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Durante el aterrizaje del rover Perseverance en Marte, la NASA hizo que soltara varias piezas de hardware que ya no necesitaba y que le servían como lastre. A partir de este evento fue que, sin buscarlo, la agencia espacial creó marcas accidentales que se convirtieron en un experimento científico inesperado.

Un estudio publicado en Geophysical Research Letters ha analizado los impactos provocados por piezas de la misión Mars 2020, lanzada en febrero de 2021, para estudiar cómo responde el terreno marciano cuando recibe el golpe de objetos.

El aterrizaje del rover Perseverance en 2021 generó cráteres fundamentales para entender la densidad de la superficie de Marte.Wikimedia

¿Cómo se generaron los nuevos cráteres en Marte?

Los agujeros se formaron cuando la nave todavía se encontraba a unos 1300 km sobre Marte y liberó dos dispositivos de lastre de tungsteno de 77 kg utilizados para estabilizar el vehículo durante el viaje.

También terminaron precipitándose fragmentos de la etapa de crucero, que pesaban cerca de 540 kg. Todo ese material alcanzó la superficie a aproximadamente 4,7 kilómetros por segundo y dejó cinco cicatrices cerca del cráter Jezero.

Los nuevos cráteres fueron fácilmente identificables por las cámaras del Mars Reconnaissance Orbiter, ya que no aparecían en las imágenes que estas habían tomado antes del aterrizaje. Los nuevos registros se convirtieron en el objeto de estudio.

La ventaja de estos impactos frente a los producidos por meteoritos naturales es que la NASA conoce las características físicas de sus propios componentes.

Las locaciones de los fragmentos estudiados para analizar los impactos sobre la superficie de Marte.American Geophysical Union (AGU)

¿Qué descubrieron a partir del aterrizaje del rover Perseverance en Marte?

A partir del descubrimiento clave de estos nuevos impactos, los científicos pudieron combinar las dimensiones de los cráteres, la distribución del material expulsado y simulaciones tridimensionales de física de impactos.

El resultado más llamativo apareció al comparar los cráteres reales con las predicciones de los modelos utilizados habitualmente. El terreno resultó ser mucho menos resistente de lo esperado.

Así, pudieron calcular que el material de la superficie reaccionó con una cohesión de unos 7 kilopascales. Esto se corresponde con un material arenoso que se desmenuza con los dedos.

Esa estimación también coincide con observaciones realizadas anteriormente durante los problemas de excavación de la sonda térmica de la misión InSight.

La conclusión de los investigadores sobre el terreno de Marte

Los autores consideran que el estudio fue de gran utilidad ya que, al entender mejor cómo se relaciona el cráter con el meteoroide, creen que en unos años será más fácil intuir las características de futuros impactos y los cráteres que generen.

Adicionalmente, el peso estimado del material de la superficie calculado a partir de estos nuevos impactos sugiere que algunos de los cálculos hechos hasta ahora en materia de meteoroides y cráteres podrían estar mal.

No obstante, un meteoroide rocoso no tiene por qué generar los mismos efectos que una pieza artificial de tungsteno, por lo que, antes de dar por hecho que todo está mal, habría que recalibrar los modelos.

Los cinco agujeros creados involuntariamente por la misión Mars 2020 muestran así que incluso los restos de una nave pueden convertirse en herramientas para estudiar la resistencia mecánica del suelo marciano y mejorar los modelos utilizados en futuras misiones.