

El cierre de supermercados suele leerse, en primera instancia, como una señal de crisis. Sin embargo, en el sector del retail alimentario, estas decisiones suelen responder a procesos más amplios, ligados a la transformación del consumo y a la necesidad de ajustar estructuras que ya no resultan eficientes.
Eso es lo que ocurre con Alcampo, la cadena de supermercados del grupo francés Auchan, que en 2025 avanzó con el cierre de más de 15 establecimientos en España. Lejos de tratarse de una medida aislada, el movimiento revela un cambio estratégico de fondo en la forma de operar de la compañía.

Una red de tiendas diseñada para otro momento del consumo
Durante años, Alcampo desarrolló su crecimiento sobre la base de grandes superficies y una fuerte presencia física en distintas comunidades autónomas. Ese modelo fue exitoso mientras el volumen de clientes y el ticket medio justificaban estructuras amplias y costes fijos elevados.
El problema apareció cuando los hábitos de compra cambiaron. El auge del comercio electrónico, la preferencia por tiendas de proximidad, la compra más frecuente pero de menor volumen y la competencia de cadenas más ágiles redujeron la rentabilidad de parte de esa red. En ese contexto, mantener todos los locales abiertos dejó de ser sostenible.
La empresa reconoció que el ajuste responde a causas organizativas, productivas y económicas, una fórmula habitual en este tipo de procesos, pero que en este caso apunta a un diagnóstico concreto: algunos supermercados ya no encajan en el nuevo patrón de consumo.
Costes, eficiencia y presión sobre los márgenes
Otro de los factores clave detrás del cierre de tiendas es la presión creciente sobre los márgenes. El aumento de los costes energéticos, logísticos y laborales, sumado a un consumidor más sensible al precio, ha estrechado el espacio de rentabilidad para las grandes cadenas.
En ese escenario, Alcampo optó por concentrar recursos en los establecimientos más eficientes y reducir aquellos que presentan menores niveles de facturación o requieren inversiones difíciles de justificar. La compañía operaba hasta ahora 526 tiendas en España, con una plantilla de más de 23.000 empleados, una estructura que exige ajustes continuos para mantenerse competitiva.
El cierre de 16 supermercados vino acompañado de un proceso de negociación laboral que afectó inicialmente a 196 trabajadores, con opciones de recolocación parcial y un sistema de indemnizaciones conforme a la normativa vigente.
Menos tiendas, pero un modelo más flexible
El repliegue de Alcampo no implica una retirada del mercado español, sino una redefinición de su presencia. La cadena apuesta por formatos más pequeños, mejor adaptados a entornos urbanos, y por una mayor integración entre tienda física y canal online.
En esa línea, la empresa también acordó con los sindicatos la transformación de algunos supermercados al formato 7d7, con apertura los siete días de la semana, una medida orientada a mejorar la productividad y sostener parte del empleo. Este tipo de ajustes refleja una estrategia centrada en flexibilidad operativa más que en expansión tradicional.
El objetivo es claro: reducir estructuras heredadas del pasado y construir un modelo más liviano, capaz de responder con rapidez a un mercado fragmentado y altamente competitivo.

Una tendencia que va más allá de Alcampo
El caso de Alcampo no es excepcional. El cierre selectivo de tiendas se repite en otras grandes cadenas del sector, tanto en alimentación como en distribución generalista. La clave ya no está en cuántos locales se tienen, sino en dónde están, cómo operan y qué experiencia ofrecen.
En ese sentido, el verdadero motivo detrás del cierre de más de 15 tiendas en 2025 no es una crisis puntual, sino la adaptación a un nuevo equilibrio del retail, donde la eficiencia, la proximidad y la omnicanalidad pesan más que la expansión territorial.














