- Los primeros minutos de una guerra nuclear
- Qué ocurre cuando las explosiones alcanzan las ciudades
- El estudio de Carl Sagan que calculó el efecto de 100 megatones
- Por qué el invierno nuclear puede durar meses
- Las primeras horas pueden dejar decenas de millones de víctimas
- El frío y la falta de alimentos llegarían después
Una guerra nuclear puede escalar en cuestión de minutos. La periodista Annie Jacobsen reconstruyó en su libro “Guerra nuclear: un escenario”, publicado en 2025 en español, una secuencia de 72 minutos que comienza con el lanzamiento de un misil nuclear y termina en un intercambio a gran escala entre potencias nucleares. El escenario fue construido a partir de entrevistas con especialistas, documentos y estudios sobre los sistemas militares y nucleares actuales.
Después de las explosiones comienza una segunda fase. Los incendios provocados por las detonaciones pueden liberar enormes cantidades de humo y partículas que ascienden hacia la atmósfera. La reducción de la radiación solar que llega a la superficie puede provocar un descenso brusco de las temperaturas y alterar las precipitaciones y la producción de alimentos. Es el fenómeno conocido como invierno nuclear.
Los primeros minutos de una guerra nuclear
En el escenario de Jacobsen, el primer ataque parte de Corea del Norte y tiene como objetivo Washington y una central nuclear en California. Los sistemas de alerta estadounidenses detectan el lanzamiento y comienza una cadena de decisiones que se desarrolla mientras el misil continúa avanzando hacia su objetivo.
A los 3 minutos y 15 segundos del lanzamiento, el presidente de Estados Unidos recibe la información. A los 9 minutos se intenta interceptar el misil, pero el intento fracasa. A los 23 minutos se produce la primera detonación y el presidente estadounidense ordena una represalia contra Corea del Norte.
La respuesta estadounidense utiliza 82 ojivas nucleares. Los misiles sobrevuelan territorio ruso en su trayectoria hacia Corea del Norte y Moscú interpreta el lanzamiento como un ataque contra Rusia. A los 41 minutos, según la reconstrucción, Rusia detecta el ataque y comienza su propia respuesta. La cronología completa aparece publicada por la Arms Control Association.
La escalada continúa hasta que Estados Unidos responde al ataque ruso con su arsenal estratégico. El intercambio nuclear completo termina 72 minutos después del lanzamiento inicial.
Qué ocurre cuando las explosiones alcanzan las ciudades
Las consecuencias inmediatas de una detonación nuclear incluyen una onda expansiva, temperaturas extremas, radiación y enormes incendios.
El fuego adquiere una importancia especial cuando se producen múltiples explosiones sobre zonas urbanas. Las llamas pueden extenderse por edificios, vehículos, instalaciones industriales y bosques, generando enormes columnas de humo.
Las partículas de carbono presentes en ese humo pueden absorber la radiación solar y alcanzar grandes alturas. Una vez en la estratosfera, pueden permanecer durante mucho más tiempo que las partículas que se encuentran cerca de la superficie.
Ese proceso es el origen del concepto de invierno nuclear, estudiado científicamente desde comienzos de la década de 1980.
El estudio de Carl Sagan que calculó el efecto de 100 megatones
En 1983, Richard Turco, Owen Toon, Thomas Ackerman, James Pollack y Carl Sagan publicaron en Science el estudio Nuclear winter: Global consequences of multiple nuclear explosions.
Los investigadores utilizaron modelos atmosféricos para estudiar las consecuencias climáticas de diferentes intercambios nucleares. Analizaron el efecto combinado del polvo generado por las explosiones y del humo producido por los incendios urbanos y forestales.
Uno de los resultados más importantes fue que unas 100 megatoneladas detonadas sobre grandes centros urbanos podían generar consecuencias climáticas importantes. El humo podía producir una fuerte reducción de la radiación solar durante semanas y provocar temperaturas bajo cero sobre tierra durante meses, incluso durante el verano.
En escenarios de varios miles de megatoneladas, los efectos eran todavía mayores. El estudio calculó que el humo y el polvo podían extenderse por el planeta en una o dos semanas, reduciendo los niveles medios de luz a unos pocos puntos porcentuales de los habituales. En determinadas regiones, las temperaturas terrestres podían caer hasta entre 15 y 25 grados Celsius bajo cero.
El estudio también analizó la propagación de partículas radiactivas y señaló que las grandes diferencias de temperatura producidas por las nubes de humo y polvo podían acelerar el transporte de material desde el hemisferio norte hacia el sur.
Por qué el invierno nuclear puede durar meses
El problema climático no termina cuando se extinguen los incendios: el carbono negro presente en el humo absorbe la luz solar. Al alcanzar la estratosfera, las partículas pueden permanecer suspendidas durante largos períodos y reducir la cantidad de energía que llega a la superficie.
Además, la disminución de la luz y de las temperaturas afecta también al ciclo del agua. Una atmósfera más fría puede alterar las precipitaciones y reducir las condiciones necesarias para el crecimiento de los cultivos.
Investigaciones posteriores incorporaron modelos climáticos más avanzados y analizaron el impacto de diferentes cantidades de hollín. Un estudio publicado en Nature Food calculó que incluso una inyección relativamente pequeña de hollín en la estratosfera podría generar una fuerte reducción de la producción agrícola mundial. En un escenario de 5 teragramos de hollín, el modelo estimó una caída de la producción de calorías procedentes de los cultivos y graves problemas de abastecimiento.
Hay peores escenarios en los que los efectos sobre la alimentación se vuelven mucho más graves. El mismo trabajo estimó que una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia podría provocar una reducción de la producción mundial de alimentos de tal magnitud que más de 5000 millones de personas podrían morir de hambre bajo las condiciones analizadas.
Las primeras horas pueden dejar decenas de millones de víctimas
La destrucción directa se produciría mucho antes de que aparecieran los efectos climáticos. El programa de Ciencia y Seguridad Global de la Universidad de Princeton desarrolló una simulación de una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia que comienza con un conflicto convencional en Europa y escala progresivamente hasta un intercambio estratégico.
El modelo estima que más de 90 millones de personas morirían o resultarían heridas durante las primeras horas del conflicto. La cifra incluye las víctimas de las detonaciones en las distintas etapas de la escalada. Arms Control Association también publicó la simulación y su metodología.
A esas víctimas se sumarían posteriormente los efectos de la destrucción de los hospitales y otros servicios esenciales, la exposición a la radiación y el desplazamiento de millones de personas.
El frío y la falta de alimentos llegarían después
Los efectos climáticos se desarrollarían progresivamente. El humo y el hollín ascenderían a la atmósfera y comenzarían a extenderse mientras las consecuencias directas de las explosiones todavía estarían afectando a las zonas atacadas.
Un estudio publicado en abril de 2026 analizó un escenario de conflicto nuclear en Europa del Este y simuló la inyección de 5 teragramos de carbono negro en la estratosfera. El modelo encontró un enfriamiento importante en el hemisferio norte, alteraciones de las precipitaciones y una recuperación climática que podría extenderse durante varios años.
La investigación también siguió el recorrido de material radiactivo en la atmósfera y su posterior deposición sobre distintas regiones. El resultado es una cadena de efectos que comienza con las explosiones y los incendios y continúa mucho después: destrucción inmediata, radiación, humo en la atmósfera, oscurecimiento, descenso de las temperaturas, alteración de las lluvias y una caída de la producción de alimentos.
Los 72 minutos del escenario de Jacobsen muestran la velocidad con la que puede desarrollarse la primera fase de una guerra nuclear. Los estudios sobre el invierno nuclear muestran lo que puede venir después, cuando el humo de las ciudades en llamas deja de ser solamente una consecuencia de las explosiones y empieza a modificar las condiciones del planeta.