taxímetro tiene una cosa buena: siempre es lo mismo, nunca sube ni baja”, afirma.

Además, destaca que el oficio se moderniza, con precios cerrados y herramientas digitales para responder a lo que piden los usuarios. Una forma de adaptarse a los nuevos tiempos en un trabajo que, pese a la dureza de las jornadas, sigue teniendo para él el atractivo del trato cercano con la gente.