El 24 de junio de 1982, el vuelo 009 de British Airways vivió uno de los momentos más críticos de la aviación comercial. A bordo de un Boeing 747 “City of Edinburgh”, con 263 personas, el comandante Eric Moody se enfrentó a un fallo total de los cuatro motores mientras el avión cruzaba el Océano Índico sobre Indonesia.
La aeronave había despegado con rumbo a Perth, Australia, tras hacer escala en Kuala Lumpur, Malasia. En plena noche y a unos 37.000 pies de altura, los pilotos vieron un extraño resplandor eléctrico alrededor del fuselaje, un fenómeno conocido como fuego de San Telmo, que anticipaba algo insólito.
Un fallo sin precedentes en pleno vuelo
El Boeing 747 se encontró con una densa nube de ceniza volcánica invisible para los radares meteorológicos. Esta ceniza provenía de la erupción del Monte Galunggung, en Java. Al ser aspirada por los motores, la ceniza fundida bloqueó las cámaras de combustión de los propulsores, provocando que uno tras otro se detuvieran.
En cuestión de segundos, los cuatro motores se apagaron. La aeronave, un gigante de casi 300 toneladas, se transformó en un planeador. Ante ese escenario, con la pérdida total de potencia, el capitán Moody se dirigió por megafonía a los pasajeros con una frase que pasaría a la historia: “Damas y caballeros, les habla su capitán. Tenemos un pequeño problema, los cuatro motores se han detenido”.
A bordo, las máscaras de oxígeno cayeron y muchos empezaron a temer lo peor. Sin embargo, Moody y su tripulación, con procedimientos de emergencia y temple, descendieron a una altitud inferior para intentar reactivar los motores.
¿Cómo pudieron volver a encenderse los motores?
Mientras el avión descendía, uno de los motores se reinició cuando la aeronave salió de la nube de ceniza volcánica. Este reinicio permitió reducir la velocidad de descenso y, poco después, los otros tres motores también volvieron a funcionar.
Gracias a esta inesperada recuperación, el capitán Moody pudo dirigir el avión hacia el Aeropuerto Halim Perdanakusuma en Yakarta. El aterrizaje fue complejo: las ventanas estaban tan dañadas por la ceniza que la visibilidad era mínima, obligando a los pilotos a confiar casi por completo en los instrumentos. A pesar de ello, el vuelo tocó tierra sin ningún fallecimiento ni heridos graves.
Este incidente demostró la combinación entre habilidad profesional, entrenamiento y calma bajo presión, y se enseña en escuelas de aviación como ejemplo de gestión de crisis en cabina.
¿Por qué sigue siendo famoso el anuncio del capitán?
La frase de Eric Moody ha trascendido en la cultura aeronáutica por su moderación y profesionalidad frente a un fallo catastrófico. Era inusual que un piloto transmitiera un problema tan grave con tan poca dramatización, pero muchos expertos valoran esa forma de comunicar la emergencia como clave para mantener la calma de los pasajeros.
Aunque los fallos de uno o dos motores no son raros en vuelos comerciales —los aviones están diseñados para continuar volando con motores inoperativos—, perder los cuatro motores a la vez es extremadamente inusual y peligroso.
Posteriormente, el Suceso del Vuelo 009 llevó a cambios en la forma en que las aerolíneas y los controladores monitorean las cenizas volcánicas y a reforzar la formación de tripulaciones para emergencias complejas.
El legado de Eric Moody y sus efectos en la aviación
Eric Moody continuó volando tras este suceso hasta su jubilación en 1996, después de más de 17 000 horas de vuelo con British Airways. Su actuación fue reconocida con distinciones como la Queen’s Commendation for Valuable Service in the Air, un honor otorgado por su liderazgo en aquel vuelo crítico.
La experiencia del Vuelo 009 también impulsó una mayor atención a los peligros de las nubes de ceniza volcánica, que pueden ser invisibles al radar y devastar motores modernos. Desde entonces, se han establecido sistemas globales de alerta y rutas alternativas para evitar estas zonas de riesgo.
A día de hoy, la historia de Moody y su famosa frase se recuerda no solo por el dramatismo del momento, sino por cómo un capitán supo transmitir calma y control en una situación extrema.