Francisco de Quevedo, uno de los grandes nombres del Siglo de Oro, dejó asociada a su figura una de las definiciones de amistad más citadas de la literatura española: “El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen”.
La comparación explica que la verdadera amistad no debería aparecer solo cuando todo marcha bien, sino hacerse visible especialmente cuando llega un momento difícil.
Ante una herida, la sangre acude de inmediato, sin esperar una llamada ni una explicación. El amigo, según Quevedo, debería comportarse igual.
Qué significa la comparación de la amistad con la sangre
El valor de la frase está en que define la amistad por la reacción ante una necesidad. Según la visión de Quevedo, no basta con compartir buenos momentos, sino que la prueba llega cuando aparece la dificultad. Ya sea una enfermedad, una tristeza, un problema económico o una pérdida.
En otra de sus sentencias sobre el tema, el escritor remata la misma idea: “El amigo interesado mira a su amor propio; el verdadero, solo al bien del amigo”.
Ambas ideas aparecen compiladas en “Sentencias”, una obra registrada por la Biblioteca Nacional de España entre los textos de Francisco de Quevedo. Bajo ese título se agruparon escritos de carácter moral del autor.
¿Quién fue Francisco de Quevedo?
Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid en 1580 y falleció en Villanueva de los Infantes en 1645. Fue uno de los grandes escritores del Siglo de Oro, reconocido por su aguda sátira y por su capacidad filosófica y conceptual. Aunque destacó sobre todo como poeta, también cultivó la narrativa y la prosa de ideas.
Formado en el Colegio Imperial de los jesuitas y en las universidades de Alcalá y Valladolid, se convirtió en uno de los escritores más respetados de su época, célebre por su ingenio corrosivo y por su rivalidad con Luis de Góngora.