

Noruega ha comenzado a formalizar un escenario que, durante décadas, ha permanecido implícito. Ante el deterioro de la seguridad, el Estado podría recurrir a recursos privados para fortalecer la defensa nacional. A lo largo de 2025, aproximadamente miles de ciudadanos han recibido un aviso oficial de lo que las autoridades denominan “requisición preparatoria”.

El comunicado, enviado a propietarios de inmuebles, embarcaciones o maquinaria, informa que ciertos bienes podrían estar a disposición de las Fuerzas Armadas noruegas (Forsvaret) en caso de que se declare un conflicto. En 2026, el Gobierno anticipa enviar unas 13.500 notificaciones adicionales, conforme a la información recopilada por EFE de fuentes oficiales noruegas.
Las autoridades subrayan que, en tiempos de paz, estas comunicaciones no alteran la vida diaria ni suponen una intervención inmediata. No obstante, el impacto social ha sido notable. “Nuestra sociedad debe estar preparada para enfrentar crisis de seguridad y, en el peor de los casos, una guerra”, declaró el jefe de la Organización Logística de las Fuerzas Armadas (FLO), el general de división Andres Jernberg, en declaraciones recogidas por EFE.
Qué es la requisición preparatoria en Noruega
El Forsvaret subraya que no se trata de una incautación inmediata. La ley permite requisar lo necesario “en guerra o cuando la guerra amenaza”, un concepto amplio que incluye vehículos, embarcaciones, edificios, instalaciones industriales y determinados servicios de producción o trabajo.
La requisición de bienes en Noruega se articula como un preaviso administrativo. El Estado identifica recursos civiles que podrían necesitarse con urgencia y notifica a sus propietarios que, si se activa el marco legal, esos bienes podrían ser entregados de forma temporal.
El reglamento prevé incluso que estas medidas puedan aplicarse en paz para acciones de preparación, como grandes ejercicios militares, siempre con el consentimiento del Ministerio de Defensa en cada caso.

Franja fronteriza con Rusia y el papel estratégico de Noruega
El contexto geopolítico ilustra la necesidad de fortalecer estos mecanismos. Noruega comparte una frontera terrestre de aproximadamente 196 kilómetros con Rusia y lleva a cabo una vigilancia continua sobre las aguas del norte y el Ártico, áreas de considerable importancia estratégica.
Desde Oslo, el primer ministro ha caracterizado a Noruega como los “ojos y oídos” de la OTAN en el norte, una descripción que encapsula el papel protagónico que ocupa el país en la estructura defensiva de la Alianza Atlántica.
Las autoridades noruegas alertan: los riesgos van más allá de una invasión; crecen los sabotajes, las interferencias y los ataques a infraestructuras críticas en plena guerra de Ucrania.
El plan incluye la revisión y ejecución de ejercicios de emergencia en los cuales participen administraciones, empresas y ciudadanos. La lógica es clara: integrar recursos civiles y militares en un único sistema de respuesta.
Las cartas de requisición preparatoria son, en este sentido, el primer paso visible de una estrategia que busca anticiparse al peor de los escenarios sin activar todavía medidas excepcionales.
En este marco, Noruega impulsa el modelo de “defensa total”. El Gobierno ha encargado a Protección Civil y a las Fuerzas Armadas que 2026 sea el “Año de la Defensa Total”, con el objetivo de reforzar la capacidad del país para prevenir y gestionar crisis de seguridad y guerra.











