Las aves marinas también sufren un desfase horario, el conocido ‘jet lag’, durante sus largos viajes, lo que en ocasiones las lleva a cometer errores de navegación y a desviarse de su rumbo mientras se guían por el Sol.
Así lo ha comprobado un equipo internacional coordinado por científicos de la Universidad de Oxford (Reino Unido), que ha analizado los datos de veinte años de seguimiento por GPS de más de 1000 pardelas, que en conjunto realizaron casi 7000 viajes en busca de alimento.
El estudio muestra que, cuando estas aves se desplazan rápidamente hacia el este o el oeste, su reloj biológico se desincroniza de la hora solar local, lo que provoca desvíos previsibles en su trayectoria.
Cómo se orientan las aves gracias al Sol
Para mantener el rumbo, los animales migratorios recurren a distintas señales que funcionan como una brújula, entre ellas el campo magnético terrestre, las estrellas y el Sol. En este último caso, para que la referencia sea fiable, necesitan compensar el movimiento del astro en el cielo a lo largo del día, algo que logran gracias a un reloj biológico interno calibrado principalmente por el ciclo de luz y oscuridad.
El problema, según retoma la agencia EFE, aparece cuando los animales cruzan meridianos con rapidez, como ocurre en los vuelos hacia el este o el oeste.
En esos casos, su reloj interno deja de coincidir con la hora solar local y la brújula solar empieza a fallar de forma predecible: un viaje hacia el este tiende a desviar al ave en el sentido de las agujas del reloj respecto a la dirección prevista, mientras que uno hacia el oeste lo hace en sentido contrario.
Las pardelas, viajeras de largas distancias
Para comprobar este fenómeno, los investigadores estudiaron a la pardela cenicienta, un ave que se reproduce en islas frente a las costas occidentales del Reino Unido e Irlanda. Estas aves recorren con frecuencia cientos de kilómetros mar adentro en busca de comida y, en ocasiones, llegan a zonas de alimentación situadas a unos 1000 kilómetros al oeste de sus colonias de cría.
Es al regresar a sus nidos cuando se produce el desfase. En su viaje de vuelta, las pardelas pueden avanzar rápidamente hacia el este y llegar a lugares donde el Sol salió antes, de forma similar a lo que les ocurre a las personas cuando vuelan hacia zonas horarias más tempranas. Como resultado, su reloj biológico puede ir hasta una hora por detrás de la hora solar local.
Las aves confían en el Sol aunque vean la costa
Uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio es que estos errores de navegación persistían incluso cuando las aves volaban junto a costas visibles, donde podían orientarse por referencias en tierra. Cuando el error de la brújula apuntaba hacia el litoral, las pardelas tendían a acercarse a la costa, y cuando apuntaba en dirección contraria, se alejaban mar adentro.
Esto indica que las aves siguieron confiando en su brújula solar aun cuando tenían otras señales disponibles, en lugar de limitarse a seguir la línea de la costa.
Aunque las desviaciones son pequeñas y las pardelas logran corregirlas, los investigadores señalan que el hallazgo abre nuevos interrogantes sobre los efectos más amplios de este desfase horario en la salud y el comportamiento migratorio de las aves.